500 AÑOS DE SOLEDAD

EDITORIAL

Cinco siglos después

Por Walter R. Quinteros

Álvar Núñez Cabeza de Vaca nació en Jerez de la Frontera, España en 1492, el mismo año que Cristóbal Colón pisó nuestro continente. Entre los años 1528 y 1536, caminó por el norte de México y el sur de los actuales Estados Unidos. Un poquito en improvisados botes, otro muchito a pie.  Gran parte del camino que hizo Cabeza de Vaca, o casi todo, hoy se llama la ruta Southern Express o Ruta 1-10. Imaginemos al explorador Álvar, caminar 6 años hasta llegar a México de lo que hoy es Miami. 

Pero no se queda quieto. Al volver a España pide préstamos y vuelve a nuestras tierras. En 1541, se entera que más al sur, estaba el río de la Plata y que había españoles como Domingo de Irala, que había fundado una ciudad que se llamaba Asunción, buscando la ciudad de oro. Álvar mandó a Pedro de Orantes a inspeccionar la mejor ruta para llegar a Asunción. Después Cabeza de Vaca, desembarca en lo que hoy es la isla de Santa Catarina, Florianópolis, y siguiendo las indicaciones de Orantes, llega hasta la cuenca del rio Itapocoú, un poco más al norte de lo que conocemos como Camboriú.  Álvar decidió ir por allí para llegar a Paraguay. Ese camino es lo más parecido al trazado de la ruta BR-277, desde Curitiba a Foz de Iguazú. Algo así me dicta la memoria sin consultar internet.

Pero mucho antes, en 1520, el gran relator Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó al explorador Hernando de Magallanes, en el primer viaje alrededor del mundo, escribió una crónica sobre aquella navegación. Ellos encontraron lo que hoy se llama Estrecho de Magallanes, que tiene un recorrido de 570 kilómetros, y se considera la mejor alternativa para los buques de mayor calado en el mundo. Esta ventaja competitiva sitúa a la región austral como la más viable proyección hacia la Antártida y Asia por el Pacífico. Gran parte del comercio del mundo pasa por ahí.

500 años de soledad

Quinientos años después. los argentinos vamos a poner una base cerca de la entrada del paso del comercio internacional marítimo, vamos a marcar territorio.

Quinientos años después se trabaja en el corredor bioceánico desde Porto dos Navegantes en Brasil —muy cerquita donde desembarcó Cabeza de Vaca— para llegar a Paraguay. La traza del corredor bioceánico, cuenta con esas rutas para entrar a Argentina, y de ahí, para llegar a los puertos de Perú o del norte de Chile. Para eso, los países nombrados invierten en vías férreas, mejoramiento de caminos, como la inversión de las petroleras de Vaca Muerta, que le adelantaron varios miles de dólares a la provincia de Neuquén para el mejoramiento de las rutas estratégicas, y las inversiones que llegan para abrir nuevos pasos por la cordillera, y en la infraestructura marítima también.

Pero tenemos un detalle, lo que le gusta a Juan, no le gusta a Pedro, ahora empiezan los debates geopolíticos y estratégicos en la región. Y desde Chile dicen que el Estrecho de Magallanes les pertenece a ellos.  Veamos:

El paso se encuentra dentro de la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena.

La soberanía exclusiva de Chile está fijada y ratificada por el Tratado de Límites de 1881 y el Tratado de Paz y Amistad de 1984 entre Argentina y Chile.

Ambos gobiernos consideran estos acuerdos como definitivos, y la Cancillería Argentina ha reafirmado formalmente esta postura oficial.

Pero... ¿Dónde comienza el Estrecho de Magallanes?

Según una nota publicada por Perfil, el especialista en geopolítica de transporte y consultor en logística sudamericana, Ignacio Protto, "para la Argentina, potenciar la conectividad de la boca oriental, junto al desarrollo del Canal Magdalena y los puertos fueguinos, representa la oportunidad de consolidar una plataforma logística bioceánica real, integrando a la Tierra del Fuego como un Centro de Operaciones regional clave para la logística antártica e internacional". 

Es decir que deja las disputas en segundo plano. Esto se debe, y el gobierno lo sabe, a la presentación de megaproyectos energéticos para la instalación de parques eólicos y plantas de electrólisis en la estepa austral, destinados al procesamiento de amoníaco como vector energético para su exportación hacia Europa y Asia. 

Pero... ¿De qué lado van a estar? La respuesta es: del argentino. Pero las empresas son multinacionales, agarrate Catalina cuando desde la oposición te griten ¡Vendepatria!
 
El investigador de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN), Gabriel Blanco, sostuvo que "el desarrollo del hidrógeno verde en la Patagonia no debe evaluarse solo como un polo de exportación primaria hacia Europa o Asia, sino como una oportunidad transformadora de soberanía energética sustentable".

El estrecho es tuyo, la energía es mía

En la misma nota Gabriel Blanco asegura que "si la infraestructura portuaria del Estrecho de Magallanes logra articular la generación eólica de la región con la provisión local de combustibles sintéticos para el transporte interoceánico, el Cono Sur pasará de ser un mero espectador del tránsito comercial a liderar la agenda global de transición energética limpia". ¿Se entiende?

El asesor en Políticas Energéticas y Cambio Climático, Juan Carlos Villalonga, subrayó que "el verdadero valor geopolítico del Estrecho de Magallanes radica en que funciona como el epicentro natural para la descarbonización de las rutas marítimas globales. Un solo megaproyecto de amoníaco verde en esta cuenca austral equivale en escala a décadas de inversión convencional".

Y a esto quería llegar: Juan Carlos Villalonga se refirió al conflicto diplomático y planteó que "el reto inmediato para el Cono Sur es acelerar un marco regulatorio claro que integre los esfuerzos entre Argentina y Chile, permitiendo aprovechar esta infraestructura binacional sin quedar atrapados en trabas burocráticas o conflictividad territorial". Concluyó.

Se trata de trabajar, de generar trabajo, de facilitar bienestar a los habitantes de esta región. Nada de egoísmos partidarios o nacionalistas, porque entre todos tenemos las llaves y juntos miremos esta oportunidad con entusiasmo. El mundo nos mira, es hora de facilitar el comercio entre oceános, entre continentes. Es hora de facilitar las herramientas y enseñar a usarlas. Las escuelas deben preparar a nuestra juventud sin mezquindades para enfrentar los nuevos desafíos laborales que traen las inversiones.

Y porque como supo decir Gabriel García Márquez cuando recibió su premio Nobel en 1982: "América Latina, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, ha preferido la vida".

Y vivir no es sentarnos a esperar otros quinientos años más.





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