EL INOCULTABLE DESEO DE UN 2001 SE FRUSTRÓ AYER

OPINIÓN

Las movilizaciones tuvieron una participación limitada y no lograron alterar la normalidad. Sin embargo, detrás de la convocatoria quedó expuesta una estrategia que busca acelerar el desgaste del Gobierno

Por Adrián Simioni

Terminó el Mundial y regresó la realidad. Ya no tenemos la Copa, tampoco las Malvinas ni aquel breve veranito futbolero que, durante algunas semanas, pareció suspender todos los problemas. Volvieron el invierno, el frío y las protestas.

La denominada "Jornada Nacional de Lucha" se desarrolló este miércoles en Buenos Aires, Córdoba, Rosario y otras ciudades del país. Las marchas tuvieron visibilidad en los medios, pero fueron breves y estuvieron lejos de ser masivas.

La convocatoria formó parte de un plan de protestas impulsado principalmente por la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), la organización vinculada a Juan Grabois, la CGT y las dos CTA. Sin embargo, la participación de los sindicatos privados fue escasa.

En Buenos Aires estuvieron los tres integrantes del triunvirato que conduce la CGT, aunque la central obrera no movilizó con todo su aparato. La presencia más visible correspondió a las conducciones de las CTA y a gremios estatales o vinculados con el sector público, como ATE y el sindicato docente encabezado por Roberto Baradel. No es casual: es allí donde el Gobierno de Javier Milei viene aplicando buena parte del ajuste.

Entre los sindicatos privados apareció Pablo Moyano, de Camioneros, una organización que atraviesa dificultades internas y judiciales. El dirigente también mantiene un distanciamiento con su padre, Hugo Moyano.

Las columnas se completaron con banderas de La Cámpora, Libres del Sur y los partidos de izquierda, entre ellos el Partido Obrero, el PTS y el MST. En Córdoba hubo una movilización dominada por las conducciones gremiales. Alcanzó para ocupar algunas calles durante un rato, pero al mediodía la protesta ya se había disuelto.

En Buenos Aires, uno de los objetivos era interrumpir el acceso al puente Pueyrredón, un lugar cargado de simbolismo para las organizaciones sociales. El protocolo antipiquetes volvió a imponerse y los manifestantes no pudieron concretar el corte.

La participación de la CGT fue mínima. Sus principales dirigentes permanecieron poco tiempo en la movilización y se retiraron en medio de las negociaciones con el Gobierno por el sistema de cobro de las cuotas sindicales. Evidentemente, existe un tira y afloje que obliga a la central obrera a medir cada movimiento.

Pero la principal frustración estuvo en otro lado. Durante los días anteriores, algunos medios y sectores políticos cercanos al kirchnerismo habían alimentado la expectativa de una jornada mucho más conflictiva. En ciertos espacios de la denominada "galaxia K" resulta palpable el deseo de recrear un escenario semejante al de 2001.

El lema "Fuera Milei" aparece cada vez con mayor frecuencia. En contadas ocasiones se aclara que ese deseo debería concretarse democráticamente, mediante las elecciones y cuando finalice el mandato presidencial. La mayoría de las veces, la consigna parece expresar una urgencia diferente: que se vaya cuanto antes.

Detrás de esa expectativa aparecen dos objetivos políticos. El primero es conseguir la libertad de Cristina Fernández de Kirchner. El segundo consiste en acelerar el desgaste del Gobierno para que el peronismo vuelva a ocupar el poder.

La sensación es que algunos sectores consideran que es ahora o nunca. Saben que, si la economía logra recuperarse y el Gobierno llega fortalecido a las próximas elecciones, el camino de regreso será mucho más difícil.

Este miércoles, el 2001 que algunos imaginaban no ocurrió. Las protestas tuvieron poca participación, no consiguieron paralizar las ciudades y tampoco generaron el clima de descontrol que ciertos sectores parecían esperar.

El intento se frustró. El deseo, sin embargo, está ahí.

Cadena 3 




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