EDITORIAL
Estos políticos que nos supimos conseguir inventan cuestiones para que las redes los conviertan en debate público. Así, distraídos en cosas mundanas, o finos entretenimientos banales, ellos se van acomodando
Por Walter R. Quinteros
Como lo expresé en otros editoriales, nos distraen, construyen mentiras. Y cada vez se especializan más. Es decir que creo que no es que no se haya mentido en la política antes, eso fue siempre, pero con la desvergüenza con que se falta a la verdad hoy por hoy, ya es escandalosa. Y no me cuesta tanto entender por qué mienten, sino cómo puede ser que haya tanta gente que les crea, y hasta llegan a empecinarse en creerles a toda costa, aunque las falacias que sostengan sean evidentes.
Y están por cierto, las personas a las que parece no importarles nada de lo que se les aporta para desmentir la falsedad, con ese silencio manifiestan defender al embustero. Y lo hacen a capa y espada, con cara de guerra. Y hasta se ofenden con quienes les advertimos. Incluso, cuando el mismo mentiroso acepta que ha engañado pero intenta justificarlo empleando otra mentira. Los, consecuentes y leales, les siguen creyendo. Porque aquí, señoras y señores, el que molesta es el que deschava, y coso.
Sigo sin entender cómo tantas mentiras, y algunas denuncias sobre ellas, no son suficiente escándalo para advertirnos acerca de los disvalores de algunos funcionarios. Parece que lo único que perseguían era obtener fueros para cometer algunas que otras burundangas a las que ya estamos acostumbrados.
Sus mentiras, comienzan en las promesas de campaña y siguen un recorrido que nos pudo haber servido de ejemplo para establecer un análisis, para advertirnos que la cosa no era así ya que tomaban otra ruta. Pero lo más fácil era esperar, o como sucede en pequeñas ciudades, prefieren matar al mensajero que advierte, porque el que molesta es el que deschava y coso.
Y ese coso, ellos le llaman injurias que manchan sus apellidos. Y hacen pucheritos señalando que se trata de una operación de sus enemigos políticos. Y meten una frase enternecedora para que confiemos en sus palabras, nos hablan entre la grandeza del pasado y el porvenir lleno de gloria, pero no de la mugre en la que estamos inmersos.
Por cierto no siempre es así, hay algunas personas con más experiencia, las que vienen votando desde la década del 60 en adelante. Son caras que apenas sonríen, que orejean los naipes con experiencia, que olfatean las intenciones. Pero ya son escasos los que opinan en redes sociales y solo se refugian en las charlas de café para lanzar su opinión. Ya conocen lo suficiente, ya saben cómo viene la mano. Y saben que ya no quedan más mentiras a las que ellos, los políticos, puedan recurrir. Se limitan a seguirles el juego.
Mientras exista la ceguera partidaria, o fieles que crean en su candidato, esperanzados por recibir algún ilusorio beneficio, o el conformismo que tiene el "no te metás", la mentira no tendrá final. Hay partidos políticos con personas especialistas en montar operaciones distractivas. Ponen a locutores, a pseudoperiodistas y todo aquel necesitado de dinerillo a hablar de grandezas de gestión y compromisos inexistentes que jamás, ni siquiera pensaron en las promesas de campaña, pero apelan a ellos para sostenerse.
Tuve que recurrir a la IA para que me explique que le sucede a gran parte de la sociedad en estas cuestiones, hasta que después de varios intentos aparece como respuesta esta frase que considero espectacular: se llama "disonancia colectiva cognitiva" y es un fenómeno social y psicológico en el que un grupo de personas ignora o rechaza hechos evidentes, prefiriendo seguir la narrativa de un líder o la ideología de su grupo, incluso cuando la realidad le demuestre lo contrario. Tome, le faltó y coso...
Los políticos emplearán siempre la mentira, porque la mentira no necesita convencer sino repetirse hasta que se acomoda en la memoria de la gente. Digamos que es una especie de mecanismo que hace lo suyo, y lo hace bien, porque trabaja en la necesidad emocional o identitaria de quien la escucha. Y los que la deschavan molestan y coso. Porque además saben que para que una mentira tenga éxito, hay que bajarle el precio a la realidad y machacar hasta el cansancio los supuestos ideales que decimos creer o decimos tener. Y acuden a ofrecer como enemigo íntimo al que deschava la maniobra y coso.
Para cerrar
Creo que las mentiras a las que recurren los políticos no triunfan porque engañen sino, porque ya son aceptadas de un modo que la verdad, lamentablemente, no logra igualar. Por lo tanto, la verdad, así, a secas, no alcanza. Al periodismo de investigación le cuesta más documentar la verdad. Tiene que desmontar una mentira, instalar la duda primero, y acertar con la verdad después. Pero el trabajo es cada vez más cuesta arriba, porque esta sociedad pide que la verdad le debe encantar, la deba ilusionar. Y eso ya es poesía, que por aquí, señoras y señores, nadie lee.

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