OPINIÓN
Los Beatles dejan de cantar lo que se espera y empiezan a cantar lo que les pasa

Por Marcelo Ortega
Y ahí aparece este personaje extraño, incómodo, demasiado parecido a nosotros como para gustarnos del todo. No tiene punto de vista. No es que esté equivocado. Es peor: no está parado en ningún lado.
Se recomienda leer esta nota escuchando el tema de referencia: "Nowhere man" (en "Rubber Soul" de The Beatles, 1965).
En 1965, mientras el mundo todavía creía que el futuro iba a ser mejor solo por el paso del tiempo, John Lennon escribió Nowhere man (Hombre de ningún lugar). Una canción que no era de amor, ni de protesta, ni de viaje psicodélico. Era el retrato de un tipo sin rumbo. Sin punto de vista. Sin lugar.
Alguien sentado en tierra de nadie, haciendo planes para nadie. Lo notable es que Lennon se estaba describiendo. Se miraba al espejo. Y de paso, nos estaba sacando una foto adelantada sesenta años.
Cuando el pop empezó a pensar
Rubber Soul , el LP que contiene este temazo, es el momento en que la música popular decide que puede pensar sin dejar de sonar en la radio. Como cuando Picasso se cansa de pintar bien y decide pintar mejor.
Los Beatles dejan de cantar lo que se espera y empiezan a cantar lo que les pasa. Y ahí aparece este personaje extraño, incómodo, demasiado parecido a nosotros como para gustarnos del todo.
“Doesn’t have a point of view”. No tiene punto de vista.
No es que esté equivocado. Es peor: no está parado en ningún lado.
Clima de época
El Nowhere man es un clima. Hoy somos expertos en opinar de todo sin sostener nada.
Consumimos causas, ideas, indignaciones y verdades provisorias como quien hace zapping.
Vemos solo lo que queremos ver.
Escuchamos solo lo que confirma lo que ya creemos.
Y mientras tanto, el mundo —ese que Lennon dice que está a nuestro mando— funciona solo, sin nosotros, o peor: con nosotros mirando de costado y para otro lado.
Algoritmos amables
“Es tan ciego como puede serlo, sólo ve lo que quiere ver” dice textual la canción y no podría describir mejor esta época de los algoritmos y la personalización extrema.
No estamos desinformados: estamos sobre informados y mal orientados. El Nowhere Man moderno no está perdido en medio desierto, está cómodo en su feed. No le falta información.
Le falta incomodidad.
El mundo en el control remoto
Lennon es cruel y compasivo a la vez.
Le dice al muchacho sin rumbo que el mundo está a su mando.
Porque tener el mundo en la mano sin saber a dónde ir no es poder. Es vértigo. Esta canción invita a escuchar y esa
escucha es lo contrario de scrollear.
Hay obras a las que uno vuelve cuando algo no cierra.
Volver a Borges para entender el tiempo, volver a Picasso para entender la forma y volver a Los Beatles para entender cómo llegamos hasta acá sin darnos cuenta. Sin el ánimo de copiarlos, si para recordar que alguna vez el arte popular se animó a hacer preguntas incómodas en tan solo dos minutos y cuarenta y tres segundos.
Ningún plan
Somos un poco Nowhere man.
Haciendo planes que no conducen a ningún lado, en territorios de nadie, cuidadosamente diseñados para que no molesten.
Lennon, hace sesenta años, ya estaba pidiendo algo simple pero muy difícil: escuchar, mirar de verdad, elegir un punto de vista y hacerse cargo.
Tal vez no se trate de encontrar el rumbo correcto.
Tal vez se trate, primero, de admitir que estamos perdidos.
Y volver a escuchar Nowhere man como un mapa imperfecto, pero honesto.
LOS ANDES
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