EL LEGADO SIRIO-LIBANÉS EN CRUZ DEL EJE

CULTURA / OPINIÓN

Cuando llegaron los primeros pioneros, estaban registrados de forma genérica como "turcos" porque viajaban con pasaporte del Imperio Otomano

Por Redacción Cruz del Eje 

La inmigración árabe, principalmente sirio-libanesa, transformó profundamente al noroeste cordobés a partir de fines del siglo XIX. Estos inmigrantes impulsaron la economía local a través del comercio, articularon las incipientes redes de transporte y fundaron instituciones sociales clave que hasta el día de hoy integran la identidad regional.

Así lo manifiestan diversos sitios consultados en internet, entre ellos Argentina.gob.ar - Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC -Los árabes en Córdoba 1890-1930: un estudio de su integración. Por: Flores, María Alejandra -y Diario Sirio Libanés.

La expansión del Ferrocarril Central Norte Argentino en la zona fue un imán para estos pioneros. En ciudades como Deán Funes y Cruz del Eje, se asentaron importantes familias sirio-libanesas que vieron una oportunidad de oro en los nudos ferroviarios, instalando negocios que prosperaron al ritmo del tren. La llegada de la colectividad árabe al noroeste de Córdoba ocurrió principalmente entre 1880 y 1920: Coincide con la llegada del ferrocarril a Deán Funes y Cruz del Eje. Desde 1900 - 1914 se produce el flujo masivo de mayor intensidad migratoria. Escapaban de las crisis económicas y las tensiones políticas y religiosas en la región de la Gran Siria, actuales Siria y Líbano. Y ya desde 1918 - 1920, en la etapa de posguerra: donde se reactivó el ingreso de familiares tras el fin de la Primera Guerra Mundial, consolidando los comercios y las conexiones sociales ya existentes en la región.

Las primeras familias que se asentaron en Cruz del Eje y Deán Funes, compartieron dinámicas muy claras, eran de origen predominantemente sirio-libanesas, sufrieron la hispanización de sus apellidos, ya que al ingresar al país por el Puerto de Buenos Aires, los empleados de migraciones solían anotar los apellidos por fonética o traducirlos de manera directa. Así, nombres propios de los padres pasaron a ser apellidos. Alí, Mansur o Manzur, Juri, Elías, Fares, Safe, Abraham, Musa, Asís, Saieg, Chamás, Kairuz, Asaf, y Bitar, por ejemplo. También supieron reinsertarse rápidamente tanto en economía como en la política local. Aunque muchos llegaron solteros y luego trajeron a sus familias mediante las llamadas migración en cadena, los apellidos se multiplicaron con rapidez en los departamentos de Ischilín, Cruz del Eje, San Alberto y San Javier.

Las primeras familias operaban bajo un esquema de división familiar. Mientras el jefe de hogar recorría a caballo o en sulky los parajes rurales del noroeste vendiendo telas, hilos y mercadería, llamado el "mercachifle", las mujeres y los hijos mayores cuidaban un pequeño depósito base en el pueblo ferroviario. Una vez acumulado un pequeño capital, estas familias abrieron los comercios más importantes de la zona. Se transformaron en proveedores clave tanto para la clase trabajadora del ferrocarril como para los estancieros locales. Los primeros comercios de los inmigrantes árabes en el noroeste cordobés nacieron como tiendas de ramos generales y tiendas textiles concentradas alrededor de las estaciones de tren. Su fuerte inicial fue la venta de telas por metro, hilos, mercería, ropa de trabajo y calzado para los obreros ferroviarios y peones rurales. Introdujeron la "libreta" o fiado, ganando la confianza de los pobladores rurales al financiar sus compras hasta la época de la cosecha o el cobro del sueldo.

Para mantener vivas sus costumbres y brindar asistencia mutua, los descendientes se organizaron rápidamente. Instituciones como la Asociación Sirio Libanesa en Villa Dolores u otras sociedades en ciudades vecinas funcionaron no solo como espacios de encuentro, sino también como mutuales de crédito y salud, facilitando la integración de los recién llegados con las poblaciones criollas locales.

A diferencia de otras colectividades muy cerradas, las familias sirio-libanesas (muchas de ellas cristianas ortodoxas o maronitas, y en menor medida musulmanas) se mezclaron rápidamente con la población criolla tradicional a través del matrimonio. En pocos años, los miembros de estas familias pasaron de ser extranjeros a ocupar cargos destacados en comisiones escolares, clubes deportivos, comisiones de fomento e incluso en las intendencias locales y bancas legislativas de los departamentos del norte y oeste de Córdoba.

El impacto también dejó una huella indeleble en las costumbres culinarias del noroeste de Córdoba. La cocina sirio-libanesa se fusionó con la dieta criolla, haciendo habitual el consumo de preparaciones como empanadas árabes, el kippe, las hojas de parra y el pan árabe, platos que hoy en día forman parte de la tradición gastronómica de la provincia.

Desde esta Redacción no le queremos pedir peras al olmo. Tenemos en claro que estos "funcionarios" locales no son dignos que le pidamos hagan una tarea, capaz arruinan todo. Pero quizás, esta comunidad (hoy todos lejanos descendientes) sean autorizados a exponernos su arte, su historia, su gastronomía, sus rasgos de identidad. Establecer una especie de "charlas abiertas" con presentaciones musicales y danzas. Entre otras cosas, es una idea más, la moneda está en el aire. Sería una forma de mirar nuestro pasado, de homenajear a quiénes forjaron esta tierra. 

Foto: Gustavo Moisés Azize.





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