MILEI: ATRAPADO EN SU PROPIO PANTANO

OPINIÓN

Entre el desgaste interno y la incertidumbre externa



Por Fernando Ramírez

Javier Milei sobrevuela en un pantano mental: ya no es el presidente tajante y catedrático del primer año, al que todos rendían pleitesía mientras su motosierra cortaba reparticiones estatales y arrojaba trabajadores a la calle, sino que ahora parece ser un falso profeta cuya dialéctica no conmueve al auditorio y tampoco al establishment, y solo tiene como aliado a su par de Estados Unidos, Donald Trump.

El presidente de Estados Unidos lo rescató del fondo del pantano dos veces este año pero parece ser insuficiente: Milei “está mirando otro canal”, como decía una publicidad televisiva y su gobierno es torpedeado por el mercado, por el Congreso -donde se ha formado un gran arco opositor- y por sus propias impericias.

La paliza electoral que le propinó el gobernador peronista Axel Kicillof el 7 de septiembre destapó muchas ollas que estaban ocultas y Milei tambalea en el pantano mientras la Casa Rosada hace agua.

La derrota dejó inmerso a todo el Gobierno en una parálisis de la cual solo sale cuando el Fondo Monetario Internacional -pos reunión Milei-Trump- le ordena inyectar dólares al Banco Central y al líder libertario que controle a su desmañada tropa y construya “sostén político”.

El apoyo mediático de primavera de Trump duró apenas un puñado de días, porque los mercados ya no le creen a Milei y también dudan de un apoyo económico cierto -dólares contantes y sonantes- del Gobierno de los Estados Unidos.

Y tienen razón en dudar, ya que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, aclaró en su país que los Estados Unidos de ninguna manera auxiliarán con dinero a Argentina, sino que será través de un “swap” como el chino.

La verdad es que Estados Unidos no quiere que el Gobierno argentino entre en default el año próximo, con una agenda de vencimientos imposible de afrontar con un Banco Central anémico de dólares.

Por eso, los analistas económicos hacen números y la cuenta no les da certeza de que el Gobierno libertario llegue con suficientes dólares a las elecciones del 26 de octubre, en la que el peronismo aparece competitivo para amargar otra vez a Milei.

Si los dólares ingresados por las retenciones cero se acaban antes de la elección legislativa, podría ser fatal para las aspiraciones electorales de La Libertad Avanza, pero también porque ya sería inevitable una devaluación que se evitó en abril y agosto pasados.

A la vista, Milei solo tiene en los próximos días una nueva visita a Trump, esta vez en el Salón Oval de la Casa Blanca, y a nivel vernáculo solo se reunió con el expresidente Mauricio Macri para aclarar cuitas entre ambos, y mañana avanzarán en algún ingreso del Pro al Gobierno.

Pero la Casa Rosada no muestra acción ni importantes signos vitales de vida: Milei y su nuevo exégeta Guillermo Francos, el jefe de Gabinete, “juegan” de contraataque y el ministro de Economía, Luis Caputo, solo atina a implorarle a Bessent que el auxilio económico llegue cuanto antes.

Para colmo surgió otro escándalo en medio de la campaña electoral y tiene como blanco nada menos que al primer candidato partidario en la provincia de Buenos Aires, José Luis Espert, quien sospechosamente no aclara las dudas a la prensa.

Milei lo sostiene, contra la opinión de su hermana Karina Milei; de Francos y de la otra gran candidata de La Libertad Avanza: la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, quien a pesar de que los tiempos violetas pronostican nubarrones y tormentas, ganaría cómodamente en la Ciudad de Buenos Aires.

Por todo ello, el líder de La Libertad Avanza no necesita un “swap” sino un “switch”, un cambio profundo mental y pragmático que lo coloque nuevamente al frente del Gobierno y de su propia tropa, porque el blindaje informativo que tenía se cayó a pedazos y ahora todos ‘sacan los trapos al sol’ como efecto dominó.

Milei reza entretanto por que no se cumpla la frase “no hay dos sin tres”, ya que no soportaría una nueva corrida cambiaria y por eso se adoptan -y habrá más- medidas para tratar de que no salgan más reservas del Banco Central.

Tribuna de Periodistas




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