EDITORIAL
Soplan vientos de cambio en la CGT, y la renovacvión puede ser significativa
Por Walter R. Quinteros
Era una nueva protesta contra el expresidente Menem, donde por el almanaque corría el año 1998. El país había caído en una recesión y abundaban las acusaciones de corrupción. El gobierno sufría un descenso en su popularidad. Al intento fallido de la reforma constitucional que impulsaba, se le oponían gremios bravos, UTA y Camioneros. Los que sabían que hacía quién esto escribe ahí, en plena protesta, me honraron con llevar el estandarte de UTA. Escoltado por la Seccional Córdoba. Bajamos por Entre Ríos hasta el Congreso, a los empujones nos posicionamos frente al palco. Hablaron Moyano y Palacios. Luego, agotado, lo entregué a otro compañero y nos fuimos a tomar un café por Callao y Corrientes. No me hablen de amores.
Ahora hay una nueva CGT, el álbum de figuritas sindical es muy distinto al de las últimas décadas. En principio, podríamos decir que es por el declive de "los Gordos". No pudieron imponer su postura y mantener su hegemonía, se quedaron con muy poco respaldo, y solo les quedó aceptar a un candidato con vientos de cambio. Ni Armando Cavalieri de Comercio, ni Héctor Daer de Sanidad, consiguieron mantener el tablero de control de la CGT, ni con la alianza de Barrionuevo ni con la UTA ni con La Fraternidad.
Fueron derrotados y la clave de esta derrota para los experimentados líderes sindicales, muy acostumbrados al manejo excluyente de la CGT, es que enfrente se estructuró un bloque liderado por sus ex aliados del sector independiente, con un alto perfil dialoguista, y encima, que promovía a un tal Cristian Jerónimo que ocupó la silla de Pablo Moyano, cuando este renunció.
Dice el periodista Ricardo Cárpena de Infobae, que hubo una paciente tarea de persuasión de Martínez y Jerónimo en un amplísimo espectro de dirigentes sindicales. Que pocas veces se dio que encumbrados líderes bajaran a tierra para hablar con gremialistas de organizaciones medianas y pequeñas que, en general, estaban fuera del radar de los poderosos y que así, auspiciados por el jefe de la UOCRA, mantuvieron largas reuniones con todos. Parece que con eso alcanzó para que surja un nuevo sector sindical de fuerte signo dialoguista y que se presentó como emergente de una generación que representaba lo nuevo y, a la vez, la experiencia en la gestión.
Por esto es que se generó la candidatura de Cristian Jerónimo. Y nada tuvo que ver su condición de dirigente joven (41 años) o apadrinado por una figura como Martínez sino también con el cuestionamiento a una forma de ejercer el liderazgo en la CGT.
Finalmente, votaron los 2186 congresales.
Se determinó a mano alzada si se mantenía un triunvirato o se volvía al liderazgo de un solo secretario general.
Barrionuevo y sus socios sufrieron una derrota abrumadora.
La UTA, prefirió irse de la Central. Es cierto que se perdió un sindicato que puede paralizar los colectivos, pero sus colegas recuerdan que hace bastante que el gremio de Roberto Fernández "jugaba a la personal".
El resto del flamante andamiaje de la CGT tendrá en el triunvirato a otro dialoguista como Jorge Sola (Seguros), propuesto por "los Gordos", y a Octavio Argüello, el más alineado con Hugo Moyano.
El moyanismo ahora ya no existe como sector porque no contiene a otros gremios.
El sindicalismo kirchnerista, quedó excluído de las negociaciones.
El primer desafío del más joven miembro del triunvirato será contener a quienes hoy lo miran de reojo, con cierta cautela.
El máximo desafío de esta CGT de perfil más dialoguista, con el kirchnerismo recluido y una nueva relación de fuerzas, será obviamente la negociación de la reforma laboral del Gobierno.
Se alquilan balcones.

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