PENSEMOS EN EL INTA

EDITORIAL

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), transita en una zona de incertidumbre porque su continuidad como organismo autónomo y federal marcha a la reestructuración impulsada por el gobierno nacional

Por Walter R. Quinteros

El INTA fue fundado en 1956, como una institución para el desarrollo científico, tecnológico y productivo del país. Así, al sector agropecuario argentino le fue aportando conocimientos, innovación y tecnología en todo el territorio nacional, logrando establecer acercamientos  entre productores, universidades, gobiernos provinciales y organizaciones sociales, adaptando las soluciones tecnológicas a las realidades locales y permitiendo una planificación basada en el conocimiento del territorio y no, en decisiones centralizadas o políticas coyunturales.

La intención del gobierno es unirlo al INTI primero, después de reducir su planta en casi un 30% basado en el crecimiento desmedido y la incorporación de militantes camporistas durante los tiempos de Cristina Kirchner y Alberto Fernández. La mesa de enlace de las entidades del campo emitió un comunicado que es toda una señal a la intención de un ajuste desproporcionado. Tanto la Sociedad Rural, Coninagro, CRA y la Federación Agraria reiteran su compromiso con el INTA, en lo que es una reacción ante un decreto inminente del ministerio de Federico Sturzenegger. En ese sentido, los dirigentes salen a defender una institución que ha creado más de 1.000 cultivos y posee medio centenar de patentes tecnológicas. Como vemos, esta decisión del gobierno nacional, de avanzar con una reestructuración que elimina ese Consejo y concentra las decisiones en el Poder Ejecutivo ha generado un rechazo generalizado. Desde gobernadores, gremios, científicos, universidades, los mismos productores y entidades rurales coinciden en que se trata de un intento de vaciamiento institucional. ¿Es así?

Lo que si sabemos, es que el INTA acompañó siempre a pequeños y medianos productores con asistencia técnica, diversificación productiva y desarrollos beneficiosos. Ahora, si pensamos que con esta modificación se desarticulará esa red de apoyo, quedarían marginados miles de productores que tienen acceso a la innovación y puede llegar a condenar al atraso a regiones enteras. Si se piensa en aplicar la motosierra, hay que ser un experto cirujano, porque el INTA no solo investiga, es fuente permanente de consulta, transfiere conocimiento aplicable al campo, contribuye al ordenamiento territorial, lidera procesos de innovación, es pionero en el desarrollo de la siembra directa y en la adaptación de cultivos al cambio climático. 

En mi modesta opinión, estimo que no hablaríamos de ahorro al desarmarlo, porque esa pérdida puede ser irreparable en cuanto a capacidades científicas, tecnológicas y humanas que el país necesita hoy más que nunca. Porque debemos afrontar los desafíos de la productividad, la sostenibilidad y la soberanía alimentaria. Y creo, que nuestro país no puede darse el lujo de desmantelar esta institución con prestigio internacional. Tal vez, no sea necesario debilitarlo. Probablemente haya que fortalecerlo y observar mejor su financiamiento en cuanto a lo económico que, creo, a eso apunta este gobierno.




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