OPINIÓN
Cuando tus amistades te piden que renuncies, vos no tenés mucho que pensar
Por Walter R. Quinteros
Patricia Bullrich, Luis Caputo y un montón más, no lo quieren.
Ni cerca, ni lejos.
Ni oír su nombre.
No lo pueden ni ver.
En los rostros de las fotos forzadas, se ve claramente. No todo es alegría. Es un falso compromiso.
Toda duda o sospecha que le ponga trabas a cualquier atisbo de crecimiento siempre tiene nombre y apellido. En este caso, la piedra en el zapato, el palo en la rueda, el plomo en la mochila, se llama Manuel Adorni.
Victoria Villarruel, la vicepresidente, ya le había picado el boleto.
Sordos ruidos oír se dejan tras los muros de La Libertad Avanza. Son rumores que claman para que el jefe de Gabinete deje su lugar.
Sobre esto, ya se han gastado ríos de tinta. Opiniones y editoriales preguntando o especulando el por qué de sostenerlo, sembrando dudas, acuerdos, arreglos.
Y todo eso conduce a la palabra desgaste. Al desgaste del gobierno.
Viendo el partido de fútbol entre España y Uruguay disputado en Guadalajara, México, sucedió un hecho que en mucho tiempo no se veía, el arquero Fernando Muslera, que venía siendo cuestionado por los goles de Cabo Verde en el 2-2 en Miami, también fue responsable directo del tanto del español Alex Baena que abrió el marcador para España a los 42’, con un débil derechazo que le venció las manos y terminó en la red.
Marcelo Bielsa, el técnico, reemplazó a Muslera para el arranque del segundo tiempo, por el arquero suplente, Sergio Rochet.
¿Se puede decir que Bielsa no respaldó al arquero Muslera? Si.
¿Se puede decir que para eso es el responsable de los cambios? Si.
¿Se puede decir que anímicamente Muslera estaba mal. Y estar mal hace que influya en todos los otros rendimientos? Si.
Dejando de lado el fútbol, intentar sostener a Manuel Adorni genera cansancio, torpezas, peleas internas, escándalos y lo que es peor, acercan a este gobierno a cometer cualquier papelón.
Lo anteriormente enunciado, opaca cualquier logro a nivel económico y de reestructuraciones encaradas. Y de lo que tanto se pregonaba en campaña.
Y da lugar para recordarles algo a los que parecen desconocer desde el círculo íntimo que sostiene a Adorni; en Argentina hubo hombres que defendieron sus honores desde afuera. Por caso Eduardo Angeloz, que pidió su desafuero como senador en 1997.
Las "gambetas" del gobierno para impedir que Adorni sea interpelado ya no sirven.
Hay que formar un equipo sólido que también juegue para la tribuna.
Y la tribuna es la clase media, los jubilados y trabajadores, que están por encima de cualquier Manuel.

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