OPINIÓN
Ahora, los nuevos regímenes de derecha están obligados a encarar la reconstrucción de Chile, Perú, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Colombia y Guatemala
Por Enrique Guillermo Avogadro
“La integridad era cada vez más una virtud en peligro de extinción”.
José María Fuster-Fabra
La tragedia que está viviendo Venezuela, amén de la pérdida de tantas vidas y de los miles de heridos y desaparecidos, la total falta de recursos dejó expuesta la catástrofe que representó para ese país – como a varios más en América Latina, comenzando por la Argentina – la llegada al poder, hace más de veinte años, de ese mito que es el “socialismo del siglo XXI”, que convirtió a tantas naciones en territorios devastados por la corrupción y el latrocino. Ahora, los nuevos regímenes de derecha están obligados a encarar la reconstrucción de Chile, Perú, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Colombia y Guatemala. Pero también mostró la rapaz política exterior de Donald Trump quien, para que EEUU se hiciera con el petróleo venezolano, no hesitó en dejar en el poder al chavismo asesino, ahora a través de Delcy Rodríguez, la Presidente encargada, y del salvaje Diosdado Cabello, y en consentir la virtual nulidad de las elecciones en las que indudablemente triunfó Edmundo González Urrutia, la persecución de opositores, la continuidad de cientos de presos políticos en las terribles prisiones del régimen y la postergación sine die de otras que, probablemente, concluirían con María Corina Machado en la Presidencia constitucional.
Aquí, si bien esto puede no ser percibido aún por gran parte de la población, lo cierto es que a la Argentina le va estupendamente en el terreno económico; por lo demás, creo que pronto veremos cómo la reactivación llega a todos los sectores capaces de competir y aumentar su productividad y de generar empleo genuino y registrado, sin necesidad de protecciones absurdas que sólo perjudicaban a los consumidores, obligados a comprar caro y de inferior calidad en un coto cerrado en el cual eran piezas fáciles e indefensas para aquéllos que operaban con enormes márgenes de ganancia.
La abrupta disminución de la inflación, los superávits financiero y comercial, la expansión de la minería y de la energía, el crecimiento de nuestro incomparable campo, el arribo de grandes jugadores internacionales en esas actividades, el manifiesto respaldo que nos otorgan el FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, la franca mejora en los índices de pobreza e indigencia (sobre todo en los niños), son hechos concretos y verificables que, en otras circunstancias, hubieran debido permitir alcanzar un “riesgo-país” (la diferencia en la tasa de interés de la deuda soberana en relación con la estadounidense) acorde a otras economías de la región y del globo; sin embargo, y aunque se ha reducido, todavía sigue altísima, en el orden de los 430 puntos, mientras que Uruguay goza de 50 y Chile de 82. ¿Por qué sucede esto, si hasta hemos comenzado a pagar a los holdouts que defraudamos en el 2001 con aplausos masivos del H° Aguantadero?
A mi modo de ver, las razones de esta incongruencia obedecen a varios factores: las feroces internas del partido gobernante, la probabilidad (escasa) de un hartazgo social que lleve a un retorno del kirchnerismo expropiador y ladrón, la generalizada desilusión que representa el affaire Manuel Adorni en relación con la bandera moral enarbolada por Javier Milei (que Esteban Bullrich tan bien reflejó en su carta abierta a Mauricio Macri) y, sobre todo, a la más que escasa seguridad jurídica, producto del horrible y bastardo desmanejo en la selección de los nuevos jueces y en la conducta infame de gran parte de muchos de los que ya ejercen la magistratura.
Entre estos últimos se destacan los canallas togados que, cincuenta años después de los hechos, continúan persiguiendo y dictando condenas perpetuas para los militares, policías, penitenciarios, civiles y sacerdotes, ya todos ancianos, que se pudren y mueren a mansalva en las mazmorras de esta sociedad cínica e hipócrita; ninguno de ellos duda, al momento de juzgar y sentenciar, en violar todos y cada uno de los pilares sobre los cuales fue construido el derecho penal occidental - juez natural, principio de inocencia, legalidad, irretroactividad de la ley, prescripción – que, en asqueroso contraste, respetan a ultranza en los escandalosos casos de corrupción.
Si a esto le sumamos la increíble morosidad, un verdadero manto de protección y complicidad, con que actúan algunos jueces y fiscales en los temas que afectan a Sergio Aceitoso Massa y Matías Tombolini, Claudio Chiqui Tapia y Pablo Toviggino, Martín Insaurralde, los empresarios de la causa “Cuadernos”, etc., y la facilidad con que les otorgan las mismas prisiones domiciliarias que niegan a los presos políticos que defendieron al país contra la subversión terrorista, la pintura aparece más nítida y justifica el enorme descrédito que cubre al Poder Judicial. La Corte Suprema produjo un reglamento de selección de jueces que garantizaba la transparencia; sin embargo, Milei no sólo ha impedido su implementación sino que, a través del Ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, y su Vice, Santiago Viola, persigue a los magistrados probos, negocia oscuramente la cobertura de los muchos cargos vacantes y altera las órdenes de mérito de los concursos.
En el orden internacional, el alto el fuego pactado entre EEUU e Irán por 60 días prorrogables y la negativa de Israel a – al menos - pausar sus operaciones contra los criminales de Hezbollah en Líbano, sigue siendo sumamente frágil, toda vez que nada (la cuestión nuclear y la supervisión de la OIEA, la reapertura del estrecho de Ormuz con su lógico impacto sobre los precios del petróleo, los programas misilísticos y de drones, la subsistencia del régimen de los ayatollahs, las indemnizaciones dinerarias que éstos pretenden) ha sido resuelto aún pero, en cualquier caso, exhiben la derrota global que innegablemente han sufrido los EEUU en la contienda.
Con ese telón de fondo, la atención global volvió a centrarse en la “operación especial” de Vladimir Putin contra Ucrania y en la actitud agresiva de la OTAN frente a Rusia, que el neo-Zar considera un verdadero desafío a su prestigio personal. La gran pregunta que Europa debería formularse es cuándo y, sobre todo, cómo reaccionará éste cuando se harte.
egavogadro.blogspot.com

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