OPINIÓN
Crónica de un amor tóxico entre La Libertad Avanza y el PRO

Por Iván Nolazco
Una novela gótica disfrazada de acuerdo electoral. Entre ruinas simbólicas y listas compartidas, Karina Milei y Mauricio Macri encarnan una historia de amor político donde el desprecio se firma en boletas y el compromiso huele a derrota.
“Él no era un hombre, sino un resentimiento con botas. Ella no era una mujer, sino un mandato de familia. Y sin embargo, se amaban. A su manera: con odio.”
En la cima del cerro más alto de la Pampa Húmeda, allí donde los pastos tiemblan ante el ruido de una motosierra y las sombras de viejos contratos de obra pública aún se arrastran entre las grietas del suelo, se alzaba una mansión en ruinas. Nadie sabía bien si se llamaba Cumbres Borrascosas, Residencia Olivos o Casa Rosada, pero todos sabían quiénes vivían dentro: Karina Earnshaw y Mauricio Heathcliff.
Ella, la hermana menor del Libertario, guardaba en el pecho la frialdad de los jinetes del Apocalipsis y, en la cartera, la lapicera con la que firmaba los destinos ajenos. Él, patriarca de un linaje desgastado llamado PRO, todavía creía que podía mandar con un solo gesto de cejas.
Ambos se amaban desde lejos. Desde el despecho, desde la falta de opciones, desde la humillación negociada. Como Catherine y Heathcliff, no podían estar juntos, pero tampoco separados. Y así, entre portazos y planillas de Excel, se fundó esta nueva alianza política que nadie pidió, pero que todos esperaban. Como un divorcio anunciado que decide, por miedo a la soledad, celebrar segundas nupcias.
Del amor a la lista sábana hay un solo lugar “entrable”
Después del desastre electoral de mayo —que fue como un funeral sin cuerpo pero con encuestas— Mauricio bajó los ojos y aceptó el beso envenenado: el 5.º y 6.º lugar en la boleta. Atrás quedaban los años de dominio amarillo, los globos, el coaching y los “sí, se puede”. Lo que venía ahora era una historia de amor por necesidad, de esas que terminan con ambos llamando a sus abogados antes de escribir los votos.
Karina lo recibió con frialdad. No lo miró. Lo señaló. Y a su lado, como un coro gótico salido de una novela victoriana, los enviados de la Secretaría General de la Presidencia recitaban cláusulas, condiciones y vetos. El primo Jorge, sin derecho a mesa. Patricia, encabeza. Vos, Mauricio, traé café.
Mauricio Heathcliff apretó los dientes. No por bronca. Por orgullo. Porque sabía que en las tragedias literarias, el personaje que cree tener el poder muchas veces ya fue vencido en la primera página. Y esta historia, aunque todavía no se imprime, ya tenía tinta negra manchada de derrotas.
Una alianza con olor a encierro
Como en Cumbres Borrascosas, nadie entiende bien por qué están juntos. Él la odia, pero no puede dejar de mirarla. Ella lo necesita, pero lo desprecia. En cada gesto de cariño hay una amenaza velada. En cada renuncia, una puñalada por la espalda. Son esos matrimonios políticos que no duran, pero tampoco se disuelven, porque su mayor temor no es fracasar, sino quedar solos.
Y el Congreso, ese páramo ventoso donde los fantasmas del peronismo vagan con chalecos de fuerza presupuestaria, será el escenario de esta nueva novela por entregas. Ritondo, convertido en narrador de la saga, advierte que acompañarán el veto presidencial a las leyes de jubilaciones y discapacidad. No por convicción. Por apego a los rencores compartidos.
Porque en esta historia, el único valor que une a los protagonistas no es la patria, ni el proyecto, ni la ideología: es la imposibilidad de deshacerse el uno del otro sin caer en el abismo.
La pasión según Karina
No hay amarillo. No hay PRO. No hay globología, ni Durán Barba, ni palomas ni halcones. Solo hay una marca: La Libertad Avanza. Como un perfume con olor a querosén, se impone en la boleta sin preguntar.
Karina no necesita hablar. Escribe con tinta invisible en los márgenes del poder. Y Mauricio, el viejo heredero de una república en fuga, descubre tarde que ya no es protagonista, sino personaje secundario en la saga de otro apellido.
Bullrich, que supo ser la Catherine combativa de la primera parte de esta novela, regresa como senadora para poner el cuerpo —y el uniforme— a una historia que ya no tiene épica, sino administración del daño.
Los muertos que caminan juntos
En Cumbres Borrascosas, Catherine muere joven y Heathcliff se pasa la vida profanando su tumba con palabras de amor y actos de venganza. En esta versión argentina, la tumba es el legado político del PRO, y la venganza es el acuerdo que los obliga a seguir juntos.
Y mientras la boleta se imprime y las alianzas se escriben con tipografía judicial, los viejos votantes miran con desconcierto esta escena de amor disfuncional.
¿Es esto una coalición? ¿Una capitulación? ¿Una novela gótica? ¿O simplemente el capítulo final de un experimento que confundió gobernar con controlar?
No hay respuestas. Solo una imagen: dos figuras de espaldas, caminando hacia el Congreso, con la misma furia resignada con que Heathcliff caminó hacia su destino. Sin amor, sin honor, pero con lista unificada.
Y así, entre ruinas y reproches, La Libertad y el PRO sellaron su destino: vivir juntos, morir juntos, pero jamás entenderse.
Tribuna de Periodistas
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