ESTOS NO SON LOS QUE ÉRAMOS

EDITORIAL

Enseñanzas del pequeño periodista Rufus ilustrado

Por Walter R. Quinteros

Un conocido en Córdoba me recordaba cómo éramos nosotros al comienzo, y aún dolido me decía que lamentaba haber puesto tanto al servicio de la causa, para que no lo llamen ni para el cumpleaños. "Vos tenías más experiencia, nos avisaste, pero no te dimos bola", me dijo y luego pagó el café.

Los que éramos, no necesitábamos de un pequeño periodista Rufus ilustrado para que nos cuente cosas, las hablábamos de frente. En mi caso particular me cansé de hablar de frente. Los que son, ahora, hablaban a mis espaldas. Eso es porque carecen de lealtades, de sentido de pertenencia, vienen de las frustraciones de otros partidos, mañosos incorregibles.

Si se pudiese hacer una ensalada con los ambiciosos, oportunistas y trepadores en política, y en otros ámbitos, jamás nos moriríamos de hambre. Empachados si. Para colmo, como señala un meme por ahí, las mujeres de ahora ya no tejen ni quitan los empachos, "venden contenidos". 

Los gobiernos tienen que ser más o menos serios. Si hay peleas por protagonismo entre los funcionarios es una mala señal, porque cada pupo que ostentan parece que es más importante que las necesidades de la nación. Fueron puestos para ordenar, no para soñar posiciones.

Llegar a crear con inteligencia artificial un supuesto periodista llamado Rufus, para deslizar datos o manifestar antipatía por alguien, habla de la poca hombría que existe para hablar de frente. Mandar a decir las cosas vía "Xuiter", como la bautizó el periodista Nicolás Lucca, habla de aspiraciones personales que de otra cosa. De cuestiones que jamás tenían que suceder si se trabajara para otra cosa. La otra cosa, aclaro, somos todos nosotros y la tierra en que nacimos. 

Por caso, otro conocido me dijo ayer en un supermercado —para ser más exacto frente a la góndola de las bebidas espirituosas—, que el deporte favorito de esta ciudad es el chisme, un deporte que no requiere mucha gimnasia ni puesta a punto, me dijo eso y agregó. Usted camine un poco, así de paso sabemos con certeza qué timbre anda tocando, jé.

Volviendo al tema, tenemos que sin querer, o queriendo, el pequeño periodista Rufus fue dejando huellas que nos llevaron a conocer el lado oscuro de la luna de esta figura geométrica del oficialismo que conduce el país. Una foto indeseada, infectada, que ya nadie puede borrar. Y nos muestra claramente que estos no son los que nosotros éramos. 

Los que éramos, hablábamos de otras cosas, de orden, de progreso, hacíamos futurismo desde nuestros principios, la caza de cargos no interesaba. Los que son, ahora, lo que menos hacen, es mostrarse fuertes, unidos, ordenados.  Son un revoltijo cualquiera que da náuseas.

El pequeño periodista Rufus ilustrado fue dejando huellas, su aparición se debe a que hay una olla llena de tremendas internas hirviendo y donde caen distintas especias que van sazonando con extrema desconfianza el proceso de cocción. Aparte hay una salsa espesa de operaciones semejantes a las serruchadas de piso de antes que alertan cualquier estómago. Es como un locro bien criollo, pulsudo, tiene de todo, menos corazón, ni raciocinio.

Los que éramos, seguíamos a uno solo. No a los que ahora son. Nos ganaron los ambiciosos y oportunistas.

La cuenta del pequeño periodista Rufus ilustrado, de repente desapareció. Fue porque iba dejando huellas. Lo que no se fue con él, es el escándalo que quedó instalado. Lo que él sembró desde su paso por las redes sociales que emplean los cagoncitos.

Los astronautas de la misión Artemis II, pudieron ver y fotografiar el lado oscuro de la Luna. Rufus, destapó el lado oscuro de esta figura geométrica del oficialismo. Nos contó demasiado  a todos nosotros.

Insisto, un gobierno, debe pretender siempre, pero siempre, ser un poco serio, más o menos serio. En esa pretensión, se entiende que no hay más que un solo camino. Un solo objetivo. Una causa, donde solo flamee la bandera de la lealtad.

Rufus se fue, pero ha dejado sangre en los ojos de muchos, y eso, eso no deja ver bien cómo a nosotros, les viene la mano. No se ocuparon de eso los que ahora son. Los que éramos, mantendremos nuestra libertad de expresión.

No, estos no son los que éramos.





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