EMPIEZA UN JUICIO QUE EQUIVALE A 38 VECES EL DE VIALIDAD

OPINIÓN

Treinta y siete mil millones de dólares, trescientos años de presupuesto para el Garrahan

Por Carlos Mira

Néstor Kirchner -el mismo que le había ordenado a Lázaro Báez constituir Austral Construcciones 15 días antes de asumir la presidencia- diseñó el plan para el robo del siglo.

El mismo que terminó influyendo decisivamente en que el Banco Central Europeo decidiera terminar con la impresión del billete de 500 Euros luego de que el mercado de cambios que afectaba esa denominación tuviera oscilaciones anormales provenientes de la Argentina. El billete, apodado “el porteño” en Europa, continuaría siendo válido hasta que el Banco Central recuperara todos los que estaban circulando pero su impresión quedaría definitivamente cancelada.

Tanto los europeos como nosotros luego supimos a qué se debían esas rarezas: la mayor denominación del billete europeo respecto del clásico “Franklin” de 100 dólares hacía que el acopio físico del dinero robado ocupara menos lugar. A eso se debía la explosión de su demanda en el puerto del Plata.

Kirchner le había ordenado al gerente de su banda -Julio De Vido- que arreglara con Carlos Wagner, el presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, y con los Cirigliano, los popes del transporte, la mecánica que de allí en más tendría la operación de la obra pública en la Argentina y la concesión de los subsidios al transporte terrestre.

Por esa metodología, sería la Cámara la que designaría rotativamente los ganadores de las licitaciones (reserva hecha de lo que correspondía al Sur, que iba a estar adjudicado casi con exclusividad al Grupo Báez con Austral Construcciones a la cabeza [una clara pantalla para una propiedad que le pertenecía enteramente a Kirchner]) antes de la “apertura de los sobres”, acto que, durante todo el kirchnerato, fue una mise en scène preparado para cumplir las formalidades y ocultar los desfalcos.

En el mercado del transporte los subsidiados debían retornarle a la banda entre el 5 y el 6% del producido de los subsidios.

En el caso de la obra pública, una vez establecido el “ganador” éste tenía que retornarle a la banda el total completo del adelanto de obra (una cifra que oscilaba entre el 15 y el 20% del total licitado). Cómo se repartían los privados la parte que les correspondía cuando la obra se pagaba, era algo que tenían que arreglar entre ellos.

El líquido que le correspondía a la banda era trasladado en bolsos cuyo manejo, Julio De Vido, le confió a Roberto Baratta, el ex “tachero” y ex “quinielero” que se había convertido en Subsecretario de Planificación, luego de que, en Santa Cruz, la fortuna de la vida lo llevó a conocer a Néstor en un bar de Río Gallegos.

Baratta levantaba los bolsos que le habían preparado los “constructores” y los entregaba, básicamente, en tres locaciones principales: El Hotel NH de la calle Bolivar en Plaza de Mayo, en el Bar La Puerto Rico de la calle Alsina en el barrio de Montserrat y en el departamento de los Kirchner en Juncal y Uruguay.

Quién recibía los bolsos en general era Daniel Muñoz, el secretario privado de Néstor Kirchner quien, según cuentan las fabulas posteriores, había mandado a fabricar bolsos exactamente iguales a los que usaba la banda pero apenas más angostos. Esa diferencia de anchura le permitía a Muñoz robarle a la banda una hilera completa de fajos de billetes por cada bolso. Se dice que, con “apenas” ese “vuelto”, Muñoz se quedó para sí con 70 millones de dólares con los que hizo inversiones inmobiliarias en Miami y New York. Otros dicen que no y que Muñoz compró esas propiedades actuando como hombre de paja de Néstor, que era el verdadero dueño de todo.

Uno de los lugares de acopio final del dinero era un altillo de la casa de la madre de Néstor en Rio Gallegos. El contador de los Kirchner, Víctor Manzanares, contó que, una vez, llevando varios de esos bolsos con Muñoz a esa casa, le preguntó: “¿No te parece que es demasiado robo?”. Muñoz se sorprendió: “¿Robo?”, le dijo el secretario. “Esto no es robo: es una comisión por el servicio que le estamos prestando a la patria”, le completó.

Cuando Néstor murió la ingeniería fue continuada por su viuda, Cristina Fernandez de Kirchner, que confió en el conocimiento de los antecedentes de la mecánica que tenía Don Julio. Por eso, cuando en una oportunidad, De Vido amagó con renunciar, la entonces presidente, le dijo: “vos de acá solo te vas muerto”.

El producido de “los cuadernos de la corrupción” (tal como todo el caso se conoció mediáticamente a partir de la información revelada por el periodista Diego Cabot -que tuvo como fuente el minucioso relato de los itinerarios que el remisero Oscar Centeno describió con lujo de detalles en sus modestos cuadernos “Gloria”-) equivale a 38 juicios de Vialidad. Es decir, los Kirchner robaron con la obra pública, 38 veces más de lo que robaron con la defraudación en Vialidad Nacional, por cuyo juicio Cristina Kirchner fue condenada a 6 años de prisión e inhabilitación perpetua y absoluta para ejercer cargos públicos.

Centeno era un militar retirado que, como consecuencia de la situación de marginalidad social a la que el progresismo en general y los Kirchner (demagógicamente) en particular, habían condenado a los hombres que alguna vez habían vestido un uniforme, se vio obligado a meterse en esa changa de conducir un auto por la ciudad llevando y trayendo personas.

Su formación metódica mezclada con los hábitos de su nuevo trabajo lo llevaron a anotar todo lo que transportaba y todo lo que veía. Fueron 8 cuadernos que, un día, terminaron en las manos de un periodista. ¡Qué paradoja del destino! Si los militares no hubieran sido humillados, quizás no habría habido ningún Centeno. Delicias del fanatismo: un boomerang que ahora les pega en la frente a los ladrones que, en su afán de robar, recurrieron a la demagogia anti-militar para engrosar su músculo electoral.

El fiscal Carlos Stornelli dijo que nunca vio, en su vasta experiencia de tribunales, una causa con tanta evidencia contundente. Más allá de la prueba documental que consta en los cuadernos (que son cuadernos y no fotocopias, y que Centeno reconoció como propios al tiempo que un cuerpo de calígrafos verificó como suya la escritura) hay más de 300 arrepentidos que van a declarar en esa condición, desde Claudio Uberti (el capitán de la embajada paralela en Venezuela y coordinador de la entrega de valijas del narcoestado de Chávez a las campañas políticas de los Kirchner, incluido el famoso vuelo de Antonini Wilson) hasta el propio Carlos Wagner y los empresarios del transporte.

Increíblemente frente a esta densidad de testigos, la Justicia dispuso que haya una sola audiencia por semana. A este ritmo el juicio será eterno. La primera de esas audiencias será mañana. Allí, vía Zoom, estará sentada la que quizás sea la delincuente #1 del país: Cristina Fernández de Kirchner. Si la Argentina fuera EEUU, no hay dudas de que la prensa y el mainsteam social la llamarían la “enemiga pública número uno” por la magnitud del robo que perpetró sobre el pueblo. John Dillinger, que no tardó en llevar esa cucarda en EEUU, al menos robaba bancos y no el dinero de los necesitados.

¿Podrá esta barbaridad explicar aunque sea en parte la alergia del presidente Milei por la “obra publica”? Fíjense que el concepto, para un político con malas intenciones, constituye la mecánica perfecta para el robo: se amañan las licitaciones con ganadores preestablecidos, con sobreprecios y con coimas y, al mismo tiempo, se “vende” a la sociedad la imagen de un gobierno que “hace obra”. Una hermosura.

Milei ha preferido terminar con eso. Sin embargo, es algo que la sociedad le critica más de lo que lo elogia: habrá que limpiar mucha roña en el sector público para que la “obra pública”, tal como la conocimos siempre, regrese a las costumbres del Estado.

Cuando uno toma dimensión de estas cifras y las contrasta con las privaciones de todo tipo que padecen los que viven en el barro y carecen de los más elementales enseres del confort moderno, no pude sentir menos que una enorme repulsión y un enorme asco: los que se llenaban la boca con la defensa de los pobres los estafaron vilmente robándole de a montones la comida de la boca.

¡Trescientos años de presupuesto para el Garrahan! ¡Qué sugestiva comparativa justo en los días en que los sindicalistas peronistas que defienden la idea de “Cristina Libre”, reivindican como una “victoria” propia el aumento salarial del 63% dispuesto por el gobierno “entreguista” de Milei insistiendo en que van a profundizar sus métodos de prepotencia para oponerse, por ejemplo, al proyecto de modernización laboral!

¡Sigan así, muchachos!, ¡Sigan respaldando ladrones que engañan a la gente diciendo que la defienden mientras los que llevan la careta de “ogros” que ustedes les pusieron, tratan de levantar los desastres que provocaron los desfalcos que cometieron aquellos que ustedes defienden!

The Post





Comentarios