SACATE LA CAMISETA

OPINIÓN

El pase de siete diputados del bloque del PRO al de La Libertad Avanza no tienen nada que ver con Borocotó, porque están siguiendo a sus ideas y a su electorado

Por Diego Papic

El sábado Osvaldo Bazán publicó en esta revista una nota muy enojado por los siete diputados que se pasaron del bloque del PRO al de La Libertad Avanza, llamándolos traidores, insinuando que quizás lo hicieron por plata, y comparándolos con el célebre caso de Eduardo Lorenzo Borocotó, que 15 días después de ser electo diputado por el PRO fue a visitar a la Casa Rosada a Néstor Kirchner y Alberto Fernández y salió convertido en diputado “independiente” afín al kirchnerismo.

Estaba dudando si escribir sobre esto, sobre Sydney Sweeney o sobre Pluribus, la nueva y muy prometedora serie de Vince Gilligan —el creador de Breaking Bad— que empezó el viernes en Apple TV, pero la cantidad de gente que elogió la nota de Osvaldo en X me convenció de que ameritaba una respuesta.

Todos los kirchneristas se parecen; los antikirchneristas lo somos cada uno a nuestro modo. Es comprensible, entonces, que no todos seamos partidarios de este Gobierno. De todas formas, ser partidario de un Gobierno es algo bastante incómodo y poco recomendable, sobre todo si uno no es funcionario o no forma parte orgánica de él. Es muy difícil estar de acuerdo con todas las medidas que toma un gobierno, con todos sus funcionarios, con todos sus diputados y senadores.

Pero aun en nuestras diferencias, yo supongo (o suponía) que los que nos oponíamos al kirchnerismo lo hacíamos, para decirlo bien resumido, porque no nos gustaba su terraplanismo económico, su corrupción desatada, su alineamiento con las dictaduras del mundo y su estalinismo cultural. A algunos les preocuparía más una cosa que la otra, pero creo que todo se reducía a una combinación de esas cuatro cosas en distintas proporciones.

Por eso me llama la atención ver ahora a ex integrantes de Juntos por el Cambio defendiendo ideas opuestas. Margarita Stolbizer entró en la boleta de JxC en 2021 y festejó la victoria del alcalde de Nueva York Zohran Mamdani (que propone controles de precios y congelar los alquileres, para no meterme en toda la cuestión islamista). Lo mismo el ex ministro de Cultura de Cambiemos Pablo Avelluto. Miguel Ángel Pichetto fue candidato a vicepresidente en 2019 (y lo hubiera votado una y mil veces contra el tándem Alberto-Cristina) y ahora se la pasa despotricando contra cualquier intento de abrir importaciones. No hablemos del antisemitismo rampante de Nicolás Massot, un tipo que llegó a ser presidente del bloque del PRO en Diputados.

“¿Qué les pasó?”, como diría Ernesto Tenenbaum. No les pasó nada, siempre fueron lo mismo, supongo, pero fortuitamente usaron remera amarilla o blanca y multicolor. Quizás ahora, liberados del yugo de la remera, tienen la libertad de mostrarse tal cual son. Y son, según mi visión, personas con valores contrarios a los que pregonó siempre JxC o al menos el PRO: libertad, modernidad, capitalismo, Occidente.

Eso es lo que vienen defendiendo con cada uno de sus votos los siete diputados del PRO y lo que —espero— van a seguir defendiendo ahora en el bloque de LLA. No puedo entender cómo a alguien le molesta un cambio en el color de una remera que no implica un cambio de ideas, exactamente lo contrario del caso de Borocotó, justamente.

Entiendo que a los integrantes del PRO no les guste lo que pasó, por supuesto. Pero la ida de estos siete diputados, en todo caso, es solo una consecuencia de la pérdida de representación del partido a manos de LLA. Lo que me lleva a otra de las objeciones que se les hace: que se mudaron de bloque después de la victoria, como si hubiera algo espurio en irse con el ganador.

Esa visión suspicaz pareciera considerar a la contienda electoral como una carrera de embolsados o una rifa y no una elección en la que el que ganó lo hizo porque fue votado por una mayor cantidad de personas y que cada una de esas personas es un ser humano que quizás no tenga un newsletter en una revista o una cuenta de X, pero sí una vida y una opinión. No parece tan delirante, entonces, que un político tome en cuenta lo que dicen las urnas. No para que cualquiera se vaya con el que ganó, me atajo ante la objeción malintencionada que adivino que se viene, pero si el que ganó comparte tus valores y tu electorado es de lo más lógico y natural.

Osvaldo dice que su ex (meaning : Argentina) “no puede pensar más que en chiquito”. A mí me parece que pensar en chiquito es justamente poner el grito en el cielo por meras formalidades burocráticas mientras te pasan por el costado las reformas que están dando vuelta el país como una media (para bien o para mal, según quien lo mire).

El viernes, Sturzenegger derogó 973 normas del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). ¿Estamos a favor o en contra de esto? El domingo se cumplieron 36 años de la caída del Muro de Berlín. El presidente Milei tuiteó: “En su caída quedó al descubierto el fracaso de la utopía socialista, cuya lección más importante es que bienestar y justicia son dos caras de la misma moneda”. ¿Estamos a favor o en contra de esa afirmación? Se viene una reforma laboral, una reforma fiscal. ¿Estamos a favor o en contra? Yo estoy a favor de todo esto y creía que los valores del PRO iban en esta dirección. Ojo, quizás había entendido mal.

Pero más allá de estas cuestiones particulares (y otras muchas que se podrían discutir: reforma del código penal, ¿a favor o en contra? Swap con Estados Unidos, ¿a favor o en contra? EL ESQUEMA DE BANDAS, ¿A FAVOR O EN CONTRA?), lo central que quiero decir acá se parece mucho a esa famosa y ya remanida frase que pronunció José Ortega y Gasset hace 86 años en una conferencia en la Municipalidad de La Plata: “¡argentinos: a las cosas, a las cosas!”.

El kirchnerismo/peronismo está discutiendo si son un partido de izquierda o qué. Aparece alguno proponiendo ser económicamente sensatos y enseguida otro propone que cuando saques $1.000 de un cajero, te de $900. Y, sin embargo, aunque ninguno sabe bien qué propuesta económica tiene, antes que nada, son peronistas. Ponen la camiseta antes que las ideas. Yo creo que debería ser al revés porque la política no es un partido de fútbol.

Revista Seúl


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