OPINIÓN
Fanatismo, hartazgo ciudadano y abandono de las ideas republicanas

Por José Magioncalda
Las elecciones en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no solo han mostrado la apatía de la casi mitad del electorado habilitado para votar, que no concurrió al comicio, sino también, la contundente apuesta por los extremos que ha exhibido la otrora moderada sociedad porteña.
Apostar por los extremos implica avalar a aquellos líderes auto percibidos infalibles, que se sienten portadores de verdades absolutas y que, en consecuencia, son capaces de ponerse por encima del orden republicano, ya sea para obtener beneficios personales, partidarios o hasta para alcanzar nobles objetivos de gobierno, en desmedro de la institucionalidad.
Solo si no hay verdades absolutas, solo si las ideas son mejorables, o rectificables o mutables, solo si admitimos la falibilidad de los dirigentes políticos, se justifica un orden republicano que ponga en competencia a ideas y dirigentes, sobre la base de la igualdad y garantizando el respeto a la disidencia. De lo contrario, si los gobernantes fuesen infalibles y sus ideas inmejorables, ¿para qué harían falta los controles republicanos?
Las coincidencias entre el peronismo y La Libertad Avanza no son menores, más allá de que se presenten ante la ciudadanía como polos opuestos.
Culto al líder, nepotismo, corrupción, gobierno por DNU, agravio permanente a los adversarios, incumplimiento de fallos de la Corte, ataques a la prensa, falta de transparencia, entre otras conductas disvaliosas, han sido moneda corriente durante los gobiernos populistas de izquierda y de derecha. Siempre con la creencia de infalibilidad absoluta de liderazgo e ideas.
A tal punto se advierten las mencionadas coincidencias, que Javier Milei se exhibe como un gran admirador del gobierno de Carlos Menem. Un gobierno caracterizado por haber protagonizado un frustrado intento de modernizar al país, como consecuencia de la corrupción, el deterioro institucional y la demagogia peronista. Más aún, el actual presidente ha considerado que el fallecido mandatario riojano era “el mejor presidente de la historia”. Por su parte, Néstor Kirchner, en su etapa menemista, tampoco escatimó elogios en relación al líder riojano.
Así, escondido tras sus fueros de senador, Carlos Menem dedicó sus últimos años a votar los proyectos kirchneristas. Y hoy sus parientes acompañan al gobierno de Javier Milei. Continuidad histórica perfecta del deterioro institucional.
De este modo, la caída del proyecto de “Ficha Limpia”, que hoy garantiza a Cristina Fernández de Kirchner el acceso a los fueros parlamentarios y la consecuente impunidad, por parte de Cristina Fernández de Kirchner (Menem también lo hizo) no debe hacernos apartar la vista de la planificación de la impunidad del futuro.
En efecto, la inminente negociación en el Senado para ampliar la Corte y designar en ella a jueces avalados por el peronismo y La Libertad Avanza, así como para completar un considerable número de vacantes en la justicia federal, no debiera quedar librada a los extremos que desprecian el orden republicano.
Frente a esta situación, los dirigentes que mantienen sus convicciones republicanas no deberían salir corriendo a optar por alguno de los extremos que hoy dominan la política argentina porque, pese a su enfrentamiento discursivo, ambos sectores se aprestan a lotear la Justicia y rifar juzgados entre amigos. Lejos de ello, se les impone el desafío de incluir a los ciudadanos que, por hartazgo, se han autoexcluido del ejercicio del derecho – deber de votar.
En definitiva, se les impone el desafío de construir una alternativa de gobierno republicana que, además, se constituya en un contrapeso a las políticas delirantes y al avasallamiento institucional.
Si en cambio, como viene ocurriendo, continúa la huida a los extremos, quedaría sin representación un importante sector de la ciudadanía. Y así, se vería desguarnecida la República y menguada la capacidad de los argentinos de construir un país serio, decente y creíble.
(Tribuna de Periodistas)
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