ARGENTINA; EN EL TOP DE PAÍSES MÁS CAROS DE LA REGIÓN

ECONOMÍA  / OPINIÓN

En Argentina, la coexistencia de múltiples tipos de cambio y la incertidumbre macroeconómica generan precios distorsionados

Por Morena Esquivel

Desde Mendoza, y pensando en economía, se suelen buscar comparaciones tras cordillera, con Chile. El índice “tour de compras” es uno de los parámetros que mide qué tan accesible es o no, vivir en estas tierras. En esta nota proponemos esta vez tomar un barco para cruzar el Río de la Plata y mirar qué sucede en Uruguay: ¿estamos igual de caros?

Desde diciembre de 2024 Argentina vivió un proceso de cambio de modelo económico. Un fuerte golpe inflacionario fue emparejado con una estrategia de tipo de cambio con un dólar barato y “básicamente quieto".

“El país pasó a integrar el listado de los más caros superando a muchos que ya eran caros para nosotros, como por ejemplo Uruguay. El fuerte shock de precios, con un tipo de cambio que está sostenido en un nivel más bajo produjo un proceso de inflación en dólares con el consecuente aumento de todos los precios medidos en esa divisa”, analiza el economista Nicolás Aroma, director del Centro de Economía y Finanzas de Mendoza.

Una de las consecuencias directas para la provincia fue convertirse en costosa frente a los vecinos. Vacaciones y compras empiezan a convertirse en un plan atractivo fuera de la frontera, por ejemplo, en Chile o en el país verdeamarelho, donde hubo una devaluación del real cercana al 28% en 2024. Pero, lejos del lujo del ocio, el verdadero problema sigue siendo llenar la heladera después del alquiler.

Viendo un canal porteño desde Montevideo me tenté con el zócalo: “Uruguay está barato”. Ni tanto. El “paisito” se encuentra entre los 15 con la nafta más cara del mundo y algo similar sucede con las tarifas de los servicios, que de por sí engordan las cuentas. Para el director del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), Ignacio Munyo, “detrás de lo caro que es el Uruguay hay múltiples factores: un entramado regulatorio —histórico y acumulado— que genera sobrecostos, un mercado de baja competencia con monopolios y oligopolios, y una coyuntura prolongada de atraso cambiario explicada por razones macroeconómicas”.

El ministro de economía oriental, Gabriel Oddone, declaró hace poco, “todo país pequeño es caro por definición” y admitió que, aunque existan “enormes oportunidades” para mejorar la eficiencia del Estado y las regulaciones, ninguna medida cambiará de fondo el problema. Para el jerarca, parte del encarecimiento responde a que Uruguay tiene “niveles salariales comparativamente elevados” y reducir el costo de vida implicaría afectar esos ingresos. Habría que estudiarlo.

En cuanto a cómo mejorar los salarios el escenario es desafiante para el país que conduce Milei, “mejorar la competitividad sin seguir afectando los salarios no es fácil. El problema no es si Argentina es cara o barata respecto a otros países, sino que los precios son altos para lo que la gente puede pagar. Por eso cae el consumo, se frenan las ventas y la industria alimentaria se estanca: el poder adquisitivo no alcanza para sostener la economía doméstica”, apunta Aroma.

Dice la letra de un tango… “por más que me arremango, no descubro un mango, ni por equivocación”. Y es que, a veces, somos algo “difíciles” de entender. "En Argentina, la coexistencia de múltiples tipos de cambio y la incertidumbre macroeconómica generan precios distorsionados. Para el turista, eso se traduce en una percepción ambigua: algunos servicios parecen muy baratos, mientras que otros resultan sorprendentemente caros, según el tipo de dólar con que se hagan las cuentas. Entender esta diferencia es clave para pensar políticas más efectivas", comenta el economista uruguayo Sebastián Fleitas, profesor de economía de la Universidad Católica de Chile.

También lo es entender las razones estructurales por las que un país se vuelve oneroso. Cuando esta cronista decidió mudarse a Uruguay, hace un año y medio, vestirse, moverse o salir a comer afuera salía cuatro veces más en zona charrúa, esa brecha, tal como contamos, se redujo abruptamente.

Uruguay y Argentina, claro está, tienen realidades económicas distintas, con historias, escalas, estructuras e idiosincrasias diferentes. Sin embargo, el desafío en parte es compartido: cómo lograr ese crecimiento sostenido que contemple además el bienestar de sus ciudadanos, reducir la incertidumbre y construir sociedades más equitativas. ¿Utópica? Puede ser, aun así, es nuestro deber forzarnos a caminar dos pasos, aunque el horizonte se corra diez más allá. “¿Para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.

LOS ANDES


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