EDITORIAL
Todos los días, niños y adolescentes mueren producto de la violencia, tanto en las calles como en sus propios hogares
Por Walter R. Quinteros
Thiago Correa tenía tan solo 7 años, Thiago Correa, estaba jugando con su padre mientras esperaban el colectivo, pero en ese momento, recibió un disparo en la cabeza. Disparo que vino durante un enfrentamiento entre un policía de la Federal y cuatro ladrones. Desde ese momento, le diagnosticaron muerte cerebral, pero cerca de la hora 20 de ayer, nos dejó a todos huérfanos de su sonrisa, y de sus sueños.
La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, planteó que el policía, identificado como Facundo Daniel Aguilar Fajardo "estaba con su mamá, que lo acompañó a la parada de colectivo”, momento en que fue abordado por los delincuentes. "Ellos generaron el hecho, fueron a quitarle la vida a Thiago, a Facundo Fajardo y a su mamá, les fueron a sacar la vida", consideró.
En el enfrentamiento contra estos cuatro ladrones, el policía mató a un ladrón, se llamaba Brandon Corpus Antelo, de 18 años. Mientras que Uriel Alexis Montenovo y Uriel Emanuel Leiva, los dos de 21 años, terminaron heridos. El cuarto delincuente se dio a la fuga.
El policía estaba vestido de civil y fuera de servicio al momento de ser abordado para robarle y mientras tomaban del cabello a su madre. Aguilar Fajardo se identificó, sacó su pistola reglamentaria y comenzó a disparar.
Se sabe, que la muerte de un niño no es un efecto secundario, es un daño que ocasiona un inmenso dolor, su muerte socava estructuras familiares, impacta en ambientes escolares, propaga el miedo, la desesperanza. La sociedad cae en un tembladeral. Y empezamos a juzgar ciertas actitudes, y los diversos comportamientos de las partes.
¿Thiago estaba en el lugar y el momento equivocado?
¿Thiago eligió estar en el medio del recorrido de los proyectiles de una 9 mm?
¿Thiago eligió vivir en un barrio invadido por la desigualdad, la pobreza y la violencia?
Todos los días, niños y adolescentes mueren producto de desquiciados acontecimientos, tanto en las calles como en sus propios hogares.
Eso nos indigna, nos entristece. Hoy tenemos un pequeño fallecido más, se llamaba Thiago. Jugaba con su padre, con la tierna inocencia que tienen los niños. Lo mató una bala dirigida a otras personas y disparada desde 198 metros.
Con la muerte de este pequeño, también ha muerto un proyecto de vida. Y se nos muere parte de aquellos estímulos que, de vez en cuando, tenemos como sociedad para soñar, para innovar.
¿Usted piensa en los daños secundarios cuando cuatro delincuentes golpean a su madre?
¿Hubo en el polícía, exceso de celo en su legítima defensa?

creo que fue fatalidad, el policía se defendió, el nene estaba en el lugar equivocado
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