LOS INTENDENTES VUELVEN A SONREÍRLE A LA GENTE

POLÍTICA / LOCALES

Aunque todavía no hay definiciones, los jefes comunales del interior analizan la mejor estrategia para 2027

Por 
Gabriel Marclé

Aunque el calendario electoral de Córdoba todavía no tiene fecha, en el interior provincial ya empezó a ordenar la política. Antes que los candidatos y las alianzas, la discusión que atraviesa a decenas de intendentes es otra: cuándo conviene ir a las urnas. La respuesta puede terminar condicionando no sólo las estrategias locales, sino también la arquitectura electoral que Martín Llaryora buscará construir para intentar su reelección en 2027.

El debate ya se instaló tanto en el peronismo como en la oposición. La mayoría coincide en que las definiciones comenzarán a acelerarse una vez concluido el Mundial de fútbol, momento en el que el Centro Cívico empezaría a mover las primeras piezas de un calendario que promete ser mucho menos lineal que en elecciones anteriores.

La versión que más circuló durante las últimas semanas es la de un eventual adelantamiento de las elecciones provinciales hacia abril de 2027. Sin confirmaciones oficiales, el rumor ganó espacio incluso entre dirigentes peronistas con llegada al Centro Cívico y empezó a modificar las conversaciones en los municipios. Si ese escenario terminara concretándose, los tiempos políticos se acortarían para todos.

En ese grupo aparecen intendentes que llegan fortalecidos a la mitad de su gestión. Son quienes lograron sostener niveles aceptables de imagen pública, evitar conflictos de magnitud y atravesar un contexto económico. Sin embargo, incluso para ellos la incertidumbre sobre el calendario representa un factor que dificulta la planificación.

La discusión no pasa únicamente por la fecha provincial. También involucra la estrategia que buscará desplegar el oficialismo. Históricamente, el cordobesismo procuró coordinar buena parte de los calendarios municipales con la elección provincial para potenciar el efecto de arrastre entre los candidatos locales y la fórmula para la Gobernación. Si Martín Llaryora finalmente optara por anticipar los comicios, muchos intendentes peronistas descuentan que el objetivo será volver a construir esa lógica territorial, especialmente en distritos de peso.

Sin embargo, el panorama aparece menos lineal entre los gobiernos locales que no forman parte del oficialismo provincial. Allí la incertidumbre electoral se mezcla con otra discusión todavía abierta: cuál será la oferta opositora para disputar la Gobernación. ¿Será el proyecto puro libertario de Gabriel Bornoroni o el frente se dividirá con un radicalismo por fuera? La sola pregunta explica el nivel de indecisión que prima.

En buena parte del radicalismo esperan que el partido logre sostener una candidatura propia, aunque las diferencias aparecen cuando se analiza la posibilidad de una alianza con La Libertad Avanza. Mientras algunos dirigentes consideran que un acuerdo podría fortalecer las chances opositoras, otros temen que el desgaste que pueda acumular la gestión nacional termine trasladándose a la campaña provincial. Ni hablar del revival de la “campaña del miedo” que podría originarse en el bando cordobesista: con un cambio de signo político en el Panal, la asistencia financiera y las obras podrían ser factor de ajuste. Sin siquiera decirlo en voz alta, esa lectura pesa entre los intendentes que proyectan su propio escenario electoral.

Esa combinación de factores explica por qué, incluso entre dirigentes alejados del oficialismo, todavía no existe una decisión uniforme sobre el calendario. Algunos consideran que, si la oposición no consigue construir una alternativa provincial competitiva y con capacidad de ofrecer certezas a los municipios, lo más conveniente será preservar la discusión local y evitar que la elección quede absorbida por la disputa provincial.

Es ahí donde algunos dirigentes territoriales del PJ creen advertir un posible cambio de paradigma. Durante más de dos décadas, el cordobesismo construyó su fortaleza electoral sobre la acumulación de victorias. Sin embargo, si el escenario de 2027 presentara mayores riesgos en determinados distritos —como en la Capital— esa lógica podría modificarse. Ya no se trataría de sumar elecciones bajo una misma ola, sino de administrar los tiempos para evitar que un resultado complejo condicione el resto de la estrategia.

Por eso la discusión ya no pasa solamente por una fecha. Lo que comenzó en el interior es una disputa estratégica sobre cómo llegar a 2027. Antes de hablar de alianzas o de campañas, los intendentes quieren saber cuál será el tablero sobre el que deberán jugar. Porque, esta vez, el calendario puede terminar presentando un juego casi inédito para las urnas cordobesas. 

Alfil


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