EDITORIAL
Desde la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA) se impulsó un proyecto innovador y sustentable que propone una solución eficiente
Una iniciativa presentada por la UBA, busca atacar al mosquito Aedes aegypti en su etapa inicial antes de que se convierta en adulto, se basa en el uso de control biológico mediante la siembra de peces nativos que se alimentan de las larvas en distintos reservorios de agua. Lo que en la jerga de los muchchos del bar llamamos "a ellos se les cayó una idea".
Este enfoque parte de la premisa de que es más efectivo eliminar a los mosquitos en su etapa acuática, cuando aún son larvas, que intentar combatirlos cuando ya están volando —Anoten eso, funcionarios—. A diferencia de los métodos tradicionales que se basan en fumigaciones o repelentes, el control biológico apunta a interrumpir el ciclo de vida del mosquito en su punto más vulnerable, señalaron.
Este proyecto ofrece de manera gratuita asesoría y material biológico a instituciones, barrios, huertas, edificios y espacios comunitarios que cuenten con piletas sin uso, tanques de recolección de agua, estanques ornamentales o cualquier otro tipo de cuerpo de agua donde los mosquitos podrían reproducirse. En esos espacios se siembran dos especies de peces autóctonos, conocidos popularmente como "madrecitas del agua", "panzuditos" o "junqueritos", que se alimentan de las larvas y ayudan a mantener el agua libre de criaderos.
Cada uno de estos pequeños peces puede consumir entre 100 y 300 larvas por día, según su tamaño y condiciones ambientales. Además, tienen una alta capacidad de reproducción, son resistentes a distintos entornos y no requieren alimentación suplementaria, ya que se nutren de la microfauna acuática del ecosistema. Su uso no implica riesgos para otras especies locales, ya que son peces nativos perfectamente adaptados al entorno.
Bueno y barato
Cabe destacar que, si bien existen productos químicos larvicidas, su uso implica un costo elevado y requiere aplicaciones constantes. Por el contrario, los peces pueden convivir en los reservorios durante todo el año, eliminando las larvas de manera natural, silenciosa y eficiente. A su vez, al evitar el uso de insecticidas, se protege la biodiversidad acuática y se contribuye al cuidado del medio ambiente.
Es importante señalar que este proyecto no reemplaza otras medidas preventivas, sino que las complementa. En rigor, la lucha contra el dengue requiere de un enfoque integral, que incluya el descacharrado, el uso de mosquiteros y repelentes, y la protección de recipientes donde se acumula agua. Sin embargo, el control biológico agrega una herramienta fundamental para intervenir en aquellos espacios que no pueden vaciarse con facilidad, como fuentes decorativas, tanques de agua o cisternas de riego.
A este tipo de acciones, como el proyecto de la UBA, son las que podemos llamar concretas, con perspectiva sustentable, y que ofrece una alternativa prometedora para reducir la población de mosquitos y, con ello, el riesgo de transmisión del dengue, el zika y la fiebre chikungunya. Las soluciones más eficaces también están en manos de la propia biodiversidad. Sin necesidad de fotitos de funcionarios, ni frases que rozan la estupidez.

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