EL NEGOCIO DE LA POLÍTICA

INFORME

Sobre el patrimonio de Sergio Uñac



Por Iván Nolazco

El nuevo gobierno en San Juan habla de una “super corrupción” heredada, pero hasta ahora no hay ninguna investigación iniciada. Entre patrimonios millonarios que crecen a contramano de la economía real y un Congreso que funciona como club exclusivo, la política argentina confirma lo que todos sospechan: más que servicio público, es un negocio privado.

La noticia que no sorprende

En la Argentina de las crisis recurrentes, las noticias económicas suelen repetirse como viejos tangos: inflación descontrolada, pobreza creciente, devaluaciones que se llevan por delante los sueños de los asalariados. Sin embargo, entre ese ruido cotidiano aparece un dato que, en lugar de desentonar, confirma lo que muchos sospechan: la política es un negocio rentable.

El 23 de septiembre de 2025, la Oficina Anticorrupción recibió la declaración jurada patrimonial del senador sanjuanino Sergio Uñac. El exgobernador informó bienes por 594 millones de pesos, con un incremento del 19,2 % respecto de 2024. En cualquier otra parte del mundo, semejante cifra podría levantar cejas, abrir investigaciones, generar debates éticos. En Argentina, apenas se transforma en un titular más que circula unas horas por redes sociales y luego se pierde en la marea de escándalos.

¿Es noticia que un político argentino se enriquezca? Sí. ¿Es sorprendente? No.

El ascenso patrimonial

El detalle técnico de la noticia revela un proceso de crecimiento constante. En 2023, Uñac había declarado 498 millones, con un salto del 308 % respecto al año anterior. En ese mismo período, la inflación alcanzó un 211 %: una cifra devastadora para la mayoría de los hogares, pero que parece ser apenas una brisa para los patrimonios políticos.

Lo notable no es el número en sí, sino la velocidad con que crece. Mientras el salario real de los trabajadores retrocede, los ahorros se esfuman y las jubilaciones apenas alcanzan para sobrevivir, las fortunas de quienes ocupan cargos políticos se multiplican como si la economía nacional tuviera dos mundos paralelos: El mundo de los ciudadanos, donde todo se encarece. El mundo de los políticos, donde todo rinde.

El ranking de los millonarios del Senado

El caso de Uñac no es aislado: se inscribe en un ranking de senadores millonarios que parece un club exclusivo dentro del recinto parlamentario.
Juan Carlos Romero (Salta) encabeza la lista con $4.361 millones.
Le sigue Carmen Álvarez Rivero (Córdoba) con $2.222 millones.
Luego aparece Martín Lousteau (CABA) con $1.912 millones.
Y en la segunda línea, Sergio Uñac con sus $594 millones.

¿Puede alguien creer que desde estas fortunas se legisla pensando en el asalariado que gana 250 mil pesos por mes? ¿O en el jubilado que espera el depósito de una mínima que no llega a la mitad de la canasta básica?

El Congreso, que debería ser la caja de resonancia de las necesidades sociales, termina convertido en una vidriera de patrimonios personales.

Transparencia o simulacro

La publicación de las declaraciones juradas es presentada como un gesto de transparencia institucional. Sin embargo, la transparencia muchas veces funciona como un simulacro. Lo que se publica es lo que se quiere mostrar, lo que entra dentro de la legalidad administrativa. Pero lo verdaderamente relevante —los negocios paralelos, las sociedades anónimas disfrazadas, los testaferros, los vínculos con contratistas del Estado— rara vez aparece en esas planillas.

Es una transparencia de museo: se muestran piezas limpias, catalogadas, bajo luz blanca. El resto queda en las sombras.

El ciudadano común podría preguntarse: ¿qué mecanismos permiten que patrimonios políticos se multipliquen a ritmos imposibles para cualquier actividad convencional? Y la respuesta se pierde en el laberinto de la política argentina, donde todo es legal hasta que se prueba lo contrario, y casi nunca se prueba nada.

Política y negocios: la línea borrosa

El título de este ensayo, El negocio de la política, busca señalar esa línea difusa donde la política deja de ser servicio público para convertirse en plataforma de acumulación.Los cargos se vuelven inversiones.
Los contactos se convierten en capital.
La información privilegiada es moneda de cambio.
Las decisiones de Estado abren puertas para negocios privados.

El político ya no es un representante del pueblo, sino un empresario de sí mismo. El Estado deja de ser la estructura que equilibra desigualdades y se transforma en el escenario donde algunos multiplican su patrimonio mientras el resto de la sociedad apenas sobrevive.

San Juan: el espejo provincial

En el caso de Uñac, la paradoja es doble porque su trayectoria está íntimamente ligada a San Juan, una provincia que lucha por sostener tres grandes motores económicos: la vitivinicultura, en crisis por la caída de exportaciones; la minería, que promete riquezas futuras pero deja dudas sobre beneficios reales para la población; y el turismo, que sobrevive entre altibajos.

En este contexto, ver al exgobernador convertido en uno de los senadores más ricos del país es una postal difícil de digerir.

San Juan debate si podrá sostener el precio de la uva, si la zona franca de Jáchal traerá inversiones, si el Paso de Agua Negra algún día será realidad. Mientras tanto, su exmandatario presenta una declaración jurada que lo ubica en una élite económica distante de esas preocupaciones.

El privilegio como sistema

La riqueza de los políticos no es un hecho aislado ni excepcional: es un sistema de privilegios. Los sueldos parlamentarios son altos, pero no explican estos patrimonios. El verdadero motor es el acceso a redes de poder que permiten multiplicar el dinero de formas vedadas al ciudadano común:Compras de tierras a precios políticos que luego se valorizan con obras públicas.
Participación en fideicomisos y empresas proveedoras del Estado.
Información económica anticipada que permite mover capital antes de que explote la crisis.

Todo esto dentro de un marco de legalidad difusa, donde lo ético queda en un limbo que nunca llega a los tribunales.

La democracia en venta

Cuando la política se convierte en negocio, lo que se vende no es solo la gestión pública. Se vende la confianza ciudadana. Y ese es el recurso más valioso de una democracia.

El ciudadano común, que paga impuestos, que trabaja jornadas interminables, que se ajusta a la inflación, mira estas cifras y se siente estafado. No porque un político tenga derecho a tener patrimonio —lo tiene, como cualquier ciudadano—, sino porque la magnitud y la velocidad de ese crecimiento desafían toda lógica de justicia social.

En el fondo, el mensaje es devastador: la política no es el lugar donde se construye el bien común, sino donde se asegura la prosperidad individual de quienes logran entrar al juego.

Lanata y la ética perdida

Jorge Lanata, con su estilo filoso y su ironía corrosiva, dedicó buena parte de su carrera a desnudar los pliegues oscuros del poder. Convirtió la corrupción en relato periodístico y expuso la riqueza inexplicable de quienes decían representar al pueblo. Su aporte, más allá de simpatías o rechazos, fue instalar la idea de que la política argentina estaba enferma de negocios.

Si Lanata mirara hoy estas declaraciones juradas, tal vez repetiría lo que dijo hace años: “la corrupción en la Argentina no es un accidente, es un sistema”. Porque el problema no es solo el enriquecimiento personal de un político, sino la erosión ética que genera en la sociedad. El descreimiento, la apatía, la resignación. Cuando la política se percibe como un negocio, el ciudadano ya no espera justicia ni representación: apenas espera no ser estafado otra vez.

Las preguntas que duelen

La noticia sobre Sergio Uñac no es, en el fondo, un hecho aislado. Es un síntoma. Un reflejo de un sistema donde la política se ha vuelto negocio y el negocio se disfraza de política.

Dos preguntas resuenan, incómodas, necesarias:

1. ¿Puede una democracia sobrevivir cuando sus representantes se enriquecen a un ritmo que multiplica la desigualdad social?

2. ¿Quién controla a los que dicen representarnos, si son ellos mismos quienes definen las reglas del juego?

Hasta que esas preguntas encuentren respuesta, seguiremos viendo titulares de patrimonios políticos millonarios que crecen mientras la mayoría apenas llega a fin de mes. Y seguiremos confirmando que, en Argentina, la política dejó hace tiempo de ser servicio: se convirtió, sin disimulo, en negocio.

El nuevo gobierno en San Juan habla de una “super corrupción” heredada, sin embargo, no hay ninguna investigación iniciada. ¿Será tal vez el espíritu de cuerpo que protege a los propios, o simplemente la moneda de favores políticos que nunca deja de circular?

Tribuna de Periodistas


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