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Messi brilla en el Mundial mientras se desata una guerra global por el fantasma de Maradona
Por
Tariq Panja y Lucía Cholakian Herrera

Entre un ejército de Lioneles Messi frente al estadio AT&T de Arlington, Texas, Juan Manuel García destacaba entre la multitud. Al igual que el resto de hinchas, llevaba el número 10 en la espalda, pero ahí acababa el parecido. El número 10 de García pertenecía, en realidad, a Diego Maradona, quien sigue siendo, incluso tras su muerte, el superhéroe por excelencia del fútbol argentino y un símbolo perdurable de su país. García, de 40 años y natural de Rosario, en el centro de Argentina, estaba a punto de ver a Messi ampliar su racha de marcar en todos los partidos del Mundial de 2026, mientras Argentina completaba un pleno de victorias en la fase de grupos. “Puede que ahora se considere a Messi un mejor jugador, pero Maradona es Argentina, y Argentina es Maradona”, dijo.
Esa veneración se respira por todas partes en su país. Las paredes de Buenos Aires están cubiertas de murales de Maradona, y su primer club, el Argentinos Juniors, se ha convertido en un santuario viviente. Los camiones grandes van decorados con imágenes de Maradona esperando a Messi en el cielo. Los aficionados en el Mundial llevan enormes banderas con su imagen de un estadio a otro.
Pero mientras que el genio de Messi da sus frutos a lo grande —con los patrocinadores haciendo fila para sacar partido de su fama—, la imagen de Maradona brilla por su ausencia en las grandes campañas. Eso es el resultado de una extraña batalla legal que lleva años, que abarca continentes, jurisdicciones y oficinas de patentes, y que ha dividido a su familia y ha dejado a los inversores peleándose por el derecho a usar su imagen.
Tras su muerte, el legado de Maradona ha resultado tan caótico como su vida.
A diferencia de Messi, que ha disfrutado de un camino sin obstáculos hacia el estrellato tanto dentro como fuera del campo, Maradona vivió una vida de excesos: momentos de gloria ensombrecidos por críticas y polémicas. Su muerte en 2020 provocó una oleada de dolor entre millones de argentinos, pero rápidamente dio paso a recriminaciones y disputas legales que continúan hasta hoy.
Una familia en guerra
Maradona murió sin testamento tras someterse a una intervención cerebral, y dejó a cinco hijos reconocidos. Antiguos socios afirmaron que había legado el derecho a explotar su marca e imagen a sus hermanas en lugar de a sus hijos. Hay un proceso por fraude en marcha contra esos socios, acusados de obtener ganancias ilegalmente con su nombre.
Los derechos que sus hijos insisten en que les corresponden según la ley argentina se han convertido, en cambio, en la moneda de cambio de una amarga ruptura familiar y de litigios. El contacto entre los hijos y sus tías ahora pasa por los abogados y los tribunales. “Decidieron ir contra sus sobrinos por plata”, dijo Jana Maradona, de 30 años, una de sus hijas.
Sentada en el despacho de su abogado —los hijos han contratado a varios letrados—, Jana Maradona describió sus sentimientos de desesperación, rabia e incredulidad. La familia no deja de descubrir nuevos productos que llevan la imagen de su padre o su nombre registrado: papas fritas, bebidas energéticas, vino, puros e incluso calcetines.
En el centro de la disputa está Sattvica, una empresa creada en nombre de Maradona en 2015 por su abogado y colaborador de muchos años, Matías Morla, una figura a la que muchos en Argentina acusan de haber controlado al futbolista en sus últimos años.
Morla defendió el acuerdo. Maradona siempre había apoyado económicamente a sus hermanas, dijo, y “sabía que en su ausencia ellas no iban a tener una vida digna”.
Rita Maradona, la hermana más involucrada en el negocio, envió un breve correo electrónico en respuesta a las preguntas, en el que se mostraba de acuerdo con la versión de Morla. Él dijo que los hijos tenían una relación “terrible” con su padre antes de su muerte y los acusó de exagerar las afirmaciones de que lo habían alejado de ellos.
Una sentencia de enero de un tribunal de Buenos Aires confirmó a los hijos como herederos y ordenó a Sattvica que dejara de hacer nuevos negocios y que depositara los ingresos de los contratos existentes en una cuenta supervisada por el tribunal. Pero esas ventas han seguido, dijeron los abogados de los hijos, haciéndose eco de las acusaciones formuladas en los procedimientos judiciales, y creen que aún hay muchos más contratos que no se han revelado.
Una marca por la que vale la pena luchar
Tanto dentro como fuera del campo, el bajito Maradona era un imán de público: un símbolo de rebelión, admiración y polémica como pocos. Esas contradicciones se cristalizaron en una actuación legendaria contra Inglaterra en el Mundial de 1986, cuando marcó el primer gol —ese juego de manos que más tarde llamó la “mano de Dios”— y, minutos después, se abrió paso a toda velocidad entre la defensa inglesa para marcar lo que se recuerda como el gol del siglo.
Ocho años más tarde, su carrera al más alto nivel prácticamente terminó cuando se convirtió en el último jugador sancionado por dopaje en un Mundial. Las demandas de paternidad, los vínculos con la mafia y sus problemas con la adicción dañaron su reputación a los ojos de algunos; para otros, sobre todo la clase trabajadora, esos defectos solo aumentaron su devoción.
Todo eso ha hecho que su nombre resulte enormemente atractivo para los inversores, y peligroso. Empresas del Reino Unido, Italia, India y Dubái han intentado hacer negocios con la marca Maradona. The New York Times habló con seis personas que afirmaban tener acuerdos de licencia exclusivos. Todas creían que tener una parte de la leyenda de Maradona podía valer una fortuna.
Entre los más destacados está Stefano Ceci, un propietario de pizzería napolitano que se hizo muy amigo de Maradona y que, desde su muerte, lleva años firmando acuerdos de licencia en su nombre. Para demostrar su autoridad, Ceci presentó un contrato junto con una maleta llena de recuerdos de su vida juntos, incluida una bolsa con pelo de Maradona.
Los abogados de la familia han alegado ante los tribunales que ese contrato fue modificado para otorgar a Ceci muchos más derechos de los previstos. Dimitri Russo, el abogado de Ceci, dijo que el contrato es válido. Describió la profunda amistad que unía a ambos hombres. Ceci tiene tatuajes de Maradona, llamó a su hija MaraDona y tiene un perro llamado Diego.
Muchos de los acuerdos de Ceci han acarreado problemas legales y pérdidas económicas a la otra parte, como a un empresario británico que se gastó 200.000 dólares en 2022 para lanzar un tóken digital de Maradona, conocido como NFT, solo para encontrarse con reclamos rivales de otras empresas que exigían los mismos derechos.
El caso más sonado fue el de Electronic Arts y su franquicia de videojuegos “EA FC”. EA fichó a Maradona en 2017, pero tras su muerte, las disputas por los derechos de su imagen obligaron a la empresa a retirarlo del juego; volvió a aparecer en febrero de 2025 después de que EA llegara a un acuerdo con sus hijos. El club italiano Nápoles enfrentó disputas legales similares por vender camisetas con la imagen de Maradona después de su muerte.
Los inversores —el empresario italiano Alfonso Di Prisco y el empresario británico Sanjay Wadhwani— gastaron cada uno cientos de miles de dólares para intentar hacerse con los derechos exclusivos a nivel mundial sobre la imagen de Maradona y acabaron en disputas por las condiciones. Wadhwani, que se incorporó como socio de Sattvica, calcula que los inversores podrían haber perdido 5 millones de dólares debido a las reclamaciones de propiedad contrapuestas.
“A veces las cosas salen mal, otras no”, dijo Wadhwani. Ahora cree que los derechos pertenecen a los hijos de Maradona.
Nada de esto ha frenado el afán de Argentina por conseguir su cuarto título mundial. Si acaso, el torneo aporta claridad: una oportunidad para honrar al hombre al que muchos siguen considerando el símbolo más puro de su país, sin que lo empañen los líos legales que dejó atrás.
“Para mí, Maradona es un Dios del fútbol, un dios con defectos, un dios que comete errores, y eso es lo que lo hace mucho más humano que cualquier otro futbolista del mundo.
The New York Time
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