POLÍTICA
Cristina, con tobillera, salió a saludar como si fuera Evita... otra vez
Condenada por corrupción, ahora con tobillera electrónica y prisión domiciliaria, Cristina se da el lujo de hacer actos desde el balcón de su casa luego de que se confirmara dicho permiso.
Cristina Fernández de Kirchner, la misma que manejó el país como si fuera su chacra personal, volvió a hacer de las suyas. Ahora desde su nuevo escenario: el balcón de su departamento en San José 1111.
Condenada a seis años de prisión por la causa Vialidad, con tobillera electrónica recién colocada y en plena prisión domiciliaria, la expresidenta decidió salir a “saludar” a sus militantes como si todavía tuviera algo que celebrar.
El Tribunal Oral Federal 2, con una pasmosa generosidad, le permitió usar el balcón. Sí, le dieron el “ok” para que se luzca como en sus épocas de esplendor, ignorando por completo que está cumpliendo condena por corrupción.
La Justicia, que debería marcar límites claros, le pide “sentido común” para no molestar a los vecinos. ¿Sentido común a Cristina? Es como pedirle humildad a un narcisista.
La Dirección de Asistencia de Personas bajo Vigilancia Electrónica ya instaló el dispositivo que la va a controlar. La misma Cristina que siempre se creyó impune, ahora debe estar atenta a dos celulares, uno que puede sonar en cualquier momento y otro que monitorea si no se le ocurre salir a caminar al Congreso.
Mientras tanto, su abogado Carlos Beraldi llora en tribunales diciendo que la medida “es innecesaria”. ¿Innecesaria? Estamos hablando de una mujer condenada por robarle al Estado, que debería estar tras las rejas y no decorando su balcón con pancartas de “vamos a volver”.
El colmo llegó cuando, luego de la autorización judicial, Cristina salió a escena. Acompañada por un grupo de fanáticos que todavía le cantan como si no fuera una delincuente, se mostró desafiante, saludando con sonrisa de mármol y mirada de víctima. Una postal digna de un país que todavía no termina de asumir lo que fue el kirchnerismo: un festival de impunidad, mentira y manipulación.
Lo que debería ser una escena de vergüenza (una expresidenta condenada y vigilada) se convirtió, gracias a su aparato militante, en un show montado con épica barata. Como si no fuera suficiente con el desastre económico que dejó, el aparato político del PJ sigue blanqueando a su jefa como si fuera una santa perseguida.
¿El mensaje final? Que la jefa de la banda sigue teniendo poder. Aún con tobillera, aún en prisión domiciliaria, Cristina sigue midiendo fuerzas y mostrando los dientes. No hay arrepentimiento, ni reflexión, ni justicia plena: solo show, victimismo y más manipulación.
(Agencia NOVA)

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