EL MILLONARIO SOLO EN LA FIESTA

OPINIÓN

Estados Unidos nos invitó a su casa a divertirnos y nos mira desde un rincón sin entender demasiado, queriendo sumarse a la diversión pero sin saber muy bien cómo

Por Diego Papic

Los payasos tristes de la izquierda romántica que refunfuñan contra este Mundial porque se juega en los Estados Unidos me provocan entre morbo y pena. Escuché al preparador físico de Maradona, Fernando Signorini, que dijo que no va a mirar los partidos que se jueguen en suelo estadounidense “por respeto a un pibe de Fiorito que jugaba bastante bien a la pelota”. Y también al inimputable Alejandro Fabbri, que argumentó que, como a los yanquis no les gusta el fútbol, no tenía sentido hacer un Mundial ahí. Y remató con una historia de Estados Unidos ’94 que involucraba a Diego, digna de Eduardo “Eddy” Di Vulba, aquel personaje de Peter Capusotto que había publicado el libro Los momentos más normales e insípidos del Diez. Treinta años junto a Maradona y ninguna anécdota para contar.

Ya sabemos que a los estadounidenses no les gusta el soccer, chocolate por la noticia. Nunca les va a gustar, por más mundiales que organicen. Ya está, ya es tarde. No lo tienen en los genes como el resto del mundo. Ellos tienen el béisbol, el básquet y el fútbol americano, no les entra nada más. Además, no pueden entender un deporte con tan pocos goles. El viernes, en su programa, Bill Maher dijo que “there’s more scoring at a Star Trek convention“.

A mí me resulta fascinante este choque cultural. A ningún estadounidense le pasa desapercibido el Mundial —de hecho, fue tema para Maher, aunque haya dicho que el “soccer sucks”—, y muchos quieren que les guste, como a un adolescente que quiere que le guste el alcohol y se toma cualquier cosa sin conocer la diferencia entre un bourbon y un tequila. Para colmo, el buen arranque de la Selección estadounidense los entusiasmó y se empezaron a preguntar si tienen posibilidades de ganar.

En Fox Sports están los exjugadores Zlatan Ibrahimovic, Thierry Henry y Alexi Lalas con la presentadora Rebecca Lowe, que trata de manejar al trío, algo que, según dijo ella misma, es “como arriar ganado”. Después del primer partido, en el que Estados Unidos sorprendió con un 4 a 1 contra Paraguay jugando muy bien, Rebecca Lowe le preguntó a Zlatan si tenían chance de ganar el campeonato, y Zlatan dijo que sí. ¿Qué iba a decir?

En Twitter, los americanos de a pie preguntaban: ¿son buenos los paraguayos? ¿A quiénes les ganamos? Al final del primer tiempo, cuando el partido iba 3 a 0, Clay Travis, el fundador del sitio de deportes OutKick, tuiteó: “¡3 a 0! ¿Estamos seguros de que Paraguay es un país de verdad?”. Uno le contestó: “Esto es como tres touchdowns en el primer tiempo. 21 a 0″. Otro: “Más como 31 a 0, la verdad”. Respuesta: “Sí, quizás 40 a 0 si un tiro al arco en el área chica contara como gol de campo. Hubo muchos tiros al arco en el área chica que no fueron gol”.

Esa es una constante: para entender, siempre tienen que hacer comparaciones con los deportes que conocen. Por supuesto, los goles anulados por posición adelantada los ponen de muy mal humor. Una chica de Houston que tenía en su bío el hashtag #GoCoogs por los Houston Cougars, los equipos deportivos de la Universidad de Houston, tuiteó: “Estoy mirando el Mundial y me puse a buscar qué es el offside. El offside en el fútbol es la regla más estúpida que escuché en mi vida”. Alguien le explicó: “La regla es absolutamente necesaria. Esto no es básquet. Los jugadores rivales se quedarían plantados cerca del arco, y eso haría que la defensa hiciera lo mismo, lo que daría como resultado un deporte tosco e imposible de mirar”. Entonces ella contesta: “¿Por qué no pueden tener una regla del tipo ‘tres segundos en la pintura’ en lugar de esto?”.

Leer estos intercambios es muy revelador de hasta qué punto los distintos deportes implican paradigmas tan diferentes y por qué es tan difícil que el fútbol penetre a esta altura en la cultura americana.

Pero a pesar de eso, un Mundial en un país con tan poca tradición futbolera no está resultando “poco apasionado”. Quizás lo único discutible sean las famosas “pausas de hidratación”, que Maradona vaticinó en su programa De la mano del Diez, con el que cubrió Rusia 2018 para la cadena Telesur. “¡No hay pasión!”, se quejaba Víctor Hugo Morales, su compañero. Pero la pasión la ponen los jugadores en la cancha, la hinchada en las tribunas y en las calles de las ciudades donde están los estadios, y nosotros mirando los partidos en nuestras casas, en los bares o en las plazas en pantallas gigantes. Lo único que tiene que hacer el país organizador, que no es poco, es poner las instalaciones, como un millonario que pone la casa con pileta, las bebidas y el DJ para la fiesta y se va a dormir.

Pero este millonario no se va a dormir, se queda en un rincón mirando fascinado cómo todos se divierten, sin entender demasiado, con bastantes ganas de participar, pero sin saber cómo acercarse a ningún grupito. Algunos lo miran con desprecio mientras usan sus instalaciones y se toman su whisky. A mí me da un poco de ternura, porque, aunque es cierto que no nos está haciendo ningún favor, que está haciendo su negocio, que nos cobró la entrada bastante cara, lo veo medio solo y queriendo divertirse.

Revista Seúl




Comentarios