OPINIÓN
Habla de la revolución de la ternura
A la vicepresidenta Victoria Villarruel, los rufianes de siempre le hicieron pasar un incómodo momento cuando salía de la Basílica de San José de Flores, donde se celebró una misa en homenaje al papa Francisco. Las crónicas señalan que fue abucheada por un grupo de personas que se encontraban afuera del templo. El anonimato propicia la violencia desde las sombras.
A la cronista de TN, Giuliana Salguero, le pasó lo mismo, fue insultada y empujada en la puerta de la Basílica. Salguero, relataba que esos manifestantes no se encontraban desde el principio y que cantaban: "Ole ole ola ola, como a los nazis les va a pasar, a dónde vayan los iremos a buscar". Pero aclaró, como para agregarle algo de misterio a la pista a seguir, que al diputado Leandro Santoro —que también participó de la celebración— "no le pasó lo mismo". Raro. Predisponer al televidente tiene su cuota de violencia, también.
Por la tarde agredieron al periodista Roberto Navarro, dicen que lo atacaron por la espalda mientras caminaba en el centro porteño. Una persona que todavía no fue identificada lo golpeó por la espalda a la altura de la nuca y sin mediar palabra. Tras la agresión, Navarro logró ir por sus propios medios hasta una clínica donde se realizó chequeos médicos y actualmente se encuentra fuera de peligro, aunque con signos visibles del golpe. Vale entonces señalar que a veces, hay que avisar, "ché, te voy a golpear por la espalda" y, que no hay signos visibles en los golpes diarios que nos da la violencia de la vida misma.
Pero eso no es nada, ya hay muchas plataformas online que publicaron sus pronósticos para que desde las apuestas, haga su aparición la violencia económica y la gente invierta dinerillo en cardenales con posibilidad de ser el nuevo Papa. Como ocurrió en 2013, cuando fue elegido Jorge Bergoglio. En el Reino Unido e Irlanda, casas como Paddy Power, Ladbrokes o William Hill ya tienen en sus listas a los candidatos más probables, con apuestas específicas para cada uno. Tome.
Los días de reflexión a los que nos invita la Semana Santa, parece que no fueron suficientes. Nos cabe hacer algunas preguntas; ¿Somos seres racionales? ¿Sobre la base de qué incentivos somos violentos? ¿Cuáles son los beneficios que sacamos de la violencia? ¿Por qué alguien decide correr el riesgo de ser tildado de violento? Las respuestas seguramente las encontramos en las premisas de cada violento. Y, hasta con cierto aplomo, algunos dirán que "con más educación hay menos delincuencia".
Es decir que "la sociedad, es la que tiene que pensar la violencia como una forma particular en que se expresan y actualizan las tensiones de un entramado que encuentra en ella el límite de su sentido". Según expresara Carlos M Ortiz, en Historiografía de la violencia, al que acudimos en internet por no tener un especialista amigo y, a mano.
En ese sentido, Ortiz logra mostrar los desplazamientos y las tensiones sociales y políticas que enmarcan y dan sentido a las lecturas de la violencia en términos de "sujetos de inculpación", causas, autores y banderas partidistas. Las lecturas dicotómicas de la violencia que contraponen al "complot comunista internacional de subversivos", y un "Estado represivo-autoritario" y que enfrentan una "violencia buena" con una "violencia mala".
A mi modesto entender, el autor logra diferenciar, sin proponérselo explícitamente, en ciertos sectores de "derecha", con los tabúes propios de la "izquierda". Pero desde mi humilde opinión, la violencia, es violencia. Usted puede llamarla física, psicológica, económica, laboral, deportiva, etc. Pero existe, y eso nos afecta como sociedad.
Quién esto escribe, y siendo espectador en una cancha de fútbol, abrazado a extraños que bien uno pudo militar para la izquierda y el otro compañero eventual de tribuna, para la derecha, pero ahora juntos y bajo el mismo "trapo", le coreábamos a la hinchada visitante; "...Volvete a la villa en donde vivís/tu hermana revolea la cartera/tu madre cobra barato por ahí".
Quiero decirles que todos llevamos un violento en nuestro interior, desde el que ningunea, el que lanza piedras, grita, golpea, miente, o se hace la "vístima" y, hasta aquel que repudia, carga con una cuota de violencia.
En Gaza, hay más de 62.000 muertos. Los rusos perdieron 600.000 combatientes en Ucrania y son 480.000 los ucranianos muertos. Basta, y no hablemos de las guerras étnicas en Africa, lo que oculta Asia y América. ¿somos seres racionales? ¿Tiernos y mansos? No me jodan.
Mientras tanto, en esta vorágine, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, destacaba ayer que la vida y el magisterio del Papa Francisco "sigue siendo un faro en medio de la oscuridad" y remarcó que el Sumo Pontífice se caracterizó por "no tapar los problemas" y por poner "sobre la mesa el problema de la exclusión". Y llamó a realizar, como profesaba el Santo Padre, "la revolución de la ternura".
¿Por qué digo que no me jodan? Veamos estas preguntas para que el arzobispo Jorge García Cuerva tenga a bien responder: "La revolución de la ternura", ¿hace referencia a los cantos y consignas en contra del presidente Javier Milei, en una misa en la Iglesia de la Santa Cruz, en el barrio porteño de San Cristóbal? ¿Es la misma revolución donde los piqueteros y sindicalistas cantaban "la Patria no se vende", en la misa de la parroquia Inmaculado Corazón de María, en Constitución?
La violencia, tambien vive en las sombras de la hipocresía.

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