OPUS DEI, LA PELIGROSA SECTA DE LA IGLESIA CATÓLICA

OPINIÓN

A finales de 1989, la Iglesia Católica española lanzó un comunicado advirtiendo a sus fieles sobre el avance de sectas y nuevos movimientos religiosos de raíz oriental en el país


Por Diego Goldberg

Dos años antes, en Barcelona, se había celebrado el Primer Congreso Internacional sobre sectas y sociedad, que dejó en claro la preocupación de expertos internacionales —sobre todo norteamericanos— frente a la proliferación de estos fenómenos en sociedades atravesadas por el fundamentalismo religioso, la fragmentación social y el modelo de religiosidad “de mercado”.

El Parlamento Europeo ya había tomado cartas en el asunto en 1984, instando a los gobiernos a identificar a estos grupos y a proteger a los sectores más vulnerables, especialmente niños y jóvenes. España siguió esa línea en 1988 con la creación de una Comisión parlamentaria, cuyo informe fue aprobado por el Congreso.

En su declaración, la Iglesia española no sólo repitió la doctrina sociológica sobre los peligros de las sectas, sino que también reconoció que su propia falta de respuestas espirituales lleva a muchos católicos a buscarlas en esos grupos. Al mismo tiempo, buscó marcar distancia de los nuevos movimientos religiosos, evitando que se la asocie con el término “secta”.
El sectarismo dentro del catolicismo: el caso del Opus Dei

Lo que la Iglesia evita abordar es el sectarismo intraeclesial. Si bien el Vaticano suele tolerar grupos conservadores fieles a Roma, la institución del Opus Dei aparece señalada como uno de los ejemplos más claros de dinámica sectaria dentro del catolicismo.

Según varios analistas, con los mismos criterios que la propia Iglesia utiliza para definir a una secta —proselitismo sin escrúpulos, hermetismo, falta de diálogo—, el Opus Dei podría encuadrarse perfectamente en esa categoría.

Pese a ello, en España, país de origen de la Obra, existe una resistencia social y eclesiástica a reconocer su carácter sectario. Apenas algunos autores, como Pepe Rodríguez, lo mencionan de pasada en sus investigaciones.

De intelectuales a ejecutivos: la evolución del Opus Dei

En sus orígenes, durante los años 30 y 40, el fundador José María Escrivá de Balaguer dirigía el Opus Dei a jóvenes universitarios, con el objetivo de “recristianizar la ciencia y la cultura española”. El perfil de miembro era entonces el de un intelectual católico.

Sin embargo, a partir de los años 50, el movimiento dio un giro: buscó poder, dinero e influencia política. El numerario pasó de ser un académico a convertirse en un ejecutivo o gestor, orientado a ocupar espacios de decisión en la economía y la política.

El resultado fue un creciente cuestionamiento: acusaciones de complicidad con el franquismo, vínculos con el capitalismo y estrategias de proselitismo que, con el tiempo, se expandieron a la educación primaria, captando a niños desde edades tempranas.

Estrategia educativa y proselitismo infantil

Desde los años 80, el Opus Dei volcó gran parte de sus esfuerzos a la educación escolar, un espacio que le permite hacer proselitismo entre menores, compensando la caída de vocaciones universitarias.

Aunque la incorporación formal sólo puede darse a los 18 años, la Obra introduce a los alumnos en un itinerario de dependencia emocional y religiosa desde la niñez, bajo la figura de “numerarios aspirantes” desde los 16.

Esto refuerza un modelo sectario en el que la adhesión se fomenta antes de que los jóvenes tengan la madurez suficiente para decidir con libertad.

El modelo familiar y militar del Opus

La ideología de la Obra se articula en torno a dos paradigmas:

-La familia, con el fundador como “Padre” y los miembros sometidos a una obediencia emocional y jerárquica.

-El ejército, donde la disciplina, la “rendición del juicio” y el conducto reglamentario definen la vida interna.

Los numerarios entregan sus ingresos y herencias a la institución, viven bajo un control estricto de gastos y decisiones personales y hasta deben realizar testamentos en favor de la Obra.

El aislamiento espiritual se completa con la obligación de confesarse sólo con sacerdotes del Opus y la práctica de “confidencias” semanales con superiores laicos, lo que refuerza la dependencia psicológica.

Costos psicológicos y sociales

Diversos testimonios describen el estrés, las depresiones y los conflictos emocionales que sufren numerarios y numerarias. Exmiembros han relatado tentaciones de suicidio, sentimientos de culpabilidad constante y dificultades para reconstruir su vida afectiva tras abandonar la institución.

Según estudios y testimonios a los cuales tuvo acceso Tribuna de Periodistas, ocho de cada diez jóvenes del Opus terminan abandonando la organización, aunque la Obra evita difundir estadísticas oficiales.

El verdadero peligro: un sectarismo de élite

Más allá de lo religioso, el perfil del miembro adulto del Opus Dei suele estar ligado a las finanzas, la política, la banca, el ejército y las profesiones corporativas, lo que convierte a la Obra en una secta de élite con gran capacidad de influencia social.

Su elitismo espiritual y económico, sumado al control interno, la dependencia psicológica y el proselitismo entre menores, consolidan al Opus Dei como uno de los fenómenos más controvertidos del catolicismo contemporáneo.

Tribuna de Periodistas

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