HABÍA "REGLAS" PARA PARAR, Y UN "PIQUE" PARA CONTINUAR

EDITORIAL

El mundo era un potrero que se veía desde las ventanillas del tren

Por Walter R. Quinteros

No, los problemas del mundo no se acaban hoy. 

Hoy empieza apenas un recreo, un motivo para distraernos por un ratito de los dramas cotidianos, de las guerras, de las ambiciones, de todas las cosas que nos ponen de mal humor, que nos da bronca. Hoy empieza un recreo que dentro de toda esta angustia, servirá para que nos refugiemos frente a un televisor, a una pantalla cualquiera para ver rodar la pelota, para ver el Mundial de Fútbol, para desahogarnos de tantas penas alentando a nuestra selección. 

Cuando yo era una crianza feliz, allá por comienzos de la década del 60, el mundo era un potrero que se veía desde las ventanillas del tren. En los terrenos baldíos jugábamos al "fulbo".

Mi pueblo era una galaxia de potreros que de repente, se convertían en improvisadas canchitas para jugar este maravilloso juego, el más convocante. Pero no era fácil, habia reglas que aceptar y respetar. Los terrenos baldíos, debían marcarse con la presencia de improvisados arcos hechos con piedras o palos. Para tener cierto prestigio debían marcarse los laterales y las áreas. El dueño de la pelota debía jugar si o si, la pisadita entre capitanes eran para elegir jugadores. El gordito iba al arco. El que tiraba la pelota a la casa del vecino la tenía que ir a buscar. 

Debían respetarse los buenos modales, si una señora pasaba con la bolsa de las compras el juego se detenía, se callaban las bocas groseras, nadie escupía, no había árbitros, un pique de pelota contra el suelo, le daba continuidad al partidito. Al final de la tarde, el último gol, gana.

Pero el tiempo fue avanzando.

Aquellos mundos fueron conquistados por el progreso, los que resistimos aferrados a la memoria, contamos que eran espacios perdidos, que se veían desde las ventanillas del tren, como escondidos tras una densa niebla que es el paso del tiempo.

Un año antes de que nuestra selección obtuviera la primera Copa, allá por 1978, nos levantaron las vías, nos guardaron los trenes completos, cerraron los talleres. 

Cuando ganamos nuestra segundo campeonato en 1986, atravesábamos un momento difícil por la maldita inflación, y una enorme deuda externa.

Cuando ganamos nuestro tercer campeonato, seguíamos sufriendo la inflación sostenida a lo largo del tiempo pero con restricciones cambiarias y una inquietante inestabilidad política.

Hoy comienza un nuevo Campeonato Mundial de Fútbol. Un nuevo recreo entre tantas nuevas angustias.

Ha llegado el día donde los locutores deportivos nos dirán: "señoras y señores, amantes del fútbol, hoy se pone en marcha el mayor espectáculo mundial". 

Al espectáculo mundial esta vez lo jugarán 48 selecciones.

México y Sudáfrica serán quiénes hoy, harán rodar la pelota. 

El mundo ahora es un sofá frente a un televisor, la mesa de un bar frente a un televisor, es la ñata contra el vidrio de una vidriera solidaria del negocio donde venden televisores. Es la pausa ideal para repensar desamores, para acudir a las cábalas.

Los arcos son de duraluminio de 2,44 metros de altura por 7,32 metros de ancho. 

Nadie detendrá el juego para que las señoras pasen con la bolsa de las compras.

Porque ya no se juega en potreros cruzados por caminitos que lleven a un almacén cualquiera.

Nadie podrá decir que es el dueño de la pelota. 

Ni habrá trenes que pasen con las ventanillas abiertas para espiar aquellos mundos llenos de crianzas felices.





Comentarios