EL PROBLEMA NO ES ADORNI O MILEI

EDITORIAL

Es la política argentina en general que viene robando desde hace más de 50 años



Por Comité Editorial de Tribuna de Periodistas 

Cada vez que estalla un escándalo político en la Argentina, la discusión pública parece reducirse a nombres propios. Ayer fueron unos; hoy son otros.

El oficialismo y la oposición intercambian acusaciones, las redes sociales se polarizan y el debate termina girando alrededor de figuras como el vocero presidencial Manuel Adorni o el presidente Javier Milei. Sin embargo, el verdadero problema es mucho más profundo.

La Argentina arrastra una crisis estructural que no comenzó con la actual administración ni terminará cuando concluya este mandato. Durante más de cincuenta años, distintos gobiernos de diversos signos políticos contribuyeron a consolidar un sistema basado en el déficit permanente, el endeudamiento cíclico, la inflación crónica, el aumento de la pobreza y una cultura de privilegios para la dirigencia.

El deterioro no distingue colores partidarios. Gobiernos peronistas, radicales, alianzas de centroizquierda y administraciones liberales dejaron su huella en una historia marcada por promesas incumplidas, casos de corrupción, improvisación económica y una creciente desconexión entre la dirigencia y las necesidades de la ciudadanía.

Mientras millones de argentinos vieron deteriorarse su poder adquisitivo, la política mantuvo beneficios que parecen ajenos a la realidad cotidiana: estructuras estatales sobredimensionadas, cargos innecesarios, asesores en exceso, jubilaciones de privilegio y una escasa rendición de cuentas.

Por eso, centrar la discusión exclusivamente en figuras como Adorni o Milei puede resultar funcional a una lógica que la propia política conoce y explota desde hace décadas: personalizar los problemas para evitar debatir las causas de fondo.

La desconfianza social no nació de un discurso ni de una elección presidencial. Es la consecuencia de años de frustraciones acumuladas, de promesas incumplidas y de una percepción cada vez más extendida de que gran parte de la dirigencia vive bajo reglas diferentes a las del resto de la sociedad.

La Argentina enfrenta un desafío que trasciende a cualquier gobierno: reconstruir instituciones sólidas, fortalecer los mecanismos de control, garantizar la transparencia en la gestión pública y terminar con los privilegios que alimentan el descrédito político.

Tribuna de Periodistas


Comentarios