RETENCIONES CERO

OPINIÓN

La payada inconclusa entre el Estado y el campo


Por Iván Nolazco 

La voz del gaucho en la noticia

Cuando el vocero presidencial Manuel Adorni anunció que el Gobierno eliminaba temporalmente las retenciones a los granos, hasta el 31 de octubre o hasta alcanzar US$ 7.000 millones en liquidaciones, no fueron solo los mercados los que escucharon.

En algún rincón de la pampa, en la memoria de los productores y en la literatura de un país, también resonó la voz de Martín Fierro. Ese gaucho que Hernández dibujó perseguido por la injusticia, obligado a entregar lo que era suyo, volvió a cabalgar como metáfora: hoy el Estado levanta un impuesto, mañana lo restituye, y el hombre de la tierra sigue atrapado en la misma copla.

El anuncio suena urgente: las reservas del Banco Central se agotan, el dólar supera los $1.500 y el Ejecutivo busca el manantial dormido en los silos. La eliminación de retenciones es menos un programa estructural que un grito de auxilio en plena tormenta.

El campo como eco de un reclamo

Las entidades rurales celebraron con entusiasmo. CRA lo llamó “un reclamo histórico” y CIARA-CEC se apuró a respaldar la decisión. No es casual: desde hace más de un siglo, el campo canta la misma copla que Fierro:

“Trabajando como buey,
nunca alcanza la ración;
lo que sobra en la nación,
se lo lleva otro en carretas,
y al gaucho sólo le aprietan
con tributo y obligación.”

La eliminación de retenciones devuelve aire a los productores, que podrán cubrir costos de siembra, pagar deudas y reinvertir. Pero también saben que este alivio es transitorio. Como tantas veces, el Estado promete hoy lo que mañana corregirá con otra pluma en el Boletín Oficial.

Una relación de desencuentros

La historia argentina está hecha de idas y vueltas en este terreno. Menem abrió las tranqueras en los noventa, Macri repitió la fórmula en 2016 y el kirchnerismo las volvió a cerrar con dureza. Siempre, como telón de fondo, el mismo dilema: ¿el campo es motor de desarrollo o caja recaudatoria?

La decisión actual repite la escena, pero con un límite temporal. Y el límite es también simbólico: octubre, el mes electoral. Una medida económica que se disfraza de política, o viceversa.

Tres efectos y un espejo

La medida trae alivio, pero deja dudas.
Habrá más dólares en lo inmediato, pero menos en los meses siguientes.
El Estado resigna recaudación y tendrá que ajustarse más adelante.
Y los precios internos sentirán el impacto: lo que gana el productor puede encarecer la mesa del consumidor.
El espejo refleja lo de siempre: pan para hoy, hambre para mañana.

La payada sigue

Fierro, que en su tiempo denunciaba la leva y el atropello, hoy podría hablar de retenciones y dólares. Su voz atraviesa la noticia como un recordatorio: lo que está en juego no es solo la liquidación de divisas, sino la posibilidad de un pacto duradero entre la tierra y el Estado.

Y así como cerraba sus versos con advertencias, bien podría dejar en esta coyuntura una payada breve:

“Al gaucho siempre lo esquilan
cuando engorda su majada,
y la cuenta nunca es clara,
ni la paga está segura.
Si el Estado no madura,
la herida sigue sangrada.”

Hasta entonces, estas retenciones cero son apenas un estribillo más en la payada inconclusa de la Argentina, donde el campo canta y el Estado responde, pero nunca llegan a entonar la misma melodía.

Tribuna de Periodistas

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