RECICLAR NO ALCANZA

SOCIEDAD

Por qué el plástico sigue siendo un problema global



Por José María González 

Menos del 10% de los plásticos que se producen en el mundo logran reciclarse de manera efectiva. El proceso, en apariencia simple, implica recolectar el material usado, clasificarlo, limpiarlo y transformarlo en gránulos que luego se emplean para fabricar nuevos productos.

Sin embargo, según pudo saber Tribuna de Periodistas, detrás de esta cadena hay una serie de obstáculos técnicos, económicos y ambientales que limitan su eficacia.

El límite físico del reciclaje de plásticos

A diferencia del vidrio, que puede reciclarse de manera indefinida sin perder calidad, el plástico se degrada cada vez que pasa por el proceso. Con el material reciclado solo es posible fabricar productos de menor calidad en un fenómeno conocido como downcycling o “desreciclaje”. Después de dos o tres ciclos, el plástico pierde sus propiedades y se vuelve inutilizable.

El problema se agrava porque no existe un único tipo de plástico, sino miles de variantes con composiciones químicas distintas. “Es extremadamente difícil producir un material reciclado que pueda utilizarse universalmente”, explica Fabienne Lagarde, profesora e investigadora de la Universidad de Le Mans, a agencia RFI.

Muchos plásticos incluyen aditivos que mejoran su resistencia, flexibilidad o color, pero esos mismos aditivos impiden que el material pueda reutilizarse en sectores sensibles, como la medicina o la industria alimentaria, donde se exige un control estricto de la composición.

El factor económico: reciclar cuesta más que producir

El reciclaje no solo enfrenta barreras técnicas, sino también económicas. Fabricar plásticos nuevos a partir de derivados del petróleo sigue siendo más barato que reciclar los ya existentes. Esto provoca una paradoja: el plástico reciclado no reemplaza al plástico virgen, sino que se suma a él.

“Si analizamos las curvas de producción, tanto la de materiales vírgenes como la de reciclados, ambas van en aumento”, advierte Flore Berlingen, exdirectora de la ONG Zero Waste France y autora del libro Recyclage: le grand enfumage (“Reciclaje: el gran engaño”).

Microplásticos: el enemigo invisible

Incluso si el reciclaje funcionara a gran escala, no resolvería uno de los problemas más graves: la contaminación por micro y nanoplásticos. Estas partículas microscópicas ya se encuentran en el agua, en los suelos, en el aire e incluso en el cuerpo humano, incluyendo el cerebro.

“El reciclaje nunca será la única solución”, subraya Lagarde. “Pero para los plásticos que seguirán siendo indispensables, es importante diseñarlos desde el inicio para que sean reciclables”.

Reducir, más que reciclar

El consenso científico es claro: la única forma de frenar la crisis global del plástico es reducir drásticamente su producción y uso. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), si no se toman medidas contundentes, la cantidad de residuos plásticos podría casi triplicarse para 2060, pasando de 353 millones de toneladas en 2019 a más de 1.000 millones.

En este escenario, los expertos proponen estrategias complementarias: eliminar los plásticos de un solo uso, promover materiales alternativos biodegradables, ampliar los sistemas de reutilización y apostar por políticas internacionales que regulen la producción.

El mensaje de fondo es contundente: reciclar ayuda, pero no basta. El desafío exige repensar nuestra relación con el plástico desde su origen, antes de que llegue a nuestras manos y, finalmente, a nuestros océanos.

Tribuna de Periodistas




Comentarios