ALIMENTOS NATIVOS, UN TESORO DESPERDICIADO

SOCIEDAD

“Solo 5 cultivos generan el 60% de la energía alimentaria mundial: arroz, trigo, maíz, papa y mandioca”, dice el autor. Y recuerda la gran cantidad de especies autóctonas, de enorme valor nutricional. Cuáles son y dónde crecen

Por
Claudio D. González

Aprincipios de este milenio, el ecologista británico Norman Myers, profesor de la Universidad de Oxford, publicó en la revista Nature el trabajo Biodiversity hot spots for conservation priorities, donde mencionó los puntos críticos de conservación de la biodiversidad nativa en nuestro planeta y, en particular, hacía una mención a la biodiversidad estimada existente y a la que había sido identificada.

Lo que Myers describió es que, aunque parezca extraño, el ser humano, como tal, aún no logró identificar gran parte de la biodiversidad existente en nuestro planeta.

Hacía mención, por ejemplo, a que, si bien hemos identificado el 100% de los anfibios que habitan nuestro planeta, el 96% de los mamíferos y el 97% de las aves, llevamos identificadas solo el 0,4% de las bacterias y arqueas, el 6,25% de los nematodos y gusanos, y el 4,8% de los hongos que se estima habitan en nuestro planeta.

Lo innovador de ese trabajo, era que, por primera vez, comenzábamos a reconocer que lejos de descubrir nuevos planetas y universos, aún falta descubrir qué existe en el nuestro.

Sobre esa misma línea, Prescott-Allen (1990), destacados ecólogos, analistas de políticas ambientales y conservacionistas, hicieron una puesta al día acerca del número de especies vegetales que cubren las necesidades alimentarias de 146 países. ¿El resultado? Solo utilizamos el 0.06% de las plantas que existen en nuestro planeta.

De 7 mil especies que son cultivadas o recolectadas por los humanos como alimentos, solo 30 de esas 7 mil alimentan al mundo, y de esas 30 solo 5 generan el 60% de la energía alimentaria para la población mundial: el arroz, el trigo, el maíz, la papa y la mandioca.

Pero para verlo no es necesario viajar demasiado lejos. Con viajar al norte o al sur argentino, podemos darnos cuenta de la enorme variedad de alimentos que componen la dieta diaria de comunidades y poblaciones y que, incluso, forman parte de nuestra cultura nacional, aunque no lleguen a Buenos Aires.

Ejemplos de estas especies nativas que conforman dietas y poseen grandes propiedades nutricionales pueden ser el chilto, la papa andina, la oca, el ají de selva, la quinua, el aba, la ancañoca, el chañar, el mistol, la algarroba, la tuna, el cayote… solo por citar ejemplos del norte. Y del sur, el sauco, el calafate, la guinda, el pehuén, cientos (o miles) de variedades de hongos, etc.

De estas especies se pueden derivar alimentos tales como arropes, mermeladas o dulces, snacks, conservas vegetales, licores, deshidratados, etc.

Basta con ir a las cataratas del Iguazú y probar la enorme variedad de dulces y frutas que tiene la selva misionera, como el guabirá, la pitanga, el ubajay, la guayaba, el maracuyá, la jabuticaba, etc.

Bajando al litoral, un ejemplo interesante y particular es lo que ocurre con el fruto de la palmera yatay, cuya historia se remonta desde tiempos inmemoriales en su uso para la alimentación y la comunidad local. Plantea su procesamiento y promoción, promoviendo y produciendo licores, helados, cervezas y cuyo fin, es apuntar a abrir la llave de la producción nacional: la inclusión en el código alimentario.

Las nuevas generaciones, más conscientes e informadas, tendrán como desafío darles valor a estos frutos poco comunes, apuntar a la alimentación no seriada, con alto valor nutricional y, sobre todo, con prácticas que conserven y protejan nuestros recursos.

Aunque no se detiene ahí: la alta tecnificación, la aplicación robótica y la inteligencia artificial también vienen a colaborar con estos fines, pero también exigirá profesionales adaptados a la nueva era de la gestión ambiental, y de la producción y gestión agropecuaria, profesiones que tendrán un futuro enorme y que serán parte de estos cambios.

La Argentina tiene la enorme oportunidad de que en la mesa de los argentinos haya una enorme variedad de frutas y hortalizas de origen nativo. No es necesario importarlas, sino darle valor comercial a esa enorme biodiversidad que disponemos; y ese gran desafío viene de la mano de prácticas culinarias resilientes y circulares, asociadas a la conservación de nuestros recursos nativos y a la promoción de nuestra cultura.

Será cuestión de encontrar el Messi para cada especie, así como la Yerba Mate y el Mate como infusión tienen a nuestro capitán como su mayor embajador, cada especie nativa espera por su capitán para ser visibilizada y promocionada, probando los sabores argentinos y conservando nuestra cultura y biodiversidad.


El autor en Ing. Agr. Mg., director del Dpto. Agronomía y Ambiente de UADE y Pte. de la Comisión Agricultura y Alimentos del Centro Argentino de Ingenieros (CAI).

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