AULAS EN CRISIS

OPINIÓN

Estudiantes sin rumbo y docentes agotados

Por María Luisa Torres

Un informe del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) junto a Fundar pone el foco en una realidad cada vez más visible en las escuelas de los barrios populares del AMBA: la promesa de que estudiar sirve para progresar está cada vez más desgastada.

La idea de “salir adelante” ya no convence como antes, y eso impacta de lleno en chicos y jóvenes que crecen en contextos cada vez más complicados.

El estudio plantea algo clave: los chicos no se crían solos. Necesitan una red que los sostenga —familia, escuela, servicios, espacios del barrio— para poder proyectar una vida. Pero hoy, esa red está rota o debilitada. Muchas familias no dan abasto, los servicios están saturados, faltan oportunidades en los barrios y la crisis económica se metió de lleno en la crianza.

¿El resultado? Las escuelas terminan haciéndose cargo de todo, cuando en realidad deberían ser solo una parte de ese entramado.

En diálogo con el portal El Auditor, Daniel Hernández, del CIAS, lo resume sin vueltas: criar sin un horizonte es muy difícil. “La crianza necesita futuro para ordenar el presente”, explica. Por eso, el informe no se centra tanto en la educación en sí, sino en algo más profundo: la pérdida de la idea de que el país ofrece oportunidades reales de progreso.

Los números reflejan esa crisis. Entre los jóvenes de 19 a 24 años, el 42% dejó la escuela. De los que siguen, casi 6 de cada 10 están atrasados. Además, los problemas emocionales son cada vez más comunes: el 52% sufre ansiedad y el 37% depresión.

El contexto social también pesa: más de la mitad dice que sus amigos consumen drogas, y un 15% reconoce haber tenido problemas de adicción.

A eso se suma otra realidad dura: la mayoría empieza a trabajar muy temprano. El 79% lo hizo antes de los 18 años y más de un tercio, antes de los 16. Como cuenta Gastón, un joven de 19 años citado en el informe, salir a trabajar no fue una opción sino una necesidad: había que arreglarse solo.

Desde el lado educativo, el panorama tampoco es sencillo. Gabriel Brener, especialista en educación, señala que la escuela está desbordada: tiene cada vez más responsabilidades, pero menos recursos. Y aun así, no esquiva la autocrítica: también hay que repensar qué está haciendo hoy la escuela y cómo.

Porque ya no se trata solo de enseñar contenidos. La escuela hoy contiene, alimenta, orienta y hasta acompaña decisiones de vida. Cumple roles que antes estaban repartidos en toda la sociedad.

Brener también advierte sobre un fenómeno preocupante: los chicos que se desconectan sin hacer ruido. No son los que generan conflictos, sino los que dejan de participar, se apagan de a poco y un día desaparecen del sistema sin que nadie los reclame. A eso lo vincula con la idea de “trayectorias escolares de baja intensidad”.

El problema, además, no es solo de los estudiantes. Los docentes también están golpeados, con condiciones laborales cada vez más difíciles y salarios deteriorados, lo que impacta directamente en su trabajo diario.

Hernández suma otro dato clave: hay cada vez más alumnos “indiferentes”, que están en las aulas pero no enganchan. Miran el celular, no participan y parecen desconectados. Los docentes intentan acercarse, pero muchas veces chocan contra una pared. Así se arma un círculo vicioso: el alumno pierde interés y el docente, con el tiempo, también pierde motivación.

En ese contexto, el informe deja una conclusión que preocupa: cuando se pierde la idea de futuro, todo lo demás empieza a desmoronarse. Y la escuela, sola, no puede sostenerlo.

Tribuna de Periodistas




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