EL PARTIDO EMPATADO ENTRE LA ESPERANZA Y LA TRISTEZA

OPINIÓN

Ese empate no es casual. Es la expresión más fiel del momento histórico que atraviesa el país

Por
Carlos Mira

Una reciente medición del consultor Jorge Giacobbe, basada en su ya conocido sistema de nube de palabras, dejó una imagen tan simple como inquietante: la Argentina emocionalmente partida en dos. De un lado, la esperanza. Del otro, la tristeza. No hay matices dominantes, no hay un clima homogéneo. Hay, en cambio, un empate.

Ese empate no es casual. Es la expresión más fiel del momento histórico que atraviesa el país. Un momento que podría describirse —parafraseando a Alexis de Tocqueville— como una transición entre un Antiguo y un Nuevo régimen. O, si se prefiere, entre dos órdenes que hoy conviven en tensión abierta.

Por un lado, las reformas impulsadas por el gobierno de Javier Milei han generado señales claras de cambio estructural. Sectores nuevos, actividades antes asfixiadas, expectativas de inversión: todo eso empieza a moverse. Pero como ocurre siempre con los procesos de transformación profunda, los beneficios generales aún no se traducen con claridad en el bolsillo cotidiano.

Del otro lado, esas mismas reformas han golpeado —y en algunos casos duramente— a sectores que formaban parte del entramado del viejo orden. Allí no hay expectativa sino angustia. No hay horizonte sino pérdida. Y esa vivencia concreta alimenta el otro polo emocional de la encuesta: la tristeza. La Argentina, entonces, no está ni bien ni mal. Está empatada. La pregunta central es por dónde —y cuándo— se romperá ese empate.

El tiempo político, en ese sentido, no juega a favor del gobierno. Y menos aún cuando a las dificultades propias de cualquier transición se le suman errores no forzados, verdaderos tiros en el pie que el oficialismo se ha infligido desde el inicio de la gestión.

Es cierto: enfrente, la oposición —especialmente la del kirchnerismo— parece no haber entendido nada. No del cambio de época, ni siquiera del paso del tiempo. Escuchar a figuras como Juan Grabois o Axel Kicillof es, en muchos sentidos, una confirmación de que el pasado insiste en hablar como si todavía tuviera el control del presente. Y eso, inevitablemente, debería ser música para los oídos del presidente.

Porque si el gobierno evitara sus propios errores, si dejara de sabotearse a sí mismo, probablemente ya habría dejado atrás el empate y estaría encaminado hacia una reelección cómoda. Pero no.

Desde el comienzo mismo de la administración, el presidente y su hermana han dado señales de una lógica desconcertante: una suerte de auto-castigo político que acumula decisiones difíciles de explicar desde la racionalidad del poder.

¿Qué sentido tiene, por ejemplo, sostener a un jefe de Gabinete completamente anulado en los hechos? Un funcionario que no logra ordenar, que no conduce, al que el sistema político esquiva y que parece haberse encerrado en un callejón sin salida sin retorno visible.

En paralelo, los datos económicos no ayudan a inclinar la balanza. Lejos de consolidar rápidamente las virtudes del nuevo rumbo, insisten en reflejar algunas de las peores inercias del viejo esquema: una inflación que no termina de ceder y un mercado laboral que no despega. Así, el empate se prolonga.

Pero el reloj no se detiene. Aunque muchos prefieran negarlo, la carrera presidencial de 2027 ya empezó. Y lo que ocurra en este tramo será decisivo. Porque no se trata solo de ganar una elección: se trata de definir qué sentimiento terminará imponiéndose en el ánimo colectivo.

Si la esperanza logra abrirse paso y consolidarse como experiencia tangible, la Argentina habrá dado un paso histórico para dejar atrás décadas de decadencia estructural.

Si, en cambio, la tristeza se impone —alimentada por errores propios y por la persistencia de viejas lógicas—, el país habrá desperdiciado quizás la oportunidad más importante en un siglo para desmontar la matriz cultural, económica y política que se instaló desde que Juan Domingo Perón irrumpió en la historia nacional.

Hoy, el partido sigue empatado. Pero no podrá seguir así por mucho tiempo más

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