ALGO PARA RECORDAR: LA ERUPCIÓN DEL VOLCÁN HUDSON

HISTORIAS

"Cuando el día se hizo noche"

La erupción del volcán Hudson de 1991 fue una de las más violentas y duraderas de la historia sureña. Entre el 8 y el 15 de agosto, el volcán expulsó unas 2.500 toneladas de cenizas volcánicas que cubrieron extensas aéreas de Chile y de la provincia de Santa Cruz, cubriendo un área de 150 mil kilómetros cuadrados. El 8 de agosto de 1991, a eso de las 18:20 horas, el Hudson inició un ciclo eruptivo, precedido por actividad sísmica levemente perceptible. Al mediodía del 12 de agosto, desde el segundo cráter, se inició la segunda y más importante erupción en este proceso. El volcán permaneció en actividad hasta el 29 de diciembre de ese año.

La erupción produjo una columna de cenizas que, arrastrada por los vientos, cubrió la mayor parte de la Patagonia y provocó la muerte de medio millón de ovejas y la destrucción de los cultivos.

En las cercanías del Hudson, la capa de cenizas tenía un promedio de 45 centímetros de altura. En otros lugares, la capa alcanzó hasta más de un metro de espesor. Las localidades más afectadas por las cenizas fueron Los Antiguos, Perito Moreno, Las Heras, Pico Truncado y Caleta Olivia.

Los síntomas de la exposición a las cenizas en animales y humanos fueron irritaciones de la vista y de las vías respiratorias y digestivas. Además, tras un par de meses, se observó que las uñas de varias personas no habían crecido y que habían perdido una gran cantidad de cabello por la acción abrasiva del material volcánico, según detalló un informe del INTA.

Nada volvió a florecer durante años y pocos apostaban a la recuperación del lugar. La localidad de Los Antiguos, soportó un fuerte éxodo de la población y la angustia de un futuro marcado por las cenizas.

Los primeros días que caía la ceniza hacía calor, entraba en todas partes y todo olía a azufre. A la gente que se quedó le pedían que no saliera de sus casas. No se podía respirar, usaban las máscaras pero no servían de nada. Los animales morían de hambre y sed. Todo estaba a oscuras, el día se hizo noche.

La mayoría de las mujeres y niños habían sido evacuados a otras localidades y los varones se quedaron a sacar las cenizas. Poco a poco algunas familias retornaron, pero otras no volvieron nunca. Estuvieron tres años sin cosechas, todo se perdió. Entre todos limpiaron las calles, los techos, las chacras y se sacaron del pueblo 20.000 toneladas de cenizas en camiones y máquinas que llegaron de todas partes del país.

Si bien no fueron un aporte fertilizante a la tierra, como se creyó durante un tiempo, sí contribuyeron a mejorar las condiciones del suelo en cuanto a la permeabilidad al agua y la aireación, según explicaron en su momento los técnicos del INTA. Debieron pasar varios años hasta que los suelos se recuperaron.

En Piedra Buena, la ceniza logró cubrir el cielo, no vimos el sol durante mucho tiempo. La ceniza estaba en todos lados, tanto dentro como fuera de los hogares. Era difícil conseguir máscaras para protegerse, algunos usaban barbijos, otros recomendaban pañuelos mojados para cubrir boca y nariz, pero nada ayudaba. La ceniza se quedaba en el pelo, en la piel, en los pulmones. Pero logramos sobrevivir a una de las catástrofes más violentas y duras del sur argentino.

Piedra y Camino


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