EDITORIAL
En Cruz del Eje no hay liderazgos políticos creíbles
Antes, nuestra sociedad estaba encauzada alrededor de partidos políticos con identidad, militancia y continuidad. Podían gustarnos sus ideales, o no, pero representaban posiciones reconocibles, con liderazgos formados y redes orgánicas establecidas. Pero esas estructuras se fueron diluyendo, dispersando hasta ser lo que vemos ahora.
Los partidos políticos dejaron de organizarse y fortificarse para convertirse en dudosas alianzas que solo persiguen posicionarse electoralmente, con dirigentes que buscan acomodarse personalmente. Perdieron prestigio. De allí que tenemos partidos políticos que aparecen para una elección y desaparecen en la siguiente, sin memoria, sin responsabilidad, sin incentivos suficientes para construir confianza en el electorado.
Durante los últimos años, muchos han repetido que a los jóvenes no les interesa la política. Pero eso, felizmente, no parece ser verdad. El interés político entre los jóvenes no solo no ha caído, sino, ha crecido. Sobre este tema, hay varios estudios basados en la opinión pública y el comportamiento de la juventud realizado por prestigiosas consultoras. Tenemos entonces que los jóvenes sí están mirando, pero el problema es, ¿qué están viendo? Porque ese mayor interés convive con un desafecto profundo a un sistema institucional que les resulta incómodo. Ejemplo; no hay trabajo. No pueden conformar una familia, y sabido es que hasta cae la tasa de natalidad.
En ese contexto están creciendo nuestros jóvenes, y nos cuesta pedirles que confíen en un proyecto, en una esperanza. Este sistema, a ellos les resulta cínico. No porque no les importe la ciudad, sino porque ninguna oferta política a interpretado sus aspiraciones. ¿Qué harán con sus títulos? Es como formar soldadores de submarinos en el desierto.
Si en una democracia no podemos encauzar el interés político de los jóvenes, ese interés se desplaza hacia otras opciones. Si a ellos no se les brinda soluciones simples que busquen resolver sus problemas complejos, empezarán a valorar otras alternativas. Y eso es lo grave, pueden emigrar hacia dónde haya trabajo, aspiraciones de crecer, y tributarán en otra región.
Nuestra democracia hoy se encuentra dispersa en múltiples opciones, pero ninguna ofrece orden, ni eficacia, ni capacidad de decisión porque las instituciones han fallado. Nuestros jóvenes puede que tengan más interés político, pero también tienen menos confianza en el sistema. El problema entonces, no está en los jóvenes. Está en las promesas que les brinda cada partido.
En Cruz del Eje no hay liderazgos políticos creíbles, no hay propuestas consistentes, palpables. En mi modesta opinión, hacer política sin convicción, y anotarse en ilusorias listitas, es un sistema que nunca funcionó. Es fragmentación, improvisación, desconexión estructural con la ciudadanía. Es la búsqueda del enriquecimiento para unos, sin que les importe la pobreza que erosiona al resto.
No hay que ser indiferentes con los jóvenes, sino buscar quién pueda representarlos. Alguien donde ellos se sientan identificados. Alguien que le de valor a sus palabras. Mientras eso no cambie, el voto joven se moverá de un partido a otro, casi irrespetuosamente. Viendo qué onda. Dónde se acomoda, becado o apenas contratado, porque es lo que está a la vista. Y después, la nada.
©Walter R. Quinteros

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