OPINIÓN
Vienen por los glaciares. De cámaras y micrófonos. La AFA, bastión peronista

Copiar disclaimer, pegar y ahora pasemos a lo concreto: este tuit de Milei es muy gracioso. El apodo como el arte de la injuria es un recurso que puede parecer fácil, pero que no todos dominan con maestría. El propio Javo no solía destacarse especialmente en este rubro, algo que podría señalarse como un defecto dada la alta proporción de ataques, brulotes y descalificaciones varias en sus discursos desde sus tiempos de panelista pintoresco.
Con el conflicto por la licitación perdida por Techint apareció “don Chatarrín”. El cierre de Fate trajo a la agenda pública a “don Gomita Alumínica”. Finalmente, esta suerte de sincericidio convirtió a “Lengua Floja” en un personaje de la semana. En cualquier caso, el tuit de marras nos hizo fantasear con que el mismísimo Indio Solari podría estar haciendo una changa como CM presidencial.
Don Gomita y Lengua Floja transan siras de Detroit
Chatarrín compra el pliego, tubitos de licitación
Cartelizados, treinta días, sin costuras el caño brilla
Empresaurio tecno tongo factura, despertó en la claringrilla
En fin, que de la Argentina corporativa, la falta de apertura comercial y todas esas cosas serias solemos hablar los domingos. No va a faltar oportunidad de analizar si se podrá salir del fracaso de la economía cerrada, cuántos tongos se desarmarán efectivamente en el proceso y qué distancia habrá de los discursos a los hechos. Pero bueno, por ahora va este solo comentario: es un tuitazo, ni más ni menos.

Esta semana volvió la polémica por el proyecto del Gobierno para decirle chau a las prohibiciones de actividad económica en los glaciares de la cordillera. El proyecto, aprobado anoche por el Senado y que ahora deberá pasar por la Cámara de Diputados, busca reinterpretar una ley votada en 2010 durante el gobierno de CFK para “proteger a los glaciares”, limitar la explotación minera y hacer un inventario para marcar bien el contorno de los glaciares. El inventario encontró casi 17.000 glaciares.
El proyecto de ahora busca rediscutir esos contornos. Según la Cámara Argentina de Empresas Mineras, no todas las partes de la zona protegida por la ley actual representan lo mismo. Además, el Ejecutivo propone autorizar a cada provincia redefinir qué proyectos se pueden aprobar sin el OK de Nación: Milei, el federal menos pensado.
La polémica de estos días sigue el manual de los conflictos políticos ambientales: activistas buenos contra extractivistas malos, unos que lloran por el agua vs empresas que quieren llenarse los bolsillos y destruir el planeta. Ayer a la mañana fueron detenidos unos militantes de Greenpeace por saltar la valla del Congreso y colgar una bandera que decía “Senadores: no se caguen en el agua” mientras posaban para una foto sentados en inodoros. ¡Con mis glaciares no! Artistas y activistas (los nombres son los mismos de siempre) también expresaron su temor ante la aprobación de la ley. Siempre queda lindo posar de ecologista, porque para ellos no tiene costo. El costo es no aprovechar los recursos que nos tocaron. Seguro hay una manera de hacer las dos cosas: sacarnos selfies en el Perito Moreno y aprovechar los dolaritos y el empleo que van a generar las mineras.

Ayer tuvimos también war flashbacks de cuando Macri manoteó el micrófono de C5N y todos los periodistas salieron a flashear dictadura. Fue un poco más grave, es cierto: un policía empujó a un camarógrafo de A24, Facundo Tedeschini, que se cayó al suelo y luego fue demorado durante un rato hasta que el juez Marcelo Martínez de Giorgi dispuso su liberación. La PFA inició un sumario administrativo para evaluar la responsabilidad de los policías en el conflicto.
A Tedeschini se lo vio con la cara ensangrentada, aunque las imágenes no muestran más que el empujón y su caída al suelo (se habló de patadas y golpes que realmente en las imágenes no se ven). En los momentos previos, se lo ve forcejeando con un policía, poniéndole la cámara a centímetros de la cara.
La investigación tanto de la PFA como del juzgado de Martínez de Giorgi dirá si los policías se excedieron o no, pero la sobreactuación generalizada, aun si se comprobara que hubo un empujón de más, ya no la compramos. Mientras se lo llevaban detenido, Tedeschini gritaba “¡soy Facundo Tedeschini!”, como si lo estuviera chupando un grupo de tareas. Luis Novaresio, periodista de A24, le preguntó por WhatsApp a la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva, que se encontraba en Chile, si “respalda esta agresión brutal a un camarógrafo y a un periodista”. Monteoliva le contestó: “Todo lo que haya para corregir, sancionar o mejorar, soy la primera interesada en hacerlo. Como también es cierto que los agentes son hostigados siempre. No sé en este caso”. Nada especial. Básicamente: “no sé qué pasó, vamos a investigar”. Y Novaresio empezó a patalear y a pedir su renuncia.
A los periodistas que entrevistaron a Patricia Bullrich tampoco les importó demasiado lo que ella tenía para decir. A pesar de que dijo que se había abierto un sumario administrativo para evaluar la conducta del policía, igual pusieron el piloto automático y se quejaron como si hubiera dicho otra cosa. “Un camarógrafo de A24 intentó entrar (al Congreso) para filmar esas imágenes”, empezó a decir y una periodista la interrumpió: “Estaba en la vereda trabajando”. “No intentó entrar, lo golpearon brutalmente y está filmado”, dijo otro. “Les estoy diciendo que si se abre un sumario a un miembro de la Policía Federal es porque el accionar no ha sido el accionar que la policía debe realizar”, insistió Bullrich.
¿Qué más quieren?

Una de las comedias tristes de estos días es la resistencia de la AFA contra los embates político-legales del gobierno. Paranoico como todo argentino de bien, el Chiqui Tapia cree que cuando le piden los balances en realidad lo quieren cagar. Y es posible que tenga razón, pero con tanta desprolijidad expuesta (las mansiones, los Maseratis, las transferencias) sus argumentos son cada vez más flojos.
Para empezar, los hinchas ya no se los creen. Podridos de los arbitrajes turbios y del formato ridículo de los torneos, entonan las estrofas del glorioso “Chiqui Tapia botón” ante la menor provocación. Esta semana ocurrió en las canchas de San Lorenzo y Newell’s, donde los jugadores salieron al campo con unas remeras increíblemente secanucas y desde las tribunas bajó el cántico furioso. El Chiqui se defiende como un político del conurbano: “El fútbol es del pueblo, y el pueblo no es vende”, dice. Pero el pueblo del fútbol (platea y popular, la lucha es una sola) parece estar pidiendo otra cosa.
Mientras tanto, se acerca el insólito lock out patronal: si nada cambia, la fecha programada para la semana que viene quedará suspendida, en protesta contra la ofensiva del gobierno contra la AFA. Nunca se había visto algo así. Tapia exagera el trasfondo de las SAD (sociedades anónimas deportivas), que existe pero no debe ser a esta altura la motivación central del gobierno, que ve en la AFA un nodo de resistencia de modales, estética y corporativismo peronista. Y que se defiende como peronistas, agitando el fantasma del “neoliberalismo” y la entrega de un supuesto patrimonio nacional como excusa para proteger a un grupo de dirigentes a esta altura completamente divorciados del sentir popular. Pará pará pará: ¿de quién estamos hablando, del PJ o de la AFA? Ya no sabemos.
Revista Seúl
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