OPINIÓN Destruir también es una forma de ignorancia Por Carlos Mira La increíble fascinación argentina por Francia nos dejó la Avenida Alvear, los palacetes afrancesados y cierta elegancia arquitectónica que todavía sobrevive como testimonio de una época en la que el país aspiraba a parecerse a las grandes capitales del mundo. Pero aquella admiración importó también otra herencia, bastante menos distinguida: el deslumbramiento por la revolución como gesto de ruptura y por la idea de que cambiar las cosas consiste en arrasar jacobinamente con todo lo que existía antes. Es una versión degradada de la tradición revolucionaria francesa: un revolucionismo idiota que confunde la transformación con el vandalismo, la protesta con la devastación y la rebeldía con la capacidad de destruir aquello que pertenece a todos. No hace falta tener una idea de futuro para ejercerlo. Alcanza con una piedra, un aerosol y la convicción de que dejar una marca sobre el espacio público equivale a cambiar el m...
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