OPINIÓN
Hay bicicletas que tienen alas de ángeles
Por Walter R. Quinteros
Diana, subía a su hijo a la bicicleta, y pedaleaba, pedaleaba de lo lindo.
Con lluvia, calor, o frío.
Lo dejaba en la canchita, en la escuelita de fútbol.
Pero antes, por las mañanas, aquel niño ayudaba a su papá a armar bolsas de carbón para vender en el mercado.
Después iba a la escuela.
Como era un niño inquieto, hiperquinético, el médico le dijo a Diana que su hijo debía practicar algún deporte.
Entonces y de pequeñito, Diana lo llevó a "El Torito", el equipo de fútbol de un barrio humilde rosarino.
El pibe jugaba, bien, muy bien, hermoso jugaba.
Corrieron la voz y aparecieron los cazatalentos de Rosario Central, que lo ficharon.
Diana lo llevaba todos los días a los entrenamientos en su bicicleta.
Media hora de ida.
Media hora de vuelta.
Cuentan que una vez, cuando ya tenía 16 años, el papá le dijo: "Tenés tres opciones: podés trabajar conmigo, podés terminar la escuela o podés probar otro año más con el fútbol. Pero si no funciona, vas a tener que venir a trabajar conmigo".
Diana dijo: "Un año más en el fútbol".
Un mes antes de ese "año más", debutó en la primera de Rosario Central.
Con su primer sueldo, les compró una casa a sus padres para devolverles todo lo que habían hecho por él.
Estamos hablando de Ángel Di María.
Cada vez que juega un partido, Ángel, "el fideo" Di María, llama a dos personas antes de salir a la cancha: a su mujer, Jorgelina Cardoso, y a su madre Diana Hernández.
"Mi pareja me da suerte y mi mamá es la que me da la bendición".
De su debut en Rosario Central, pasó al Benfica de Portugal, de ahí al Real Madrid de España, y luego al Manchester United de Inglaterra, y al PSG de Francia, y en Italia vistió la camiseta de la Juventus. Y volvió al Benfica y ahora...
Ahora volvió a su casa.
Nuevamente es jugador de Rosario Central.
Ángel, el hijo de Diana, nació el 14 de febrero de 1988 en la ciudad de Rosario, y quiere ser campeón con aquel equipo que lo vio crecer.
"Mami, vos me enseñaste que nunca hay que bajar los brazos".
Y Diana lo abraza.
Ninguno olvida la bicicleta de Diana.
La que tiene alas de ángeles.
Bienvenido a tu casa Ángel, bienvenido al fútbol argentino.
Y, a vos Diana, gracias por todo.

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