OPINIÓN / CULTURA
Murió Enzo Staiola, el niño que interpretaba a Bruno Ricci, en el filme de Vittorio De Sica, que nos sacaba del cine con un nudo en la garganta
"Ladri di biciclette" —jóvenes argentinos—, es una película italiana dramática de 1948 dirigida por Vittorio de Sica. Según Wikipedia, es considerada como una de las películas emblemáticas del neorrealismo italiano. En 1954, la revista Sight and Sound publicó su primera lista de las "diez mejores películas jamás hechas", Ladri di biciclette estaba en primer lugar en esa lista.
La película está basada en la novela homónima escrita por Luigi Bartolini en 1945 y adaptada a la gran pantalla por Cesare Zavattini. El relato narra un robo de la bicicleta con la que un obrero va a trabajar. Este acto sería banal si no se tuviera en cuenta el contexto de la sociedad italiana de 1948 en que se sitúa la película. La elección de la bicicleta como objeto clave del drama es característico de las costumbres urbanas italianas, y a la vez, de una época en la que los medios de transporte mecánicos eran escasos y costosos.
Los actores principales eran Lamberto Maggiorani, en el papel de Antonio Ricci y de Enzo Staiola, como su hijo Bruno.
El argumento nos sitúa en Roma, segunda posguerra: Antonio Ricci es un desempleado que encuentra trabajo pegando carteles. Pero para trabajar debe poseer una bicicleta. Desafortunadamente, el primer día de trabajo le roban la bicicleta mientras pega un cartel cinematográfico. Antonio persigue al ladrón sin resultado alguno. Decide denunciar el robo ante la policía, pero se da cuenta de que las fuerzas del orden no pueden ayudarlo a encontrar su bicicleta. Desesperado, busca el apoyo de un compañero de partido, que a su vez moviliza a sus amigos basureros. Al alba, Antonio, junto a sus compañeros y a su hijo Bruno y comienzan a buscarla, primero en una plaza, más tarde donde tradicionalmente van a parar los objetos robados. Pero no hay nada que hacer: la bicicleta seguramente ya esté desmontada y será imposible de encontrar. Pero Antonio ve al ladrón de su bicicleta, y lo persigue sin alcanzarlo. Así, con desesperación, Antonio acude a una vidente, pero la respuesta de esta es casi una tomadura de pelo: “o la encuentras ahora o no la encontrarás jamás”. Inmediatamente, al salir de la casa de la vidente, se encuentra con el ladrón de la bicicleta que al final es defendido por todos sus colegas. Antonio habla con un policía para explicarle la situación. Entonces éste le contesta que sin testigos del robo no se puede hacer nada. Finalmente, mientras Antonio y Bruno esperan el tranvía para regresar a casa, el padre se percata de la existencia de una bicicleta que nadie parece custodiar. Intenta robarla pero la muchedumbre se lanza a atraparlo. Solo los llantos de Bruno consiguen frenarlos e impedir que su padre vaya a la cárcel. Antonio se encuentra ahora tan pobre como antes pero con la vergüenza de haberse colocado al nivel de quien le había robado.
La película se cierra con la vuelta a casa de Antonio y Bruno mientras cae la noche sobre la ciudad de Roma. Nadie en su sano juicio, podía levantarse y salir del cine mientras encendían las luces y los créditos finales iluminaban la pantalla.
La historia cuenta que Vittorio De Sica lo vió en la calle a Enzo, de regreso de la escuela y lo siguió hasta su casa en el barrio romano de Garbatella, y allí, habló con sus padres. Dicen que lo eligió por su mirada, entre la inocencia y la tristeza, y lo convirtió en símbolo de una Italia golpeada por la posguerra.
Enzo era un niño que quería jugar y, consciente de que no volvería a tener un papel tan impactante, y tal vez también cansado de un mundo al que nunca aspiró pertenecer, se retiró del cine en su adolescencia.
Había nacido el 15 de noviembre de 1939 en Roma, y falleció en la misma ciudad, el 4 de este mes.

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