OPINIÓN
El nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, predica contra los privilegios desde un departamento con alquiler regulado y una mansión familiar en Airbnb
Rapero frustrado, niño rico con tristeza, hijo al mismo tiempo de Hollywood y de la Universidad de Columbia, Zohran Mamdani es el alcalde más inesperado de Nueva York. ¿Parte de un plan histórico del islamismo para tomar la ciudad más importante del mundo o el primer millennial con un trabajo serio para el que no parece estar calificado?
Este es Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York desde enero de 2026. Nació en Uganda, con su familia se mudó a Sudáfrica y a sus siete años llegó a Estados Unidos. Su padre, Mahmood Mamdani, fue contratado como profesor de la Universidad de Columbia en Nueva York, lo que de entrada permitió que la familia viviera en un muy coqueto departamento en Riverside Drive, uno de esos edificios exclusivos para faculty donde los profesores pagan alquileres muy por debajo del mercado y gozan de exenciones fiscales millonarias. Su madre, Mira Nair, se hizo un nombre y una fortuna en Hollywood, adonde llegó con su ópera prima en ficción Salaam Bombay!, nominada al Oscar. Tan bien le fue que hoy su fortuna se cuenta en decenas de millones de dólares, dicen los conocedores de ese mundo.
Cuando Zohran se independizó, no se fue a alquilar un departamento cualquiera, fue a uno de rent-stabilized. ¿Qué es eso? Una ordenanza neoyorquina de los ’70, con la ciudad en bancarrota. Los alquileres estaban tan caros que decidieron o bien congelar los alquileres o bien controlar su precio, sin dejar que los propietarios pudieran subir al precio del mercado ni echar a los inquilinos. Por eso lo que pagan es, en muchos casos, ridículo. El muchacho Zohran, pese a los millones de la familia, se metió en uno por el que pagaba 2.300 dólares cuando en realidad costaba 3.100, ahorrándose así unos 10.000 dólares anuales. El beneficio, claro, había sido originalmente pensado para gente con algunos problemas económicos, no para el hijo acaudalado de la elite intelectual neoyorquina.
Pero Zohran es así, un loco.
Como muchacho rico sin tristeza, se largó al rap como Young Cardamom, aunque al tiempo, considerando el peso de los años, pasó a llamarse Mr. Cardamom.
Mediocre pero con dinero, grabó con su amigo ugandés HAB un EP al que llamó Sidda Mukyaalo. La canción “Spice” entró en la banda de sonido de la película Queen of Katwe, que dirigió… su mamá. Porque nepobabies hay en todas las ramas del conocimiento humano. Eso sí, parece no haber conseguido el favor del público como rapero: en todo 2025, por derechos en Spotify, recaudó sólo 1.675 dólares.
Sirvió mucho para su campaña a alcalde el video “Nani” de 2019, en donde aparece sin remera en un food truck, como si su vida fuera la de un simple trabajador emigrante. Claro que nunca lo fue, pero si te vas a fijar en detalles… Hoy vive en la Gracie Mansion, la residencia oficial valorada en decenas de millones.
En las tres casas en las que vivió, jamás pagó el valor de mercado.
Ahora, en su rol de alcalde, hizo un posteo en X diciendo que en su campaña había prometido subir los impuestos a los ricos y “hoy gravamos a los ricos”.
Nada es casual: actuó en el video casi como si el cantante de rap se hubiera puesto saco y corbata, frente a la casa del supermillonario Ken Griffin, a quien nombró expresamente como ejemplo de los impuestos que elevará, subiéndolo a la categoría de villano de Marvel, casi. No es casual la elección de Ken Griffin (que sí, es impresionantemente rico y también filántropo), ya que si bien nunca se enfrentaron directamente en el pasado, la animosidad es evidente. ¿El motivo? Griffin es considerado “aliado de los judíos” por su ataque permanente al antisemitismo y Mamdani es justamente el ícono de una juventud free Palestine que anida en las universidades norteamericanas.
El multimillonario fue uno de los principales donantes a la Universidad de Harvard (más de 500 millones de dólares), pero en enero de 2024, ante las manifestaciones anti-Israel en el campus de la universidad, anunció que dejaría de donar y que su fondo de inversión Citadel no contrataría a ningún graduado de Harvard que hubiera firmado la carta abierta de grupos estudiantiles que culpaban exclusivamente a Israel por los ataques del 7 de octubre. Sin vueltas, llamó a los estudiantes de élite whiny snowflakes (llorones sensibles) por su obsesión con la retórica de “opresor-oprimido” y sostuvo que Harvard perdió su misión de educar a los líderes. Hasta hoy, no ha vuelto a donar un dólar a la universidad. El blanco perfecto para que Mamdani se haga el bueno.
La idea es aumentar los impuestos a aquellos que tengan residencias de más de cinco millones de dólares en la ciudad pero que no pasen su tiempo en ellas.
Claro que hay un dato que Mamdani no contó.
Si Uganda aplicase esa ley, él debería pagar.
Porque la única propiedad que Mamdani tiene a su nombre, no la tiene en Nueva York sino en una zona privilegiadísima de Uganda, junto a la fuente del río Nilo y con vistas al lago Victoria.
Un paraíso tropical africano.
Un lugar turístico, extraordinario y con alto potencial de valorización.
Muy cerca de allá hay otra propiedad de lujo de la familia, en Buziga Hill, uno de los barrios más exclusivos de Kampala. Cinco habitaciones, cuatro baños, pileta, hectáreas de jardines tropicales con monos, obras de arte, personal de servicio (jardineros, ama de llaves, masajista, seguridad armada). Ahí fue que se casó Zohran, cuidado por guardias armados y bloqueadores de celulares, en 2025 con la “polémica” Rama Duwaji, quien no tardó nada después de la masacre del 7 de octubre de 2023 en likear posts de Instagram que decían que la matanza y las torturas habían sido “un acto de resistencia” y otro que calificaba las innumerables violaciones de Hamás a sus víctimas como mass rape hoax (engaño de violaciones masivas). En su juventud también había escrito tuits racistas y homofóbicos por los que, ahora, se disculpó. Por de los antisemitas, no.
Volviendo a la mansión de la familia en Uganda, hay que decir que está socializada.
O más o menos.
Si alguien quiere ir a pasar la noche ahí, puede hacerlo. Claro, previo pago de cerca de 400 dólares a Airbnb. Porque la casa está en Airbnb. El mismo Airbnb demonizado por Mamdani, que apoyó la Local law 1823, que no permite alquileres por menos de 30 días en Nueva York. Ahora, por el mundial de fútbol, le pidieron que flexibilizara las exigencias, pero se negó en rotundo.
Para él, Airbnb es el culpable de todos los males.
Pero no en Uganda.
No permite que otros hagan lo que él y su familia hacen.
Debe ser el famoso socialismo del siglo XXI.
Como los altos precios de la canasta familiar están siendo un problema grave, anunció todo por lo alto la creación de cinco supermercados municipales para solucionar el problema de casi nueve millones de personas. Imagino lo que serán las colas, reíte del Coto en día de descuento.
Pero para que la cosa salga bien, para que los precios bajen, hay que hacer el supermercado desde el inicio. Por eso la construcción del primero costará 30 millones de dólares en el East Harlem, que recién se va a inaugurar el año que viene. Los otros se terminarán más o menos para 2029. La ciudad va a invertir 70 millones de dólares. Por supuesto, estos supermercados no pagarán impuestos ni alquileres. Serán una verdadera amenaza de muerte para los negocios locales.
Mamdani lo llama “un gran experimento” porque el mercado falló y tiene que venir el Estado.
La verdad que experimento, lo que se dice experimento, no es. Ahí está la experiencia cubana, la venezolana y por qué no los maravillosos “precios cuidados” peronistas y los militantes midiendo las góndolas para que le espoileen el final del chiste.
Pero bueno, Zohran es como esos bebés que deben poner los dedos en el enchufe para saber que eso no se hace.
Igual, nosotros seguiremos mirando con la ñata contra el vidrio diciendo “yo te avisé”, porque Argentina es ese país en donde las cosas malas ya pasaron, pero como nadie nos tiene en cuenta, no sirven de precedente.
Una pena.
Revista Seúl

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