OPINIÓN
La política internacional ártica y el caso de las islas Svalbard
Por Rodolfo Vacarezza
La política internacional en el Ártico tiene un largo recorrido previo a la disputa por controlar Groenlandia iniciada por el presidente Trump, pero también suministra una solución aplicada a un caso parecido: el archipiélago Svalbard, también en el Mar Ártico, de 61.000 Km2 y bajo soberanía del Reino de Noruega.
La atención por el Ártico se inicia primero con la "carrera" de las naciones europeas por descubrir un paso marítimo por aquel océano (por Canadá y por la costa de Siberia), que conectara Europa con el extremo asiático. Luego continuó con las implicancias políticas de la pesca de ballenas y comercio de pieles y las expediciones científicas al Polo Norte (fines siglo XIX, principios del s. XX).
Fue escenario de acciones bélicas durante la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra Fría la región adquiere vital importancia para la URSS y los EE.UU., principalmente su espacio aéreo, como zona de alerta temprana de un eventual ataque nuclear. Por último, en el siglo XXI, aparece una nueva potencia: China y su Ruta de la Seda Artica.
En el siglo XIX es cuando se produce el redescubrimiento del Archipiélago Svalbard o Spitsbergen (había sido descubierto en 1596) y sus importantes recursos mineros de carbón y pesqueros. Surge entonces la preocupación del Reino de Noruega por sostener su soberanía sobre el territorio y frenar a las demás potencias, en pleno período de entreguerras y tensión internacional. La solución se concreta por el Tratado Svalbard firmado en París en 1920. Es un acuerdo multilateral, que otorga la soberanía de las islas a Noruega y el acceso a todos los países firmantes a los recursos naturales del archipiélago en un pie de igualdad con los nacionales de aquel país (principio de no discriminación). También dispone que será un territorio desmilitarizado e incluye algunas cláusulas medioambientales. Vigente aún, a la fecha lo han firmado 39 países, entre ellos muchos sin acceso al mar y del que Argentina es parte desde el año 1927.
Hasta años recientes existían en las islas distintos asentamientos extranjeros de explotación minera y, previo a la caída de la URSS, la mayoría de su población eran ciudadanos soviéticos (rusos y ucranianos). Incluso los EE.UU. y China tenían establecimientos en el archipiélago (como la base china Río Amarillo). Es foco de constantes fricciones entre Noruega y la Rusia por la denuncia de militarización por el primero de la región y la avanzada de la OTAN.
Es que en Svalbard se combinan todos los elementos: recursos naturales, porque el Ártico concentra más del 20% de las reservas mundiales estimadas de hidrocarburos y minerales como hierro, níquel, zinc y tierras raras, etc. y motivaciones científicas (como la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, etc.) y político estratégicas, porque allí funciona, entre otras, la estación SvalSat, con más de 150 antenas de rastreo satelital, fundamentales para Europa y la OTAN.
El caso, indudablemente tiene parecidos con el conflicto por Groenlandia: ubicación geográfica; la intención de grandes potencias por controlar los recursos naturales del archipiélago; la soberanía sobre el territorio por parte de un pequeño país, etc. Pero hay dos grandes diferencias, Groenlandia es un territorio que se dirige a su independencia y la creciente navegabilidad del espacio marítimo.
Entonces, podemos decir que hay un antecedente por el que, adaptado al caso, Dinamarca (luego una Groenlandia independiente) puede conservar su soberanía y ofrecer a las naciones el acceso a la explotación sus recursos por diversos mecanismos. Pero, como el conflicto se hunde en las entrañas de la OTAN, creemos, que esa puede ser una opción para restablecer vínculos entre la Alianza Atlántica y su socio principal y dejar a salvo los intereses de los habitantes de Groenlandia. Claro, esa alternativa implicará o no excluir a otras potencias, como Rusia y la China
¿Y Trump?. Este análisis, hace remisión de una personalidad como la del presidente norteamericano. No creemos que sea de la partida, porque por sus afirmaciones y acciones "va por todo", a pesar que muchos análisis estratégicos indican que la seguridad de los EE.UU ya está cubierta, por su propio arsenal, el paraguas de la OTAN y la base militar Pituffik en la enorme isla.
Como corolario, podemos decir, en particular, que la política internacional ya resolvió por sus mecanismos un conflicto parecido al de Groenlandia, encontrando una fórmula que combina soberanía con acceso amplio a recursos naturales. Y en general, que la política internacional en los polos terrestres está en las antípodas, mientras el Ártico ha sido campo propicio para los juegos de poder, la Antártida, ha logrado la "suspensión" de los reclamos de soberanía, preservando el continente para la ciencia y la investigación para bien de la humanidad. Esperamos que por mucho tiempo.
LOS ANDES

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