LA MUERTE DEL CONOCIMIENTO NO ES UN DAÑO COLATERAL

OPINIÓN

La muerte del conocimiento es silenciosa, pero sus consecuencias están destinadas a resonar con fuerza por varias generaciones. La guerra no destruye únicamente los cuerpos y los edificios también hace lo propio con los puentes que conectan el presente y el futuro


Por Rubén Valle

Setenta médicos muertos en el conflicto Israel-Palestina en apenas 50 días. En el mar de datos que surcan a diario nuestro ecosistema comunicacional ese número puede que no diga demasiado. Que pase de largo como el choque de cada día, el jugador más caro o el último escándalo de Wanda y la China. Pero esos 70 no son un número más. No son pocos ni son muchos, son irremplazables. Una cifra que interpela, que avergüenza. Que acojona.

Tanto la Organización Mundial de la Salud como otras organizaciones internacionales vienen alertando acerca de la gravedad de perder profesionales de la salud en el marco de un conflicto bélico. Las consecuencias de esas bajas son directas y claramente significativas para la salud pública, no son meros daños colaterales. Sin embargo, en la programación de las bombas y demás armas letales no hay distinción alguna. La destrucción de la infraestructura médica dificulta la atención a corto y largo plazo y altera profundamente la dinámica social. El jenga se viene abajo, pero el mundo sigue andando. Imperturbable.

La muerte de profesionales altamente capacitados representa una pérdida irreparable para el sistema de salud y la sociedad toda. Hasta julio de este año se estima que han muerto más de 1.057 profesionales médicos y de la salud palestinos en la Franja de Gaza desde el inicio del conflicto con Israel (octubre de 2023). Datos documentados y confirmados por organismos internacionales como la ONU, Cruz Roja y medios especializados, lo que no significa que el número real no pueda ser aún mayor.

Analizar este aspecto puntual invita a dejar de lado las razones políticas que mueven a los líderes a avanzar o dar marcha atrás en estos enfrentamientos. "Los periodistas tenemos que tener dudas porque la certeza, muchas veces, lleva al fanatismo. Y el periodismo se puede permitir cualquier cosa, menos el fanatismo", propone el periodista y empresario Daniel Hadad. Y su frase resulta pertinente en este contexto para que se pueda llamar la atención acerca de la pérdida impagable de los profesionales de la salud sin tener que salir a justificar o no la acción bélica.

Cada médico asesinado, cada investigador desaparecido, representan tratamientos que no se desarrollaron, vacunas que no se descubrieron, libros que no se escribieron. La muerte del conocimiento es silenciosa, pero sus consecuencias están destinadas a resonar con fuerza por varias generaciones. La guerra no destruye únicamente los cuerpos y los edificios también hace lo propio con los puentes que conectan el presente y el futuro. Y en el medio de ese puente estamos los testigos involuntarios que no entendemos la sinrazón.

* * * * * * * * * *
Un Adorni para Petri. Se llama Francisco y es el hermano de Manuel Adorni, el famoso vocero-legislador. Como parece ser de familia, además de un cargo en el gobierno también quiere hacer lo suyo en la política, pese a que eso suene "tan a casta". Recientemente, Francisco fue designado por el ministro de Defensa, el mendocino Luis Petri, al frente del Instituto de Ayuda Financiera para Pago de Retiros y Pensiones Militares, el organismo que administra las jubilaciones y pensiones de las Fuerzas Armadas. Como si esto fuera poco, el Adorni menor ocupa el tercer lugar en la lista de La Libertad Avanza para una banca en el municipio de La Plata. No hay mucha expectativa puesta ahí, pero hace que su nombre empiece a aparecer en el radar.

Solución de nada. Cuando fue herido la semana pasada en una parroquia de la Franja de Gaza supimos que el cura argentino Gabriel Romanelli se había formado en la Congregación del Verbo Encarnado, de San Rafael, hasta que en 1995 había partido a Medio Oriente. Tras los bombardeos israelíes, sus palabras tuvieron un fuerte eco. Desde la sensatez más absoluta, el religioso planteó: “La solución no es matar a la gente, es dejar entrar comida... Nuestra parroquia se ha convertido en refugio, hospital y cementerio. Esta guerra tiene que terminar, no va a ser la solución de nada y las heridas de esta guerra van a llevar mucho tiempo curarlas”.

Trompita limpia. La implacable motosierra no pudo con una dependencia muy sui generis del Ministerio de Economía de la Nación. Se trata del Jardín de Infantes "El Elefante Trompita". Leyeron bien. Es más, esa cartera también se debe hacer cargo de la limpieza integral de este singular ámbito educativo, por lo que lanzó una licitación para contratar el servicio. “El gasto que demande la implementación de la presente medida será imputado a las partidas específicas del Servicio Administrativo Financiero 362, para los ejercicios correspondientes”, leemos en el Boletín Oficial. Y si no lo hacen bien, chas chas en la colita, como reza la canción emblemática del jardincito.

Ya no sos lo que eras. Mucho zonda ha corrido desde aquellos tiempos en que Mendoza era, además de la tierra del sol y el buen vino, sinónimo de limpieza. Caminar por las anchas e impecables veredas citadinas era parte del disfrute propio y ajeno. Los turistas pasaban el santo y seña a los futuros visitantes acerca de la pulcritud característica de los mendocinos. No sólo los municipales le sacaban lustre al microcentro sino que también desde muchos locales comerciales aportaban su cuota de lampazos hiperactivos. Postal del pasado. Hoy, las nuevas generaciones de turistas no sólo no destacan aquella virtud ecológica y cultural sino que hace su propio aporte tirando botellas de plástico y papeles en cualquier lado. O, tanto peor, vandalizando piedras en Potrerillos para eternizar sus nombres en una absurda pintada. En esto Juan, lo viejo no funciona.

Maridaje de la semana. Por disposición del Ministerio de Salud de la Nación se amplió el uso obligatorio de la receta electrónica para estudios, prácticas y procedimientos. En Mendoza, por un tiempo más coexistirán los formatos digital y papel.

LOS ANDES


Comentarios