CROUPIER Y EQUILIBRISTA

OPINIÓN

Manuel Adorni ya es historia 

Por
Vicente Massot

Carece de sentido desarrollar diferentes interpretaciones respecto de cuáles fueron las razones en virtud de las cuales el presidente de la Nación y su hermana, en igual o mayor medida, demostraron tamaña tozudez a la hora de respaldarlo a sol y a sombra.

Eso sólo lo saben ellos y seguramente nunca confesarán los motivos que los impulsaron a comprometerse en semejante pelea, perdida de antemano.

En cambio, es claro el por qué terminaron por soltarle la mano: el jueves de esta semana, en la cámara alta del Congreso prosperaría la moción de censura y el gobierno tendría que soportar una derrota sin sentido.

Mejor era anunciar que había presentado la renuncia. A esta altura, poco importa saber cuál será la deriva de Adorni y qué tantos juzgados deberá recorrer con el propósito —nada fácil, por cierto— de demostrar su inocencia.

La defensa que su jefe ensayó el domingo a la noche, en el programa de Luis Majul, lo único que hizo fue poner de manifiesto su cerrilismo. Quebrar una lanza a favor de la honestidad de su exsubordinado, cuando todo el mundo sabe que mintió de manera descarada, fue como ladrarle a la luna. Javo es así y no va a cambiar.

¿Y Diego Santilli? Quizás la definición que le cabe como anillo al dedo la ofreció el recientemente fallecido Roberto García frente a su interlocutor, Carlos Pagni, cuando aquél fue nombrado titular de la cartera del Interior. Dijo que el Colo, como se lo conoce en el mundo de la política, “no sabe decir que no”.

Es, por naturaleza, un conciliador que siempre llevó buena conversación con peronistas y liberales, menemistas y duhaldistas, sindicalistas y empresarios. No sirve para pelear pero, a la hora de negociar, está en su salsa.

Para este momento y durante el tiempo que falta para que se substancien en octubre del año próximo las elecciones presidenciales, consolidar el vínculo con los gobernadores y con los diputados y senadores que comen de la mano de la Secretaría de Hacienda, es fundamental. Siendo así, Santilli era sin duda la mejor opción que tenían los hermanos para reemplazar a Adorni.

Hay que entender esto: cualquier jefe de gabinete del espacio libertario debe ser consciente de que su poder siempre será vicario. Aunque no figure en ningún manual de derecho constitucional, no halle cabida en nuestra Carta Magna y violente el estado de derecho, la jefatura de gabinete es cosa que se reserva para sí la hermanísima. No significa lo dicho —al menos, no necesariamente— que Santilli vaya a hacer las veces de un felpudo a la manera de Daniel Scioli.

Lo que supone es que existe un dato fáctico indisimulable que mientras dure el ciclo mileísta no va a cambiar: en términos de la gestión diaria, con la sola excepción del área económica, hay un jefe indiscutido y es de sexo femenino.

A Santilli nadie necesita recordarle dónde se halla parado y quién manda. Es algo que un hombre de su experiencia en estas lides lo sabe de memoria. Ni bien llegó al ministerio, tomó conciencia de que tendría un radio de acción amplio en tanto y en cuanto no colisionase con Karina.

Enterado de ello, se subordinó a la mandamás desde el primer día. Para él, en la materia tratada, no hay nada nuevo bajo el sol. Ha trabajado a órdenes de ella por espacio de meses y nunca se le ocurriría desafiarla. Su cargo no es formal, ni mucho menos. Pero hay un límite que no puede traspasar, so pena de ser eyectado de su oficina en cuestión de segundos.

Lo que básicamente se espera de él es cuanto venía haciendo hasta hoy. Y —bueno es tenerlo presente— resulta una responsabilidad que pocos de los colaboradores más estrechos de los Milei está en condiciones de llevar adelante.

La tarea de mantener vigente, a pesar de las diferencias que a veces se hacen notar entre ellos, la alianza con los mandatarios provinciales que hasta aquí han obrado como aliados estratégicos del oficialismo, es de importancia superlativa para la administración libertaria.

Sin desatender —claro está— el vínculo que, con algunos cortcircuitos menores, ha tejido LaLibertadAvanza con los radicales de cuño liberal, con los macristas, y con peronistas desafectos al dominio kirchnerista de ese movimiento histórico. A pesar de las parrafadas —las más de ellas, descomedidas e injustas— con las que Milei se ha empeñado una y otra vez en zaherir a Mauricio Macri, tanto en la Casa Rosada como en la cada día más escuálida formación amarilla, todos saben que, si en la segunda vuelta de 2027 los candidatos excluyentes fueran el actual presidente y alguno de los kirchneristas conocidos, deberán unirse a como dé lugar.

De lo contrario,se suicidarían —algo que no está en la cabeza de ninguno de ellos. En tal escenario Santilli será, al propio tiempo, un croupier y un equilibrista.

Que el gobierno perdió por la apuesta que los Milei hicieron en favor de Adorni es indudable. No obstante, la pregunta que cabe formular es ¿cuánto perdió? Parece evidente que en términos de su imagen retrocedió unos cuantos casilleros.

El menos avisado de los argentinos lo sabe. Ahora bien, dado que la corrupción ha demostrado tener poca incidencia al momento del voto —como quedó demostrado hace un año, poco más o menos, cuando en medio de los escándalos de Libra, de la Andis y de José Luis Espert, La Libertad Avanza se alzó con un triunfo categórico en la capital federal, en la provincia de Buenos Aires y en buena parte del país— ¿qué tanto impactó en la coraza gubernamental el caso Adorni?

Permítase adelantar una opinión tan categórica como polémica. Si el affaire hubiese estallado dos o tres meses antes de los comicios venideros, quizás podría tener algún efecto menor. Faltando más de doce meses para que se lleven a cabo esas elecciones, de Adorni no se acordará nadie en el cuarto oscuro. Es al bolsillo y no a los negociados a lo que hay que seguir de cerca.

M&A Inc.


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