SOCIEDAD
Algunos artículos de prensa que se publicaron en todo el mundo como consecuencia del regreso de los talibanes al poder en Afganistán, en agosto de 2021Por Redacción
Mi oficio es mi hogar
Quisiera ser/son palabras que no pronuncio/las tengo atoradas en la garganta/quisiera ser/si otra vida me lo permite/algo más/que este cuerpo/algo más que este cuerpo dentro de esta casa/soy mujer/el tiempo que tengo no me pertenece/mi oficio es el hogar/ser esposa/después madre/mis pies solo conocen un camino/mis manos están atadas/si el mundo me dejara/un pequeño espacio/podría mover mis pies a otro lugar/podrían mis manos crear algo hermoso/quisiera ser/si otra vida me lo permite/algo más/que este cuerpo/algo más que este cuerpo/dentro de esta casa. (Raquel Beck)
Mujer sin vida
Mujer inerte entre tinieblas. Sola en la no-casa, encadenada a la cárcel negra. Sin voz para la queja por el dolor, sin dolor porque apenas siente. Mujer muerta en vida. La mano cruel del hombre aprieta las argollas de la sumisión. Su mano criminal castiga a machete salir sin permiso. Su mano perversa maneja a capricho el cuerpo de la mujer-muñeca. Muda que habla para sus adentros, que se susurra río, amanecer, madre, cedro, trigo, libro, canción. Inmóvil soberana de su cuerpo-territorio, belleza oculta, fortaleza última. Mira y sueña un filamento de luz, el finísimo hilo de la vida verdadera: libertad de movimiento independiente; derecho a salir a la calle, a permanecer en su casa, a cuidarse y a cuidar. (Fernando Olmeda)
El dinero no da la igualdad
Pueden tener buenas ideas, ser emprendedoras y hasta estar en una posición acomodada. Da igual. Su vida transcurre al margen. La discriminación es incluso más fuerte que las reglas del capitalismo. Son, antes que nada, mujeres. El dinero, pálido como la indiferencia, empapela la enésima cárcel que las oprime. (Daniel Basteiro)
Ese momento
¿Cuál es el momento? Me lo pregunto muchas veces. Ese momento en el que el niño abandona los juguetes y deja de abrazar a su madre y empieza a verla para siempre como a un indistinguible fantasma azul. Un fantasma que no puede reír, ni mostrar su pelo ni su rostro, ni trabajar, ni conducir, ni enfermar, ni ejercer una profesión, ni nada remotamente humano. Nada. ¿Titubea? ¿Sabe que está errado? ¿Pensará en algún instante en esa falacia construida sobre las ruinas de la destrucción de la dignidad de ellas? Solo me gustaría saber eso. En qué momento tu madre, tu hermana, tu amiga, dejan de ser tu madre, tu hermana y tu amiga y son para ti menos que el polvo que pisas cada día, orgulloso, soberbio, ufano, camino de la vida que a ellas les niegas. (Isabel Coixet)
Un futuro robado
Lágrimas de rabia e impotencia resbalan por mis mejillas. Nos queréis cautivas, dóciles e ignorantes. Mujeres y niñas sin futuro, condenadas al olvido, encerradas tras los muros del hogar. Tenéis miedo de nosotras porque conocéis nuestra fuerza y sabéis que jamás nos rendiremos. Podéis cerrar las escuelas, quemar nuestros libros... pero mis sueños vuelan libres como las cometas en el cielo azul de Kabul. (Cristina Morató)
La ropa de la vergüenza
Nos encerráis en esta oscura cueva con un ventanuco para respirar, nos condenáis entre ropajes convencidos de que ya todo está en su sitio, nos encarceláis entre los barrotes del desprecio. Pero la libertad no se puede encerrar, la cueva tiene los infinitos escapes de la imaginación, los ropajes son solo tela que algún día caerá y los barrotes vuestra propia condena y vergüenza. (Ana Belén)
Todo aquello que SÍ debería ser
Unas manos para acompañar, en esos momentos en los que la realidad se hace tan incomprensible como injusta. Unas perlas para contar, aquellas reinterpretaciones que quitan a la mujer su libertad. Un tapiz para recordar, la historia y aquello que se ha perdido pero existe. Una túnica para lucir, las verdades de las mujeres que muestran quiénes son y quiénes quieren ser. Y a todo lo que lo impide, simple y llanamente: NO. (Ana Liyu)
Los tobillos cautivos
Es solo una pulsera de plata que acaricia el tobillo de la joven sentada frente a mí, pero de repente despierta un mantra siniestro: “Azotes en público a las mujeres que no oculten sus tobillos”. La pulsera tintinea alegre; un látigo silba al aire antes de impactar brutalmente sobre la piel suave, una y otra vez. Y el hilo de plata se torna alambre de espino allí donde empieza y acaba la libertad. (Inma Santos Herrera)
Dolor y lágrimas por una madre lapidada
Enterrada de pie, cubierta hasta los hombros, rodeada de bárbaros que le lanzan piedras suficientemente grandes como para herirla, pero no para matarla de un solo golpe. Su muerte debe ser lenta, dolorosa, cruel. Es la condena de los talibanes por haber cometido adulterio: morir lapidada, aunque esté prohibido en Afganistán. Apedrean su cabeza; su dignidad; su libertad. Nadie buscará a los asesinos. Solo su hija llora su pérdida. (Sandra Sabatés)
Ser mujer es el pecado
Cuerpos sin nombre respiran para reivindicar que existen. Los cinco sentidos están mutilados. El rostro deshumanizado no puede ser decorado. No resalta la mirada, no luce la sensualidad de unos labios rojos y queda vetado desprender cualquier aroma de perfume. Su identidad es ilícita, no deben sentir. Tan solo se les permite ver por una rendija, mientras sus emociones se refugian debajo de la piel. Ser mujer es el pecado. (Ebbaba Ameida)
La libertad allá arriba
En Afganistán no hay melenas que se desparramen por el suelo azulejado de un balcón. Cuesta creer que haya sol en Afganistán, aunque hay mucho. Hay jaulas en Afganistán, Afganistán es una jaula. Y hay muchas mujeres que, secretamente, miran a través de un catalejo. Su único consuelo, soñar con el vuelo de los pájaros. (Sergio C. Fanjul)
Mañana continúa...
(Desde F8 Tours / F8 Estudio / Fotografia: Beata Pradska)

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