OPINIÓN
Las ideas de Gary Becker recuperan vigencia ante la necesidad de formar capital humano capaz de responder a la transformación tecnológica y energética
Por Alejandro Álvarez
En un escenario de transformación tecnológica acelerada, transición energética y digitalización, la escasez de ingenieros y técnicos calificados representa uno de los principales frenos al crecimiento económico en América Latina. Gary Becker, con sus obras Human Capital (1964) y A Treatise on the Family (1981), proporciona el marco conceptual más sólido para entender por qué invertir en estas carreras —tanto las clásicas como las de vanguardia— genera retornos extraordinarios para las personas, las familias y el país.
No obstante, Becker no solo habla de títulos universitarios largos. Su visión del capital humano como inversión acumulable y específica abre la puerta a estrategias modernas: fortalecimiento de las bases en educación básica, formación profesional, microcredenciales y sistemas flexibles de créditos académicos. El Ministerio de Capital Humano de Argentina, una creación del Presidente Javier Milei y la Ministra Sandra Pettovello, único en el mundo, ofrece un ejemplo concreto de cómo estas ideas pueden traducirse en políticas públicas concretas.
El fundamento: lengua y matemáticas en la educación básica
Toda inversión en ingeniería comienza mucho antes de la universidad. Becker destacaba que el capital humano se construye a lo largo de la vida, pero sus cimientos se sientan en la infancia y la adolescencia. Un dominio sólido de lengua y matemáticas en la educación básica es el prerrequisito indispensable para el éxito posterior en carreras técnicas.
Las matemáticas desarrollan el pensamiento lógico, la resolución de problemas y la capacidad de modelar sistemas —habilidades centrales en cualquier ingeniería—. La lengua, por su parte, fortalece la comunicación técnica, la comprensión de textos complejos y la capacidad de argumentar proyectos. Sin estas bases, los jóvenes enfrentan mayores tasas de deserción en ingenierías y tecnicaturas y el retorno de la inversión en educación superior se reduce drásticamente.
Fortalecer lengua y matemáticas desde la primaria y secundaria no es solo una política educativa: es la forma más eficiente de multiplicar el capital humano futuro en áreas de alta demanda como inteligencia artificial, energías renovables, robótica o ingeniería industrial. Incorporando además el desarrollo de las habilidades socio-emocionales, que serán cada vez más valiosas en un mundo altamente tecnificado.
Ingeniería, tecnicaturas y formación profesional: inversiones de alto retorno
Las carreras de ingeniería generan capital humano específico con tasas de retorno superiores al promedio. Tanto las ingenierías clásicas (civil, mecánica, eléctrica) —imprescindibles para infraestructura e industria— como las de punta (IA, biotecnología, energías limpias, automatización) impulsan productividad, innovación y competitividad global.
Las tecnicaturas y la formación profesional complementan este panorama. Son trayectorias más cortas, prácticas y orientadas directamente al mercado laboral. Se valoraba especialmente la formación específica y en el puesto de trabajo porque genera retornos rápidos y reduce la brecha entre lo que se enseña y lo que las empresas necesitan.
Microcredenciales y sistema de créditos: flexibilidad para un mundo cambiante
El mundo actual exige aprendizaje continuo. Aquí entran con fuerza las microcredenciales —certificaciones cortas, modulares y enfocadas en competencias específicas (por ejemplo, “Programación en Python para ingenieros”, “Gestión de proyectos con metodologías ágiles” o “Mantenimiento predictivo con IA”)— y el sistema de créditos académicos. Las microcredenciales permiten actualizar habilidades sin abandonar el empleo, reducir costos y obtener reconocimiento rápido.
El Sistema Argentino de Créditos Académicos Universitarios (SACAU) y tendencias similares en la región facilitan que estas certificaciones se acumulen y se reconozcan hacia títulos completos. Esto alinea perfectamente con la visión de Becker: el capital humano se construye de forma acumulativa y flexible a lo largo de toda la vida laboral. Para las familias esta flexibilidad reduce los costos de oportunidad y aumenta el incentivo a invertir en la educación de los hijos, ya que los retornos llegan más rápido y de manera más predecible.
Argentina cuenta con una herramienta institucional que encarna estos principios: el Ministerio de Capital Humano. Creado en 2023, integra las áreas de Educación, Trabajo y Niñez, Adolescencia y Familia bajo una misma lógica de fortalecimiento del capital humano. Su Centro de Formación Capital Humano se orienta precisamente a capacitar en oficios y habilidades demandadas por el sector privado, con fuerte articulación público-privada. Promueve la inserción laboral genuina y reduce la dependencia de la asistencia estatal. Esta iniciativa refleja la lógica beckeriana: formar capital humano específico, práctico y alineado con las necesidades del mercado, combinando formación profesional con mecanismos flexibles de certificación.
El Ministerio también trabaja en políticas que pueden potenciar el fortalecimiento de competencias básicas y la expansión de trayectorias técnicas, demostrando que es posible alinear la teoría económica con la acción estatal. Para aprovechar todo el potencial del capital humano en ingeniería y áreas técnicas vamos a:
- Fortalecer lengua y matemáticas desde la educación básica con evaluaciones periódicas, formación docente y recursos específicos.
- Expandir tecnicaturas y formación profesional con fuerte vinculación empresa-universidad y prácticas duales.
- Impulsar masivamente las microcredenciales en competencias de vanguardia (IA, sostenibilidad, digitalización) y articularlas con el sistema de créditos académicos para que sean apilables.
- Escalar y federalizar experiencias como el Centro de Formación del Ministerio de Capital Humano, multiplicando la articulación público-privada y enfocando los esfuerzos en las áreas de mayor demanda.
- Crear un programa específico de apoyo y desarrollo de las ingenierías en la universidades nacionales.
El desarrollo económico y el bienestar familiar dependen en gran medida de la calidad y cantidad del capital humano acumulado. Fortalecer las bases en educación básica, expandir ingenierías y tecnicaturas, incorporar microcredenciales y sistemas flexibles de créditos, y articular esfuerzos como lo hace el Ministerio de Capital Humano no son políticas aisladas: son piezas de una misma estrategia integral.
Invertir hoy en estas áreas genera retornos que se multiplican durante décadas: mayor productividad, mejores ingresos familiares, mayor movilidad social y un país más competitivo.
En la era del conocimiento y la tecnología, el capital humano ya no es un recurso más: es el recurso estratégico. Y las herramientas para potenciarlo ya están en desarrollo.
La Derecha Diario

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