OPINIÓN
Por eso me he vuelto anarquista
Por
Christian Sanz

Trabajo desde que tengo memoria. Incluso antes. Comencé cerca de los 13 años, vendiendo revistas usadas en la vereda de mi casa. Poco después, a los 16, ingresé a una farmacia, ubicada en Av. Santa Fe y Laprida, de la Ciudad de Buenos Aires. Pleno barrio de Palermo.
Desde aquel momento hasta estos días, nunca he dejado de trabajar. He sido vendedor, auditor, jefe de Personal, gerente de RRHH y, lo más importante, periodista profesional.
Mis aportes jubilatorios no me dejan mentir. Tengo más de 30 años de “poner la tarasca” -y de pagar impuestos ininterrumpidamente- aunque no cuento con la edad todavía para ser un “pasivo laboral”.
En el interín, me ofrecieron al menos en media docena de oportunidades trabajar en política o ingresar como “ñoqui” en algún organismo público. Como si alguien me hiciera un favor por ello.
Y siempre me rehusé a aceptar. Porque desde el sector público poco y nada se resuelve. Tampoco se genera riqueza ni mucho menos.
Por eso, me jacto de haber trabajado siempre en el sector privado. Sin jamás depender del Estado. Por esa “es la fácil”. Un lugar cómodo donde se trabaja poco y se gana mucho. Un conchabo de manual.
Más de la mitad de la gente que conozco busca salvarse con algún “carguito”. Son realmente pocos los que motorizan ideas innovadoras desde el ámbito privado. Que se animen a arremangarse y jugársela.
Claro, el Estado siempre garpa. Y se trabajan pocas horas por semana. Y encima hay negociados por doquier para llevar adelante. Siempre millonarios. Cuyo dinero sale de los impuestos de todos nosotros.
Por eso, repudio a los políticos, y a los que viven de la teta del Estado. Porque no veo que ayuden a cambiar nada. Todo lo contrario. El país es cada vez más decadente.
Para colmo, los tipos son cada vez más ricos, y en una lógica inversamente proporcional, la gente es cada vez más pobre. En una suerte de juego perverso que regala personajes como Amado Boudou, o Edgardo Kueider, o Aníbal Fernández, o Sergio Massa. Millonarios y narcos. Narcos y millonarios, el orden de los factores no altera el producto.
No es sólo potestad de los peronistas. Los hay en todos los partidos políticos. Tipos acomodaticios y corruptos. Los tuvo el PRO y los ostenta La Libertad Avanza. De a docenas. ¿La casta? Bien, gracias. Todos intocables. El versito era sólo de la boca para afuera.
Por todo ello, me he vuelto todo un anarquista. Aunque no crea en la anarquía, porque es sinónimo de caos y descontrol. Pero estoy harto de mantener a una caterva de vagos y corruptos, que no buscan mejorar el país, sólo multiplicar sus patrimonios. He dicho.
Tribuna de Periodistas
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