UNA COMUNISTA UN POCO EMBARAZADA

OPINIÓN

Una candidata que niega la dictadura cubana es presentada como "moderada"; su rival es "ultraderechista": el sesgo en la cobertura electoral chilena

Por Alejo Schapire

“Ella es una comunista moderada y él un ultraderechista de armas tomar”. Así empieza el despacho de la Agencia France Presse y reproducido por La Nación en Argentina para presentar a Jeannette Jara y José Antonio Kast en vísperas de la elección presidencial chilena que, como anunciaban los pronósticos, se medirán en la segunda vuelta el 14 de diciembre.

El bonito oxímoron de “comunista moderada” me da una sensación de déjà-vu. Tengo una pésima memoria textual, pero una buena conceptual; no tardo en comprobar que es la misma agencia que suele presentar al presidente turco Recep Tayyip Erdoğan como un “islamista moderado”. Vaya uno a saber qué significa. Pero volvamos a Jara.

¿Qué vendría a ser un comunismo moderado? Porque desde que ingresó a los 14 años en las Juventudes Comunistas de Chile, hoy en día, con 51 años, sigue inscribiéndose orgánica y sentimentalmente en esta ideología totalitaria, pudiendo habitar otras vertientes democráticas dentro de la izquierda. Por suerte, existe un dato revelador sobre sus convicciones. A la pregunta de si considera que Cuba es una dictadura, formulada por una periodista de CNN Chile, la candidata respondió: “No, Cuba tiene un sistema democrático distinto al nuestro”. ¿Y las violaciones de los derechos humanos en la isla? “Las consecuencias del bloqueo generan una situación en la que hay una crisis humanitaria importante”. En otras palabras, los cubanos no tienen libertades y sus derechos humanos son violados por el régimen del Partido Comunista de Cuba por culpa de Estados Unidos.

¿Es esta una cuestión secundaria para un presidente latinoamericano cuando deberá lidiar con las dictaduras de la región (Cuba, Venezuela y Nicaragua), regímenes autodefinidos como socialistas o comunistas? El comunismo de Jara es como la mujer que está solo un poco embarazada. Con su habitual poder de síntesis, Cayetana Álvarez de Toledo celebró los resultados del domingo en Chile recordando una obviedad: “Las democracias comunistas no han existido nunca y nunca existirán”.
“Una de izquierda y dos de ultraderecha”

Pero sigamos con otro medio estatal europeo y su enfoque de las elecciones chilenas. “Los sondeos dan como ganadora a la candidata de izquierda, Jeannette Jara, seguida de los candidatos ultraderechistas José Antonio Kast y Johannes Kaiser”, anunciaba la Deutsche Welle. Es decir, una mujer de izquierda (nótese que no se usa nunca el “extrema izquierda”, cuando ¿qué hay más a la izquierda del comunismo?) ante no solo uno, sino dos ultraderechistas. La pucha. Es cierto que, visto desde la extrema izquierda, conservadores, liberales, libertarios, fascistas y nazis merecen ser estampados juntos bajo el infame sello de “ultraderecha”.

El uso de las etiquetas es político. Dime cómo defines al partido que aborreces y te diré por quién votas. Esto no implica que muchas veces esas taxonomías no sean también usadas de manera caprichosa o por dejadez (La Nación hace copy/paste del cable de AFP y otros usan las mismas terminologías sin hacerse demasiadas preguntas). Incluso el liberal El Mundo posteó en X un video con estos ratios donde las respuestas/insultos sobrepasan los retuits y likes al titularlo: “La izquierdista Jeannette Jara o el ultraderechista José Antonio Kast”, por lo que sus lectores se preguntaban si no estaban leyendo El País.

Sin embargo, estas clasificaciones son más importantes de lo que parecen. Por un lado, por la historia de Chile, que ha tenido una dictadura no tan lejana, la de Pinochet, donde podían chequearse los principales casilleros de lo que los politólogos consideran consensualmente extrema derecha. Fue un régimen policial conservador, nacionalista y xenófobo (ver Decreto con Fuerza de Ley n.º 1094 de 1975) que llegó al poder con un golpe de Estado para gobernar sin elecciones, división de poderes ni libertad de expresión, que aplastaba por fuera del Estado de derecho a sus opositores con tortura, exilio y muerte. ¿Cómo encaja Kast en esto? Su padre, el alemán Michael Kast Schindel, se afilió al nazismo a los 18 años y combatió con este uniforme. Hacia el final de la Segunda Guerra, huyó a Sudamérica con una falsa identidad suministrada por la Cruz Roja. En Chile, tuvo dos hijos. Miguel Kast fue presidente del Banco Central durante la dictadura de Pinochet. Ahora, concretamente y más allá de los vínculos familiares, ¿los lazos de sangre convierten necesariamente a José Antonio Kast en un hombre de extrema derecha? Es cierto que el candidato presidencial ha mostrado simpatía en el pasado por el Gobierno de Pinochet, en particular por su programa económico; se negó a llamar dictadura a lo que prefirió referirse como “gobierno militar”, mientras destacó la transición pacífica a la democracia.

Es legítimo entonces preguntarse qué representa políticamente. Sobre todo, porque “extrema derecha” o “ultraderecha”, que muchos usan como sinónimos, son etiquetas que se usan igualmente en la prensa para definir a Giorgia Meloni o Javier Milei, que más allá de trayectorias y estilos respetan las reglas y libertades democráticas, lo que no cuaja con la definición. Es interesante en este sentido el artículo que publicó la semana pasada el semanario francés L’Express bajo el título: “No, Javier Milei no es ‘de extrema derecha’: tres investigadores rebaten la imagen que los medios franceses dan de él”. Los académicos franceses refutan la expresión usada regularmente por Le Monde o The Guardian y afirman: “No hablemos más de extrema derecha para referirnos a Javier Milei, que no es identitario y no ataca a los inmigrantes. No hablemos de ultraliberalismo para referirnos a Milei, que ha logrado reducir la pobreza y no ha cerrado el banco central”.

Extrema derecha y derecha radical

Intento ver más claro sobre dónde ubicar a Kast y busco en las consideraciones del politólogo neerlandés Cas Mudde, reconocido como una de las autoridades más influyentes en el estudio de la extrema derecha. Mudde, que se reconoce a sí mismo como alguien de izquierda, establece que la ultraderecha se divide en dos grupos: extrema derecha y derecha radical. Mientras la primera es abiertamente antidemocrática, estima que la segunda opera dentro del sistema democrático, pero con una visión excluyente y autoritaria. Es en esta derecha radical que Mudde sitúa a Kast.

Busco los matices de las distintas caracterizaciones, desde el establecimiento de la grilla de lectura con el eje derecha-izquierda —por cómo se sentaban en la Asamblea Nacional quienes defendían el Antiguo Régimen y los que querían un cambio popular durante la Revolución Francesa— hasta las últimas peripecias del populismo y wokismo de derecha. Luego, me propongo ocuparme del otro calificado de ultraderechista, Johannes Kaiser. Pero, de repente, caigo en la cuenta: lo que hago no sirve ni importa. La inmensa mayoría de los consumidores de noticias ignoran estas distinciones y no pedirán precisiones. Ultraderecha, ultra a secas o extrema derecha es para el común de los mortales otra manera de decir fascismo o nazismo. Es el viejo reductio ad Hitlerum . Nunca se trató de definir con exactitud una identidad política para entender mejor un fenómeno político, sino de una descalificación moral.

De los dos grandes totalitarismos detrás de las peores matanzas del siglo XX, uno solo sigue gozando hoy de tolerancia e impunidad. La única utopía viva cuya receta ha invariablemente salido pésima y sigue significando persecución, hambruna y muerte, de Venezuela a Corea del Norte.

El contrabando de estas etiquetas está al servicio de una mecánica engañosa que sirve para clausurar discusiones. Porque se sabe, “con el ‘facho’ no se discute, se lo combate”. Efecto nocivo colateral: la ligereza del punto Goodwin devalúa realmente la gravedad histórica del nazismo y el fascismo, dificultando reconocerlo cuando vuelven a asomar la cabeza.

Mientras tanto, seguirá vigente el viejo chiste. Un chico, hijo de un periodista, le dice al padre: “¡Papá, me lastimé la mano!”. A lo que el padre responde: “¿Cuál, hijito, la izquierda o la extrema derecha?”.

Revista Seúl




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