SHOW DE IMPUNIDAD EN CADENA NACIONAL MILITANTE

OPINIÓN

Presa, pero con micrófono

Cristina Fernández de Kirchner habló en vivo desde su prisión domiciliaria, se victimizó, desafió a la Justicia y convirtió la condena por corrupción en un acto de autopromoción militante. 

Este 18 de junio de 2025 no fue un día más. Fue un día de esos que dan vergüenza ajena. Cristina Fernández de Kirchner, condenada por corrupción, con prisión domiciliaria concedida de onda por el juez Jorge Gorini, rompió el silencio... y también las reglas.

Mientras debería estar en su casa cumpliendo condena y reflexionando sobre cómo chorearse un país entero, la jefa de la banda decidió montar un show personal y narcisista, con audio desde su departamento en Constitución, y hasta un saludo en vivo como si fuera una estrella pop.

La movilización, que supuestamente era para “acompañarla” a entregarse en Comodoro Py, se reconvirtió en un acto militante de puro humo en Plaza de Mayo. ¿Y qué pasó? Hizo lo de siempre: se puso en el centro de todo.

Usó a los militantes como rebaño ciego, con síndrome de Estocolmo activado a full, para victimizarse y volver a instalarse como mártir del "modelo". Pero ojo: no habló del peronismo, no habló de los problemas del país. Habló de ella. Siempre ella.

En su delirio de relato, dijo que su condena es una proscripción, que no la dejan competir porque “saben que pierden”. Cristina... te condenaron por ladrona, no porque seas peligrosa en las urnas.

La Corte Suprema confirmó tu inhabilitación perpetua, pero eso no impidió que le prometieras a tu tropa enceguecida: “Vamos a volver, con más unidad y fuerza”. ¿Volver a qué? ¿A chorear el Ministerio de Planificación otra vez? ¿A manejar bolsos por el convento?

La postal fue tristemente absurda: muñecos de Néstor Kirchner y Cristina en manos de La Cámpora, banderas con la cara de la condenada, y un audio que se pasó por los parlantes como si estuviéramos en la misa de una santa. Todo mientras ella misma se quejaba de que no la dejan salir “ni al balcón”. Si no fuera real, sería un capítulo de Los Simpson versión sur del conurbano.

Lo más grave es que Cristina, aún condenada, sigue operando políticamente. Desafía al Poder Judicial, se burla de las instituciones y juega al borde del delirio místico. Y lo peor: miles la aplauden. Como si fueran rehenes agradecidos. Como si el choreo fuera una hazaña revolucionaria.

Movilización masiva en Plaza de Mayo

Pese a que la entrega de Cristina Kirchner a la Justicia nunca se concretó de forma presencial, Plaza de Mayo volvió a ser el epicentro de una demostración de fuerza del peronismo. Con banderas, bombos y los clásicos muñecos de cartón de Néstor y Cristina, miles de militantes coparon el centro porteño en apoyo a la expresidenta.

El operativo, que originalmente apuntaba a Comodoro Py, se trasladó a Plaza de Mayo luego de que el Tribunal Oral Federal 2 le concediera la prisión domiciliaria, evitando así un escenario de tensión judicial directa.

Entre los presentes se vieron referentes de La Cámpora, intendentes del conurbano, dirigentes sindicales y agrupaciones de izquierda, todos alineados en el relato de que la condena a CFK no es por corrupción, sino una maniobra de "proscripción política".

Con pancartas que decían "Cristina o nada" y "El pueblo con ella", la marcha dejó en claro que el núcleo duro del kirchnerismo sigue vivo, aunque encapsulado en una lógica de culto a la personalidad que se distancia cada vez más de la agenda real de la sociedad.

Cómo cumple Cristina su prisión domiciliaria: controles, restricciones y privilegios

El juez Jorge Gorini fundamentó su decisión en tres puntos: su edad (72 años), su condición de expresidenta, lo que implica riesgos especiales de seguridadl y el antecedente del intento de magnicidio de 2022.

Aunque originalmente se planteó el uso obligatorio de una tobillera electrónica, por ahora el control se realiza mediante una custodia policial permanente, y la Justicia evalúa si será necesario complementar con tecnología de monitoreo.

Entre las condiciones impuestas, Cristina tiene estrictamente prohibido abandonar su domicilio, salvo en casos excepcionales de fuerza mayor previamente autorizados. También se restringieron las visitas: debe informar con anticipación quién ingresa, en qué horarios, y permitir que se les realice una requisa.

A pedido de la fiscalía, se incorporó una cláusula para evitar el consumo de alcohol en el hogar, aunque esta medida aún está bajo revisión judicial. Cualquier acto que implique un desborde, como generar aglomeraciones en la vía pública o hablar desde el balcón, podría considerarse una violación a la tranquilidad del vecindario y derivar en sanciones.

Además, la Dirección Nacional de Migraciones fue notificada para impedir cualquier intento de salida del país, y la supervisión judicial es constante: Cristina debe cumplir con los lineamientos sin margen para protagonismos públicos ni desvíos políticos.

Sin embargo, su aparición “en vivo” en la movilización de Plaza de Mayo dejó entrever que las reglas, al menos para ella, siempre son más flexibles. Aunque se le prohibió alterar el orden público, su mensaje grabado y posterior saludo telefónico a los militantes tensaron los límites de su encierro “de privilegio”.

(Agencia NOVA)


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