OPINIÓN
"Durante décadas, la clase media argentina fue el corazón del país, el reflejo de una sociedad que se percibía a sí misma distinta en América Latina"
Por Walter R. Quinteros
Leyendo un artículo del prestigioso medio El Canciller, me encontré en un campo sembrado de dudas. Veamos; si una familia tipo necesitó $1.213.799 para superar el umbral de pobreza durante octubre, y el mismo hogar requirió de $544.304 para cubrir necesidades básicas de alimentación y no caer en situación de indigencia, me pregunto; ¿Dónde está la clase media? ¿Dónde trabaja el jefe o jefa de familia para llegar a ese monto? ¿Trabajan los dos? Sucede que en este país, hasta los docentes de institutos militares están bajo la línea de pobreza. Si miramos la escala de oficiales, pongamos de la Fuerza Aérea, un mayor o capitán para abajo es decír hasta alféreces, que son pilotos de aviones con un valor entre 14 millones de dólares hasta 300 millones de la misma moneda, y desde el grado de suboficial auxiliar hasta el de cabo, que son responsables y técnicos del mantenimiento de cada avión, todos están bajo la línea de pobreza.
No me imagino grandes cosas. Pero no tengo dudas que un CEO, un gerente, un supervisor, un encargado de línea de producción o por cierto, hasta aquel que ocupa un cargo político. ¿Se puede decir que son los únicos que superan ese monto y son de clase media?
¿Qué se premia? ¿Al que estudió 20 años de su vida, o al hábil sin estudios pero que sabe oficios altamente rentables? ¿Cúanto debe ganar un trabajador para considerarse clase media?
Recuerdo a mi abuelo, hombre de campo. Contaba una vez que fue a votar, que dijo al meter en la urna el sobre con su voto: "Adentro mi general". Hice algo parecido el 26 de octubre, dije, "ahí va un nuevo rico". Porque los políticos cobran muchísimo más que prestigiosos cirujanos.
Durante décadas, la clase media argentina fue el corazón del país, el reflejo de una sociedad que se percibía a sí misma distinta en América Latina. Argentina se enorgullecía de tener una clase media amplia, educada y con capacidad de movilidad ascendente. Sin embargo, en la actualidad, esa clase media —que en los años 60 y 70 llegó a representar hasta el 75% de la población—, hoy no supera el 43% dicen las consultoras.
Algo para recordar; las crisis estructurales podríamos decir que comenzaron con el Rodrigazo en 1975, siguieron con la hiperinflación del ‘89, el colapso del 2001-2002 y la pandemia de 2020-2021. Cada uno de estos hechos dejó secuelas que erosionaron las condiciones materiales que sostenían a la clase media. ¿Será así? Si.
Para el analista en tendencias sociales y de consumo, Guillermo Oliveto, la Argentina de hoy se ha convertido en una "sociedad dual", donde coexisten dos realidades económicas cada vez más alejadas. Veamos:
Hay un 30% de la población integrada principalmente por trabajadores formales del sector privado con ingresos dolarizados o paritarias favorables, que experimenta una mejora relativa y es el sector que accede a créditos, compra autos, viaja al exterior y sostiene niveles de consumo altos.
El restante 70% vive en una cultura del "no puedo", el dinero no alcanza para llegar a fin de mes, las decisiones de consumo se limitan a lo esencial y pasan a llamarse los "pobres intermitentes".
Para Oliveto, los "pobres intermitentes", es decir el 70%, son personas que no se reconocen como pobres según los parámetros clásicos, pero cuya vida económica está marcada por la inestabilidad, el endeudamiento y la precariedad, ya que "el mes se termina el día 20". Es decir, que durante los últimos diez días del mes, viven con restricciones extremas, muchas veces recurriendo a créditos personales, ventas informales o ayuda familiar para cubrir necesidades básicas.
Según una nota publicada en el diario Norte, la clase media argentina podía medirse por el ingreso económico, pero también por el acceso a ciertos bienes culturales, como la educación, la salud, el empleo estable, las vacaciones y el consumo moderado. Hoy, muchas de esas prácticas han dejado de ser habituales para amplios sectores. Como resultado, muchas personas que formalmente aún podrían ser consideradas "clase media baja" —por su ocupación o nivel educativo— ya no se identifican como tales, y se reconocen más bien como "trabajadores pobres" o incluso como parte de la pobreza estructural.
Coincido ampliamente con Oliveto cuando propone que los excedentes de sectores estratégicos —como el agro, la minería y la energía— se utilicen no sólo para generar divisas, sino para impulsar la creación de empleo formal, invertir en infraestructura, y fomentar el desarrollo de sectores con alto valor agregado. La reconstrucción, sostiene, debe tener como eje la formalización del trabajo, el acceso a servicios públicos de calidad, y políticas activas que favorezcan la movilidad social.
Y esta apreciación me lleva a releerles otra nota que publiqué en este medio el día 12 y titulé "Porque quiebran las empresas lácteas" donde el "diagnóstico competitivo" presentado por el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina, identifica esta situación de "estancamiento" como la principal manifestación del desempeño sectorial que se da en el nivel de la producción primaria, industrial y del comercio exterior. Es decir que nos falta competitividad por un lado, y el dato preciso de cuándo empieza nuestro "estancamiento".
Pero lo que es también observable: La paciencia social tiene un límite. Es hora que empiecen a aparecer señales claras de que el sacrificio ha tenido sentido. Es hora de reconstruir una clase media amplia, estable y optimista. Porque, como bien señala Oliveto, sin una clase media fuerte, se pierde el equilibrio social. El acuerdo con Estados Unidos puede llegar a ser una buena oportunidad para que se abran mercados nuevos. Consignas laborables.
Nos queda como expectativa mirar el camino elegido por este gobierno. Y apostar a que ese camino, nos lleve a recuperar la clase media a través del trabajo formalizado, que siempre fue el motor, que supo hacer grande este país.

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