TERREMOTO EN CRUZ DEL EJE: ¿ESTAMOS PREPARADOS?

OPINIÓN

Si bien la provincia de Córdoba es una de las regiones del país con actividad sísmica moderada, y que nadie parece esperar terremotos muy severos, los especialistas recomiendan que el aprendizaje y la prevención empiecen en la escuela

Por Walter R. Quinteros

Pero, ¿están preparadas las escuelas para enfrentar una situación de catástrofe ? ¿Cuentan con planes de emergencia actualizados? ¿Se realizan simulacros?

La Ley Nacional N° 25.817, crea el Programa Nacional de Educación para la Prevención Sísmica. Esta normativa es de aplicación obligatoria en todas las provincias argentinas ubicadas en zonas sísmicas —incluyendo a Córdoba— con el fin de instruir a la población sobre cómo actuar ante sismos

En un destacado informe del diario La Voz, señalan que:  "Las leyes de Gestión de Riesgo y de Defensa Civil prevén capacitaciones pero no especifican su inclusión obligatoria en el sistema educativo. La educación desde la infancia reduce drásticamente la vulnerabilidad, salva vidas y genera un cambio cultural sostenible".

Desde la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), se advirtió sobre la carencia de protocolos de emergencia ante sismos en las escuelas de Córdoba, especialmente en las zonas serranas. "Deberían estar más preparadas porque en esas zonas los sismos son más frecuentes".

En las provincias de Mendoza y San Juan, existen entrenamientos docentes y protocolos para que los estudiantes sepan cómo actuar y protegerse.

En esa línea, el departamento de Investigaciones Sismológicas del Instituto Nacional de Prevención Sísmica (Inpres-Segemar), remarcó la importancia del manual de prevención sísmica del organismo y la puesta en marcha efectiva de la ley 25.817. "Esta ley establece la incorporación de los contenidos de prevención sísmica y mitigación de riesgos a los diseños curriculares de los distintos niveles educativos. En eso hay que basarse".

¿Qué se enseña en las escuelas de Córdoba?

El diseño curricular propuesto para los tres niveles prevé la enseñanza de fenómenos naturales y catástrofes ocurridas en territorio cordobés y argentino, sus consecuencias y las estrategias para prevenir y abordar estos desastres. "También incluye la perspectiva social, al abordar la gestión de riesgos, las medidas de seguridad y las prácticas ciudadanas de solidaridad frente a fenómenos geológicos. Respecto de los protocolos de evacuación o planes de emergencia, no son contenidos obligatorios, aunque el docente está habilitado para enseñarlos y acompañar los aprendizajes con ellos. La renovación de protocolos de emergencia y planes de evacuación específicos para cada institución educativa son trabajados con Defensa Civil y la Secretaría de Educación".

Pero los geólogos insisten en enseñar cómo actuar ante un sismo. 

Si bien Córdoba cuenta con alertas del clima tempranas del Servicio Meteorológico Nacional y del Observatorio Hidrometeorológico, también tiene una central de comunicaciones de emergencias que depende de la Dirección de Protección Civil y Emergencias. Desde allí se monitorean las cuencas hídricas y los fenómenos meteorológicos, y se trabaja con las defensas civiles, pero no lo hubo en el caso del pasado temblor en Copacabana, ya que pasaron varias horas hasta localizar el epicentro.

Desde la Dirección de Protección Civil y Emergencias de la Provincia, se indicó que hay un protocolo nacional que reúne las reglas de oro internacionales ante cualquier catástrofe: agacharse, cubrirse, sujetarse, y evacuar en silencio. Pero los abordajes tienen que ser multidisciplinarios, teniendo en cuenta las localidades y comunas. 

Simulacro en escuelas

Si tenemos en cuenta que cada centro educativo es quien debe trabajar con sus municipios y apoyarse en Bomberos para diagramar los planes de emergencias y definir los roles a desempeñar. ¿Eso se hace en Cruz del Eje?

La importancia de los simulacros son generales para cualquier catástrofe tanto en escuelas como en los edificios de gran magnitud, como mínimo se debería hacer al menos un simulacro por año, ya que en cada ciclo lectivo se renuevan los estudiantes que ingresan y no tienen conocimiento de cuál es el protocolo.

Un terremoto dura segundos. La reconstrucción, años

Esa es la diferencia que muchas veces se pierde en la cobertura urgente de una catástrofe: el drama no termina cuando deja de moverse la tierra, sino cuando empiezan a contarse las viviendas inutilizables, los hospitales dañados, las rutas cortadas, las escuelas fuera de servicio y las familias que descubren que su patrimonio quedó bajo los escombros.

Hay países que aprendieron a convivir con grandes desastres y no improvisan la respuesta. Tienen reglas de construcción, fondos de emergencia, seguros, créditos blandos, organismos especializados y capacidad de ejecución. No porque sean más sensibles, sino porque hicieron la cuenta. De ellos debemos aprender.

Chile, Japón y Estados Unidos. No son modelos idénticos. Tienen culturas políticas distintas, mercados distintos y Estados distintos. Pero comparten una idea básica: una catástrofe natural no puede depender de la caja disponible del día siguiente. Nos señala un informe de Tribuna de Periodistas.

Chile construyó una parte de su resiliencia sobre disciplina fiscal. Fue ahorro previo, crédito disponible y una administración capaz de repartir el gasto de reconstrucción en varios ejercicios fiscales sin romper la macroeconomía.

Japón eligió otro camino, más centralizado. Creó una Agencia de Reconstrucción con presupuesto propio, apeló a bonos especiales, vendió activos estatales y aplicó sobretasas impositivas para amortizar la deuda durante años. 

Estados Unidos opera con una lógica federal y financiera. La prioridad es que el damnificado no quede solamente frente al seguro privado o la caridad. El Estado federal absorbe el golpe inicial y después ordena la recuperación con crédito, subsidios limitados y fondos presupuestarios específicos.

En Argentina existe, un Fondo Anticíclico Fiscal creado por la Ley 25.152. La norma prevé que se integre con recursos de privatizaciones, superávit financieros, un porcentaje de recursos corrientes del Tesoro y rentas del propio fondo, hasta alcanzar un monto equivalente al 3% del PBI. También existe la Ley 27.287, que creó el Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo y la Protección Civil. Esa ley prevé un Fondo Nacional para la Gestión Integral del Riesgo, orientado a prevención, y había creado un Fondo Nacional de Emergencias para respuesta ante desastres. En ese sentido podemos decir que Argentina tiene leyes, consejos, organismos, protocolos y partidas posibles. Pero no tiene un verdadero fondo soberano de reconstrucción ante catástrofes de escala. Y mire que pasaron gobiernos...

Entonces, y volviendo al plano local, ¿estamos en Cruz del Eje preparados para un terremoto como el de 1908 de 6,5 en la escala Richter? 

Probablemente estemos más preparados que entonces, pero no necesariamente como para absorber un colapso de esa escala. 

Tal vez tengamos mejores normas de construción .

¿Las tenemos? 

¿Se controla eso?

La discusión no debería quedar reducida a si la gente tiene una mochila con linterna y agua. Eso ayuda, pero no alcanza. La pregunta de fondo es si los hospitales seguirían funcionando, si las redes de servicios resistirían, si los municipios tienen relevado el parque edilicio vulnerable, si hay seguros, si existen líneas de crédito preaprobadas, si Nación y Provincia disponen de un mecanismo automático de financiamiento y si la obra pública crítica está construida con estándares superiores.

Casi con seguridad, si le preguntamos al intendente, hará un tilde en el casillero NS/NC






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