EDITORIAL
Los pagos de la deuda hay que honrarlos. La libertad, y el derecho a la propiedad —caballitos de batalla de este gobierno—, también
En el transcurso de la semana y, con los medios dedicados a otros temas, no menos importantes, nos cabe recordar que nuestro país tiene un motor económico al que no le estamos prestando la atención que se merece.
Por ejemplo, que La Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (Acsoja) renovó autoridades este martes 22 de abril y luego de realizar su Asamblea Anual en la ciudad de Rosario. Rodolfo Rossi fue reelecto como presidente y, de su discurso, rescatamos una frase que señalaríamos como principal: "Seguiremos señalando la asfixiante presión impositiva, la imperiosa necesidad de aumentar la producción, incorporar tecnología, y cambiar aquellas situaciones que afectan directamente a la competitividad de la cadena". Desde mi humilde punto de vista, lo expresado por Rossi también debió estar en las primeras planas, porque los motores productivos no conocen de asuetos administrativos.
Hablemos de la asfixiante presión impositiva
El diputado nacional por Buenos Aries, Fabio Quetglas, (UCR), también en la semana, tildó al campo como "el hijo bobo del sistema tributario", y agregó que el productor "siembra, fertiliza, cosecha, por lo que debería tener el derecho de vender cuando quiera. Es parte de su soberanía como productor, no podemos seguir sacándole rentabilidad al campo y no devolverle nada en caminos, conectividad o desarrollo rural. Las retenciones deben pasar por el Congreso como toda política tributaria. Solo se pueden imponer cargas a la ciudadanía mediante la deliberación de sus representantes. Ese principio se perdió en el fondo de la historia, pero era el corazón del parlamentarismo". Fabio Quetglas, presentó un proyecto de ley para eliminar la fecha de vencimiento que estableció el Poder Ejecutivo para la reducción temporal de retenciones a ciertos productos agropecuarios. La medida oficial rige hasta el 30 de junio, y según explicó el legislador, su propuesta busca brindar mayor libertad a los productores para decidir cuándo vender, sin condicionamientos tributarios.
Y, en consecuencia, tenemos entonces que el Gobierno enfrenta la presión de los pagos de la deuda y la necesidad que el campo venda. En un claro análisis, que efectúa el periodista Ariel Maciel en PERFIL y, en razón de que el Gobierno participó del acto del "primer lote de soja" de la temporada señala: "La presencia del equipo económico en ese evento fue leída como un gesto para decirles a los agroexportadores: ‘muchachos, liquiden’. Pero lo que se está viendo es una baja predisposición del campo a vender". Y lo explica claramente. "El campo mira dos cosas, cuánto vale el grano y cuánto vale el dólar. Si no cierran, no liquidan". Y agregó que: "El campo va a tener que vender sí o sí, porque los costos en dólares suben y viene la época de siembra. Hay compromisos que cumplir con proveedores, semillas, agroquímicos. No hay margen para esperar indefinidamente". Cerraba Maciel.
Todos los argentinos de bien, miramos nuestro motor productivo de reojo, pues ha sido aquel que históricamente, ha puesto el plato en la mesa. Si bien ahora las expectativas hacen que los gobiernos apuesten a la producción del gas, al petróleo y en ciertos lugares a la minería, como otra opción valedera, aparecen en escena como algo tardías, porque aun la infraestructura no es la suficiente como para entregar los dividendos que aporta nuestro campo. Entendemos que desde el gobierno lo saben y, que si funciona bien, no debieran exigirlo tanto, porque puede también atraer más inversiones. Es en este equilibrio en que deben discernir los actores para que nadie salga debilitado. También, sabemos que el gobierno tiene poco margen, pues se vienen los vencimientos. Los pagos de la deuda hay que honrarlos. La libertad, y el derecho a la propiedad —caballitos de batalla de este gobierno—, también.

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